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El blog del Consejo Audiovisual de Andalucía
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El compromiso social del periodismo ante las noticias de asesinatos por violencia de género

Dom, 15/11/2015 - 13:40
En el ejercicio del periodismo es imprescindible el compromiso social. Informar de un caso de violencia de género a través de testimonios de vecinos, amigos y allegados de las personas implicadas -víctima o agresor- no sólo no aporta información útil a la sociedad sino que desvía el foco de un problema social sumamente grave y complejo, y contribuye a transmitir la idea de que el suceso es una cuestión privada, doméstica y circunstancial. Y sobre todo, traslada a la opinión pública que se trata de un suceso más y, como tal, su cobertura se caracteriza por el morbo y el sensacionalismo. El rigor informativo es imprescindible para hablar de la violencia machista, que no es un suceso más, sino un fracaso de la sociedad. Los medios de comunicación han ejercido en los últimos años un papel impagable en la concienciación social sobre la violencia de género. La han situado entre los primeros temas de su agenda informativa, han aumentado el número de noticias y la duración de las mismas. Si bien, persiste esta inercia, y aún hoy, a pesar de las recomendaciones de organismos como el Consejo Audiovisual de Andalucía, asociaciones profesionales y expertos en la materia que coinciden en desterrar estas prácticas, el relato de las personas allegadas a las víctimas sigue siendo significativo. Los profesionales de la información que tienen a su disposición múltiples guías y códigos deontológicos para abordar la violencia de género, y sus consecuencias más extremas, como son los asesinatos. Entre ellas, la Guía para el tratamiento informativo de los procesos judiciales, que a partir de la página 47 dedica un capítulo a este asunto. Los medios también disponen del último informe sobre el tratamiento informativo de la violencia de género en las televisiones públicas andaluzas, donde pueden comprobar qué aspectos pueden mejorar, como la alta estacionalidad de estas informaciones o la ausencia de testimonios y declaraciones de personas expertas, que se sitúan en el 5,53% frente al 14% de tiempo dedicado a entrevistar a allegados y vecinos de los implicados. Conviene recordar la relevancia de acudir a voces de personas expertas en la atención y el estudio de la violencia de género. El compromiso social del periodismo no reside únicamente en contar cada caso de asesinato machista, pues este hábito sin más está contribuyendo a estandarizar la información sobre estos crímenes y convertirlos en estadísticas y comparativas. El compromiso social del periodismo consiste también en brindar a la opinión pública las aportaciones de los profesionales sanitarios, del área de la psicología o de la atención social, para trasladar a la audiencia, en la medida de lo posible, la complejidad de este grave problema, cuyas consecuencias extremas y últimas son las muertes violentas. La elevada presencia de voces femeninas en las noticias sobre violencia de género (67%) en comparación con el promedio en el resto de informaciones (31%) también es un factor a reconducir. La violencia de género no es un asunto exclusivamente femenino. Aumentar la presencia de hombres en estas noticias, ofrecer a la audiencia las opiniones de actores sociales de referencia, como deportistas, artistas o emprendedores, contribuiría enormemente a implicar a la totalidad de la sociedad en este arraigado problema que en lo que va de año ha segado la vida de 44 mujeres a manos de hombres. Una sociedad democrática no puede soportar este número de víctimas y de hijos huérfanos. Estas víctimas son además doblemente victimizadas cuando, sin más, los locutores de radio o televisión, mencionan que no había presentado denuncia. Sería muy positivo para la sociedad y para otras posibles víctimas de violencia de género que están frente al televisor en ese momento, desarrollar esta situación. Explicar qué ocurre cuando una mujer denuncia, qué pasos seguir y, sobre todo, difundir los recursos a los que puede acudir, como el teléfono 016. El periodismo es compromiso social, y en el caso de la violencia de género, y a la hora de contar casos de asesinatos machistas, este ejercicio debería convertirse en la máxima de todo profesional que se enfrente a esta noticia. De lo contrario, será más difícil y tardaremos más tiempo. Se deben poner todos los medios, incluidos el poder del periodismo y la influencia de los medios de comunicación para luchar por acabar con esta situación.

Cuando un viejo reality show bate en audiencia a la información electoral

Jue, 01/10/2015 - 13:36
Si aceptamos la fiabilidad del sistema de medición de audiencias en televisión, asumida por todas las cadenas, nos encontramos con que la noche electoral del pasado domingo en Cataluña, sobre la que había una gran expectativa mediática y un amplio debate ciudadano en todo el país, el canal que más espectadores concitó fue Telecinco con la emisión del debate de Gran Hermano, es decir, un tipo de entretenimiento situado en las antípodas de la información que, por otro lado, es un género que tiene en las noches electorales uno de sus puntos álgidos. Los datos de audiencia de las televisiones en la noche del pasado 27S tienen la virtud de explicar varios procesos muy relevantes que atravesamos en materia de medios de comunicación, de información y televisión. Que el debate sobre un reality que cumple ya su decimosexta edición, y cuyo valor como producto audiovisual es más que discutible, fuera el programa más visto y concentrara el 16,8% del share, con cerca de 2,32 millones de espectadores, según los datos de Kantar Media, nos hace preguntarnos si es que la ciudadanía no está interesada en la información o si, por el contrario, sí lo está pero la televisión está dejando paso a otros medios como fuentes de información y por qué. Sin contar con los espectadores de los canales autonómicos, la mayoría de las personas que vieron la televisión en la noche del domingo sintonizó con algún canal en el que se ofrecía el recuento de votos y los debates que estos resultados suscitaban, así como las reacciones de los candidatos a estos comicios que tan alta expectación habían generado. La audiencia acumulada superó los cinco millones y medio de televidentes entre La Sexta (casi 2 millones, y 12,2% de share), Antena3 (1,65 millones y un 8,9% de share), TVE (1,16 millones, 6,6% de share) y Cuatro (698.000 espectadores, un 3,7% de share). Gracias a los diversos estudios sobre el consumo de medios sabemos que en los últimos años se está produciendo un rápido cambio de hábitos por parte de la ciudadanía. En el caso de la televisión, se trata de un medio en el que el factor entretenimiento crece o se mantiene en detrimento del factor información. Según el Barómetro Audiovisual de Andalucía 2014, para el 57,3% de los entrevistados, el primer motivo para ver la televisión es entretenerse. Para en 22% de los encuestados, la motivación principal es informarse. El cruce de datos de esta encuesta anual que realiza el CAA nos revela además que los ciudadanos que encienden la televisión para informarse como primera y única fuente son más acríticos que aquellos que eligen cualquier otro medio, ya sea internet, radio o periódicos impresos. En la encuesta de este año destacó asimismo otro dato que puede explicar la creciente desconfianza de la ciudadanía ante la televisión para ejercer plenamente su derecho a la información, y es que el 72,7% piensa que los telediarios mezclan información con opinión, y el 61% considera que la televisión no respeta el principio de pluralismo político. Los datos de la noche electoral nos están enviando además un mensaje perverso, pues se comprueba que un formato barato de producir -como es un reality show con 16 años de antigüedad- obtiene más audiencia, y por tanto mayores ingresos publicitarios, que un producto caro como es la cobertura informativa en directo de un proceso electoral. Otra cuestión que aflora en las cifras de audiencia del 27S es el hecho de que La Sexta, un canal privado, lidere la apuesta informativa y se lleve la audiencia de calle, en lugar de la televisión pública que, con muchos más medios técnicos y personales, fue la tercera en las preferencias de los espectadores. Un dato que contrasta con los más de cuatro años en los que mantuvo un liderazgo imbatible de sus servicios informativos, ganadores de los premios internacionales más prestigiosos.

Redes sociales, qué implica esta revolución acelerada del paradigma mediático

Vie, 26/06/2015 - 13:53
Si usted se encuentra entre ese 25% de andaluces que eligen internet como primer medio para informarse, y si además, está entre ese 46% que lo hace a través del teléfono móvil, se habrá percatado ya de que al lado de las clásicas etiquetas para compartir las noticias en redes sociales como Twitter o Facebook, se ha ido incorporando la opción de WhatsApp. Y es que España es uno de los países incluidos en el informe Reuters Institute Digital News 2015, una macroencuesta internacional (más de 23.000 entrevistas), donde más se usa WhatsApp como red social de acceso a noticias (más del 25% de los encuestados), después de Facebook, la red social que lidera de forma absoluta su uso como fuente de noticias (más del 50%). Los estudios que hemos conocido en las últimas semanas sobre hábitos de consumo de medios para información y entretenimiento constatan no ya el cambio de paradigma, sino lo vertiginoso de este cambio en el que las redes sociales se erigen en auténticas prescriptoras de contenidos informativos y de entretenimiento, entre las miles de cosas más en las que se han convertido en muy poco tiempo. En Andalucía, en sólo cuatro años, las redes sociales le han comido terreno a los diarios digitales como primera fuente de información a un ritmo frenético: un crecimiento superior a 20 puntos porcentuales entre 2011 y 2014. Si en 2011 el 20% de las personas que elegían internet para informarse lo hacía en primer lugar a través de las redes sociales, en 2014, ese porcentaje se elevó al 42,2%, según reveló el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. En paralelo, las webs de los periódicos y los diarios digitales como primera puerta de acceso a las noticias retroceden también 20 puntos, del 84,5% que en 2011 al 61% en 2014. El Barómetro Audiovisual de Andalucía nos dice además que el uso de las redes sociales como canal de entretenimiento potencia el visionado de la televisión online y de las plataformas de vídeo. Y es una obviedad añadir que quienes acceden a la información a través de las redes sociales como primer peldaño, terminan en un diario digital. ¿Qué implicaciones tiene este papel de las redes sociales como prescriptores de contenidos informativos? No son medios de comunicación en sí mismas, pero su influencia está siendo determinante y se empieza a acercar muy deprisa a la potencia difusora de la omnipotente televisión. Y surge la pregunta de quién alimenta a quién. Los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) se nutren a diario de lo que acontece en internet. Las polémicas en Twitter llenan páginas de periódicos, inspiran editoriales, y copan tertulias televisivas y también minutos de informativos. Lo mismo ocurre con los vídeos virales, un fenómeno que, además, abarata la realización y producción televisiva cuantitativa y cualitativamente. Al mismo tiempo, cada estreno en la pequeña pantalla, una serie, un concurso, y reality, tiene su reflejo en Twitter y en Facebook. Hasta el punto de que algunas grandes productoras de contenidos destinan recursos y personal a analizar la reputación y repercusión en las redes del lanzamiento, y se mide la conversación social en términos cuantitativos y cualitativos durante la emisión. Como usuarios de internet y de las redes sociales, hemos de tener presente que estas plataformas disponen, almacenan y comercian con nuestros datos personales. No sólo los referidos a edad, lugar de residencia o profesión. Nuestra ideología, nuestros gustos estéticos, nuestras redes familiares y de amistades, nuestra situación personal y laboral o el lugar físico en donde nos encontramos en cada momento… Desde octubre del año pasado Facebook y WhatsApp están en las mismas manos: la primera compró la segunda por 22.000 millones de dólares. Dos años antes, en 2012 adquirió Instagram, la aplicación gratuita para compartir fotos, muy popular en España. No descuidemos esta otra derivada al confeccionar nuestra dieta mediática, porque esta especie de oligopolio de redes sociales convertidas en proveedores de información y entretenimiento se rige por unas normas de uso que pretenden evitar la publicación y difusión de contenidos ilegales, que inciten al odio y demás principios fundamentales. Unas reglas de uso impuestas unilateralmente por estas compañías privadas que en ocasiones han suscitado alguna que otra controversia por su laxitud con contenidos claramente denigrantes contra la mujer, por ejemplo, frente a su censura de otras imágenes o textos que, a priori, no tendrían por qué ofender la dignidad ni atentar contra principios fundamentales.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Internet, Televisión, Vídeos

Redes sociales, qué implica esta revolución acelerada del paradigma mediático

Vie, 26/06/2015 - 13:53
Si usted se encuentra entre ese 25% de andaluces que eligen internet como primer medio para informarse, y si además, está entre ese 46% que lo hace a través del teléfono móvil, se habrá percatado ya de que al lado de las clásicas etiquetas para compartir las noticias en redes sociales como Twitter o Facebook, se ha ido incorporando la opción de WhatsApp. Y es que España es uno de los países incluidos en el informe Reuters Institute Digital News 2015, una macroencuesta internacional (más de 23.000 entrevistas), donde más se usa WhatsApp como red social de acceso a noticias (más del 25% de los encuestados), después de Facebook, la red social que lidera de forma absoluta su uso como fuente de noticias (más del 50%). Los estudios que hemos conocido en las últimas semanas sobre hábitos de consumo de medios para información y entretenimiento constatan no ya el cambio de paradigma, sino lo vertiginoso de este cambio en el que las redes sociales se erigen en auténticas prescriptoras de contenidos informativos y de entretenimiento, entre las miles de cosas más en las que se han convertido en muy poco tiempo. En Andalucía, en sólo cuatro años, las redes sociales le han comido terreno a los diarios digitales como primera fuente de información a un ritmo frenético: un crecimiento superior a 20 puntos porcentuales entre 2011 y 2014. Si en 2011 el 20% de las personas que elegían internet para informarse lo hacía en primer lugar a través de las redes sociales, en 2014, ese porcentaje se elevó al 42,2%, según reveló el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. En paralelo, las webs de los periódicos y los diarios digitales como primera puerta de acceso a las noticias retroceden también 20 puntos, del 84,5% que en 2011 al 61% en 2014. El Barómetro Audiovisual de Andalucía nos dice además que el uso de las redes sociales como canal de entretenimiento potencia el visionado de la televisión online y de las plataformas de vídeo. Y es una obviedad añadir que quienes acceden a la información a través de las redes sociales como primer peldaño, terminan en un diario digital. ¿Qué implicaciones tiene este papel de las redes sociales como prescriptores de contenidos informativos? No son medios de comunicación en sí mismas, pero su influencia está siendo determinante y se empieza a acercar muy deprisa a la potencia difusora de la omnipotente televisión. Y surge la pregunta de quién alimenta a quién. Los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) se nutren a diario de lo que acontece en internet. Las polémicas en Twitter llenan páginas de periódicos, inspiran editoriales, y copan tertulias televisivas y también minutos de informativos. Lo mismo ocurre con los vídeos virales, un fenómeno que, además, abarata la realización y producción televisiva cuantitativa y cualitativamente. Al mismo tiempo, cada estreno en la pequeña pantalla, una serie, un concurso, y reality, tiene su reflejo en Twitter y en Facebook. Hasta el punto de que algunas grandes productoras de contenidos destinan recursos y personal a analizar la reputación y repercusión en las redes del lanzamiento, y se mide la conversación social en términos cuantitativos y cualitativos durante la emisión. Como usuarios de internet y de las redes sociales, hemos de tener presente que estas plataformas disponen, almacenan y comercian con nuestros datos personales. No sólo los referidos a edad, lugar de residencia o profesión. Nuestra ideología, nuestros gustos estéticos, nuestras redes familiares y de amistades, nuestra situación personal y laboral o el lugar físico en donde nos encontramos en cada momento… Desde octubre del año pasado Facebook y WhatsApp están en las mismas manos: la primera compró la segunda por 22.000 millones de dólares. Dos años antes, en 2012 adquirió Instagram, la aplicación gratuita para compartir fotos, muy popular en España. No descuidemos esta otra derivada al confeccionar nuestra dieta mediática, porque esta especie de oligopolio de redes sociales convertidas en proveedores de información y entretenimiento se rige por unas normas de uso que pretenden evitar la publicación y difusión de contenidos ilegales, que inciten al odio y demás principios fundamentales. Unas reglas de uso impuestas unilateralmente por estas compañías privadas que en ocasiones han suscitado alguna que otra controversia por su laxitud con contenidos claramente denigrantes contra la mujer, por ejemplo, frente a su censura de otras imágenes o textos que, a priori, no tendrían por qué ofender la dignidad ni atentar contra principios fundamentales.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Internet, Televisión, Vídeos

Ciudadanía crítica: la diferencia entre dominar el medio y descifrar el mensaje

Jue, 11/06/2015 - 15:08
Cuando le preguntamos a una niña de unos siete años, por ejemplo, de dónde le llegan las cosas que quiere o que le gustan (ropa, juguetes, música, películas, comida, ídolos…), la respuesta más frecuente es “de la televisión”, según han constatado las investigaciones sobre la influencia de este medio de comunicación en los menores de edad. Nosotros mismos podemos hacer la prueba en nuestro entorno. De este hecho nace, entre otros, el debate sobre si se debería restringir en televisión la publicidad dirigida a los niños o incluso, la emisión de anuncios en horario protegido. Un porcentaje nada desdeñable, el 41% de los andaluces, se inclina por eliminar la publicidad en esta amplia franja horaria. Los niños más pequeños no entienden el concepto de publicidad, y cuando ven un anuncio lo interpretan como el resto del contenido y no lo distinguen del entretenimiento. ¿Es ético que se emita publicidad dirigida a niños y niñas? Al margen de esta cuestión específica, se sustancia la necesidad de que los más pequeños de la casa y también los adolescentes “aprendan a ver televisión”: fomentar una actitud crítica ante los discursos y las imágenes, la elección de planos, en definitiva, la alfabetización mediática. Esta habilidad previene contra la manipulación por parte de los medios de comunicación y los intereses -legítimos o no- que los sustentan. La alfabetización mediática combate además la creación y consolidación de estereotipos discriminatorios. Hasta ahora, la actividad relativa a la alfabetización mediática por parte de los poderes públicos ha sido escasa en España. Y la mayoría de las actividades que se han realizado se han dirigido a la formación de maestros u otros profesionales, pero no de forma directa a los menores de edad, en pleno proceso de crecimiento y formación. Hace pocos días se entregaron los premios El Audiovisual en la Escuela, una iniciativa del Consejo Audiovisual de Andalucía, que en colaboración con el Consejo Escolar de Andalucía y la Fundación Cajasol, ha celebrado con éxito su primera edición. En la ceremonia, uno de los premiados, un docente de educación secundaria, destacó la relevancia de esta iniciativa y dio la clave. Su trabajo premiado, “La Música”, es un video que pone en valor la música como expresión artística fundamental en la formación del individuo y en cuya realización y expresión participaron los alumnos, tras ser instruidos en nociones básicas de fotografía, sonido o iluminación. Este docente destacó no solo la implicación de los estudiantes en este trabajo y el potencial educativo y creativo de la experiencia en sí misma. Llamó la atención sobre el hecho de que hasta ahora, la música solo se escuchaba, mientras que hoy en día, también se ve: todo es consumo audiovisual. Los menores se adaptan plenamente, como nativos digitales que son, a los avances tecnológicos que suministra la industria, protagonizan los cambios de hábitos y consumen más que nunca contenidos audiovisuales. Pero este dominio absoluto de los dispositivos no es suficiente y sería un espejismo contentarnos con esta habilidad si no son capaces de saber analizar los mensajes que reciben. Y los estudios nos dicen que sólo uno de cada tres progenitores acompañan a sus hijos en este consumo audiovisual para poder contextualizar y explicarles que aquello que ven en televisión -dirigido normalmente a una audiencia adulta- responde a un guión diseñado para crear controversia y más eco mediático. Que los enfrentamientos en los programas de debate o las relaciones interpersonales de los concursos más populares son en gran medida artificio y espectáculo, no un reflejo de la vida real. Desarrollar esta tarea desde la escuela garantiza que todos los ciudadanos del futuro, sin importar su procedencia sociocultural, contarán con esta poderosa herramienta que es la alfabetización mediática en un mundo en el que percibimos y construimos la realidad, más que nunca, a través de los medios de comunicación, sea cual sea el soporte de consumo. NOTA: Puedes ver todos los vídeos galardonados en esta primera edición de los premios El Audiovisual en la Escuela en nuestro canal de YouTube y en nuestra página web.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Menores, Publicidad, Televisión, Vídeos

Ciudadanía crítica: la diferencia entre dominar el medio y descifrar el mensaje

Jue, 11/06/2015 - 15:08
Cuando le preguntamos a una niña de unos siete años, por ejemplo, de dónde le llegan las cosas que quiere o que le gustan (ropa, juguetes, música, películas, comida, ídolos…), la respuesta más frecuente es “de la televisión”, según han constatado las investigaciones sobre la influencia de este medio de comunicación en los menores de edad. Nosotros mismos podemos hacer la prueba en nuestro entorno. De este hecho nace, entre otros, el debate sobre si se debería restringir en televisión la publicidad dirigida a los niños o incluso, la emisión de anuncios en horario protegido. Un porcentaje nada desdeñable, el 41% de los andaluces, se inclina por eliminar la publicidad en esta amplia franja horaria. Los niños más pequeños no entienden el concepto de publicidad, y cuando ven un anuncio lo interpretan como el resto del contenido y no lo distinguen del entretenimiento. ¿Es ético que se emita publicidad dirigida a niños y niñas? Al margen de esta cuestión específica, se sustancia la necesidad de que los más pequeños de la casa y también los adolescentes “aprendan a ver televisión”: fomentar una actitud crítica ante los discursos y las imágenes, la elección de planos, en definitiva, la alfabetización mediática. Esta habilidad previene contra la manipulación por parte de los medios de comunicación y los intereses -legítimos o no- que los sustentan. La alfabetización mediática combate además la creación y consolidación de estereotipos discriminatorios. Hasta ahora, la actividad relativa a la alfabetización mediática por parte de los poderes públicos ha sido escasa en España. Y la mayoría de las actividades que se han realizado se han dirigido a la formación de maestros u otros profesionales, pero no de forma directa a los menores de edad, en pleno proceso de crecimiento y formación. Hace pocos días se entregaron los premios El Audiovisual en la Escuela, una iniciativa del Consejo Audiovisual de Andalucía, que en colaboración con el Consejo Escolar de Andalucía y la Fundación Cajasol, ha celebrado con éxito su primera edición. En la ceremonia, uno de los premiados, un docente de educación secundaria, destacó la relevancia de esta iniciativa y dio la clave. Su trabajo premiado, “La Música”, es un video que pone en valor la música como expresión artística fundamental en la formación del individuo y en cuya realización y expresión participaron los alumnos, tras ser instruidos en nociones básicas de fotografía, sonido o iluminación. Este docente destacó no solo la implicación de los estudiantes en este trabajo y el potencial educativo y creativo de la experiencia en sí misma. Llamó la atención sobre el hecho de que hasta ahora, la música solo se escuchaba, mientras que hoy en día, también se ve: todo es consumo audiovisual. Los menores se adaptan plenamente, como nativos digitales que son, a los avances tecnológicos que suministra la industria, protagonizan los cambios de hábitos y consumen más que nunca contenidos audiovisuales. Pero este dominio absoluto de los dispositivos no es suficiente y sería un espejismo contentarnos con esta habilidad si no son capaces de saber analizar los mensajes que reciben. Y los estudios nos dicen que sólo uno de cada tres progenitores acompañan a sus hijos en este consumo audiovisual para poder contextualizar y explicarles que aquello que ven en televisión -dirigido normalmente a una audiencia adulta- responde a un guión diseñado para crear controversia y más eco mediático. Que los enfrentamientos en los programas de debate o las relaciones interpersonales de los concursos más populares son en gran medida artificio y espectáculo, no un reflejo de la vida real. Desarrollar esta tarea desde la escuela garantiza que todos los ciudadanos del futuro, sin importar su procedencia sociocultural, contarán con esta poderosa herramienta que es la alfabetización mediática en un mundo en el que percibimos y construimos la realidad, más que nunca, a través de los medios de comunicación, sea cual sea el soporte de consumo. NOTA: Puedes ver todos los vídeos galardonados en esta primera edición de los premios El Audiovisual en la Escuela en nuestro canal de YouTube y en nuestra página web.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Menores, Publicidad, Televisión, Vídeos

Docushow, la información “low cost” al servicio del entretenimiento

Mié, 13/05/2015 - 09:32
Cuando en los medios de comunicación se pone la información al servicio del entretenimiento y el efectismo, la veracidad y el rigor son los primeros valores periodísticos en desaparecer. Una conjunción de factores –todos ellos igualmente poderosos- ha contribuido de unos años a esta parte a que esto sea así, y a consolidar en España unos formatos informativos en los que el entretenimiento es el principal componente porque está destinado, en primera y última instancia, a lograr cuotas de audiencia. Así ha quedado en evidencia en los últimos días con el programa de reportajes El precio de los alimentos que protagoniza el televisivo cocinero Alberto Chicote. En su estreno, abordó la bajada del precio del tomate. El mediático chef se desplazó a los invernaderos de Almería, y luego a Holanda, en un intento por explicar que el descenso de los precios se debía a la competitividad de éstos gracias a la aplicación del I+D. Un Chicote asombrado contaba a cámara que los holandeses consiguen mejores cosechas gracias a un sistema de calefacción que en El Ejido no se aplica. Sencillamente, como explican los productores almerienses, en Holanda la mata se congelaría si no le aplicas calor, y en España no es necesaria. La falta de rigor en el tratamiento de esta cuestión queda en evidencia en esta carta que la Organización Interprofesional de Frutas y Hortalizas de Almería (Hortyfruta) le dirigió al presentador. En ella, se rebate con datos e información muchas de las sentencias y planteamientos que aparecen en este reportaje y, sobre todo, se apela al cocinero metido a periodista a que contraste datos con la mayor asociación del sector. Nuevamente la ausencia de rigor y, sobre todo, el engaño en la puesta en escena ha vuelto a dejar en evidencia este espacio, exponente de en qué se está convirtiendo la información y el género periodístico del reportaje en la televisión comercial en abierto. Como se ha conocido estos días, el programa abordaba el precio del arroz y viajaba a Tailandia para saber si la inestabilidad política tenía algo que ver con este extremo. Cuando el autor de las imágenes de este capítulo tailandés ha revelado en su blog personal qué hay realmente detrás de las mismas, que Alberto Chicote no viajó a Tailandia y que no es cierto o riguroso que el precio del arroz esté detrás de las revueltas políticas ocurridas en este país, el programa se ha apresurado a dar una explicación ante tan evidente engaño a la audiencia. Bajo el argumento de “recursos narrativos” propios de la televisión y el reportaje, la cadena de televisión justifica que se hayan montado planos del cocinero en la cola de embarque de un aeropuerto, luego dormido en un avión y que posteriormente, se use la voz en off del chef cuando en la pantalla estamos viendo paisajes y calles de Tailandia. Una excusa que no es admisible si estamos hablando de información, de reportaje, donde lo que se supone que se traslada a la audiencia son hechos contrastados y verificados. Conocer qué hay realmente detrás de este capítulo evidencia bien cómo el “low cost” se ha implantado en la televisión sin miramientos deontológicos. También cuestiona cómo la audiencia se está acostumbrando a productos de baja calidad y se conforma con planteamientos que quieren entretenernos antes que informarnos. Y sobre todo, deja al descubierto una carencia fundamental de la opinión pública: la falta de capacidad para analizar críticamente el lenguaje audiovisual y decodificar imágenes. Este desarme de la audiencia facilita su manipulación por parte de las empresas y multinacionales propietarias de los medios de comunicación y de los grandes estudios de cine. La alfabetización mediática debería ser una asignatura prioritaria en nuestro sistema educativo, sólo así será posible construir una sociedad democrática donde se puedan ejercer plenamente derechos fundamentales como lo es el derecho a la información veraz, que está siendo sustituido, y asumido, por el derecho al entretenimiento.Archivado en: Televisión

La publicidad del juego y apuestas, un serio reto para evitar generaciones de ludópatas

Jue, 30/04/2015 - 14:11
¿Alguien podría imaginar, hoy en día, un anuncio en televisión protagonizado por un varonil y famoso actor, que se deleitase con el humo de un cigarrillo y nos intentara convencer de los placeres de fumar? Hemos desterrado ya de nuestra mente este tipo de publicidad, prohibida hace ya diez años en los países de la Unión Europea, que abolió también el patrocinio de eventos deportivos por parte de las marcas de cigarrilos. Este veto afectó a competiciones tan relevantes mediática y económicamente hablando como la Fórmula1 o el motociclismo. Desde entonces hasta hoy, las autoridades comunitarias han ido implantando medidas que intentan proteger e informar a los consumidores europeos de los peligros que entraña el consumo de tabaco. Recientemente, la UE ha establecido que el 65% de la superficie de cada cara de las cajetillas de cigarrillos ha de estar cubierta por advertencias sanitarias sobre el riesgo de fumar. Los primeros mensajes de este tipo empezaron a insertarse en 2003. Europa también ha restringido la publicidad y el patrocinio del alcohol. La legislación española la prohíbe en televisión los anuncios de bebidas alcohólicas de más de 20 grados. La de menos de 20 grados está permitida a partir de las 20.30 hasta las 6 de la mañana, excepto si forma parte de un paquete de contenidos cuyos derechos derechos de emisión se han adquirido (competiciones deportivas fundamentalmente, como el fútbol, por ejemplo). Varios estudios coinciden en que la exposición a la publicidad de alcohol mejora la percepción de esta sustancia por parte de los más jóvenes y aumenta su consumo. Al mismo tiempo, la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, del Ministerio de Sanidad, nos revela que la edad media de inicio al consumo de estas sustancias se sitúa en los 16 años de edad. Otras investigaciones, como el Programa AMPHORA, de la Comisión Europea, sostienen que el patrocinio de marcas de alcohol de competiciones deportivas aumenta la probabilidad de beber alcohol a la edad de 14 años. Desde hace pocos años asistimos a una invasión en radio y televisión de un tipo de publicidad de otra actividad adictiva, el juego online y las apuestas deportivas en internet, que sin embargo no es percibida en general como peligrosa. A diferencia de lo que ocurre con el alcohol y el tabaco, sustancias que generan una dependencia física, el juego conlleva la posiblidad de caer en la ludopatía, una adicción psicológica, altamente destructiva. Esta publicidad, que ha llegado en forma de patrocinio a las camisetas oficiales de equipos de fútbol de primera división de nuestra liga, se rige por un código de autorregulación cuyo cumplimiento es voluntario. En el mismo existen unas reglas laxas y difusas, de manera que, por ejemplo, la leyenda de “juega con responsabilidad” es ilegible en muchos anuncios de televisión por el diminuto tamaño de la letra, o por el corto espacio de tiempo que están en pantalla. Así, podemos ver en televisión a deportistas de primera fila como protagonistas de llamativos y cuidados anuncios de apuestas deportivas en los que las advertencias sobre el riesgo de esta actividad, restringida a los menores, apenas es perceptible por el espectador. Si hablamos de estos anuncios en radio, la situación es aún más compleja, puesto que la práctica totalidad de esta publicidad está incluida en el discurso narrativo de los locutores que están retransmitiendo eventos deportivos. Esta práctica implide al oyente conocer que está ante un mensaje publicitario, y que -además- se trata de una actividad que conlleva riesgos y que está prohibida para los menores de edad. Esta ausencia de regulación expone a los menores de edad y a otros colectivos vulnerables a una serie de mensajes publicitarios que, como ocurriría con el tabaco o el alcohol, pueden conducirles directamente a la ludopatía. En los dos últimos años, según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), el número de menores que acuden con sus padres a estos centros en busca de ayuda por esta adicción (ya sea al juego de azar o a los llamados de multijugadores) ha aumentado un 60%, unas 3.000 peticiones. En las últimas semanas, el Gobierno ha presentado un proyecto de Real Decreto para regular esta publicidad que, sin embargo, incluye numerosas excepciones a los límites que impone en su artículado que lo convierte en una norma ineficaz para conseguir lo que se propone. El Consejo Audiovisual de Andalucía ha presentado una serie de alegaciones a este proyecto que, en general, persigue equiparar este tipo de publicidad con la del tabaco y el alcohol. Una actividad como el juego y las apuestas relacionadas con los deportes masivos , por ejemplo el fútbol, al que se accede a través de internet, puede ser una bomba de relojería para la protección de los menores de edad. Justamente la capa de la población más influenciable por parte de los medios de comunicación, los referentes deportivos, y que maneja con gran destreza cualquier dispositivo móvil con conexión a internet. Estamos ante un serio reto.  Archivado en: Autorregulación, Internet, Menores, Ordenación, Publicidad, Televisión

La publicidad del juego y apuestas, un serio reto para evitar generaciones de ludópatas

Jue, 30/04/2015 - 14:11
¿Alguien podría imaginar, hoy en día, un anuncio en televisión protagonizado por un varonil y famoso actor, que se deleitase con el humo de un cigarrillo y nos intentara convencer de los placeres de fumar? Hemos desterrado ya de nuestra mente este tipo de publicidad, prohibida hace ya diez años en los países de la Unión Europea, que abolió también el patrocinio de eventos deportivos por parte de las marcas de cigarrilos. Este veto afectó a competiciones tan relevantes mediática y económicamente hablando como la Fórmula1 o el motociclismo. Desde entonces hasta hoy, las autoridades comunitarias han ido implantando medidas que intentan proteger e informar a los consumidores europeos de los peligros que entraña el consumo de tabaco. Recientemente, la UE ha establecido que el 65% de la superficie de cada cara de las cajetillas de cigarrillos ha de estar cubierta por advertencias sanitarias sobre el riesgo de fumar. Los primeros mensajes de este tipo empezaron a insertarse en 2003. Europa también ha restringido la publicidad y el patrocinio del alcohol. La legislación española la prohíbe en televisión los anuncios de bebidas alcohólicas de más de 20 grados. La de menos de 20 grados está permitida a partir de las 20.30 hasta las 6 de la mañana, excepto si forma parte de un paquete de contenidos cuyos derechos derechos de emisión se han adquirido (competiciones deportivas fundamentalmente, como el fútbol, por ejemplo). Varios estudios coinciden en que la exposición a la publicidad de alcohol mejora la percepción de esta sustancia por parte de los más jóvenes y aumenta su consumo. Al mismo tiempo, la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, del Ministerio de Sanidad, nos revela que la edad media de inicio al consumo de estas sustancias se sitúa en los 16 años de edad. Otras investigaciones, como el Programa AMPHORA, de la Comisión Europea, sostienen que el patrocinio de marcas de alcohol de competiciones deportivas aumenta la probabilidad de beber alcohol a la edad de 14 años. Desde hace pocos años asistimos a una invasión en radio y televisión de un tipo de publicidad de otra actividad adictiva, el juego online y las apuestas deportivas en internet, que sin embargo no es percibida en general como peligrosa. A diferencia de lo que ocurre con el alcohol y el tabaco, sustancias que generan una dependencia física, el juego conlleva la posiblidad de caer en la ludopatía, una adicción psicológica, altamente destructiva. Esta publicidad, que ha llegado en forma de patrocinio a las camisetas oficiales de equipos de fútbol de primera división de nuestra liga, se rige por un código de autorregulación cuyo cumplimiento es voluntario. En el mismo existen unas reglas laxas y difusas, de manera que, por ejemplo, la leyenda de “juega con responsabilidad” es ilegible en muchos anuncios de televisión por el diminuto tamaño de la letra, o por el corto espacio de tiempo que están en pantalla. Así, podemos ver en televisión a deportistas de primera fila como protagonistas de llamativos y cuidados anuncios de apuestas deportivas en los que las advertencias sobre el riesgo de esta actividad, restringida a los menores, apenas es perceptible por el espectador. Si hablamos de estos anuncios en radio, la situación es aún más compleja, puesto que la práctica totalidad de esta publicidad está incluida en el discurso narrativo de los locutores que están retransmitiendo eventos deportivos. Esta práctica implide al oyente conocer que está ante un mensaje publicitario, y que -además- se trata de una actividad que conlleva riesgos y que está prohibida para los menores de edad. Esta ausencia de regulación expone a los menores de edad y a otros colectivos vulnerables a una serie de mensajes publicitarios que, como ocurriría con el tabaco o el alcohol, pueden conducirles directamente a la ludopatía. En los dos últimos años, según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), el número de menores que acuden con sus padres a estos centros en busca de ayuda por esta adicción (ya sea al juego de azar o a los llamados de multijugadores) ha aumentado un 60%, unas 3.000 peticiones. En las últimas semanas, el Gobierno ha presentado un proyecto de Real Decreto para regular esta publicidad que, sin embargo, incluye numerosas excepciones a los límites que impone en su artículado que lo convierte en una norma ineficaz para conseguir lo que se propone. El Consejo Audiovisual de Andalucía ha presentado una serie de alegaciones a este proyecto que, en general, persigue equiparar este tipo de publicidad con la del tabaco y el alcohol. Una actividad como el juego y las apuestas relacionadas con los deportes masivos , por ejemplo el fútbol, al que se accede a través de internet, puede ser una bomba de relojería para la protección de los menores de edad. Justamente la capa de la población más influenciable por parte de los medios de comunicación, los referentes deportivos, y que maneja con gran destreza cualquier dispositivo móvil con conexión a internet. Estamos ante un serio reto.  Archivado en: Autorregulación, Internet, Menores, Ordenación, Publicidad, Televisión

Enfermedad mental, la simplificación mediática para explicar la atrocidad

Lun, 13/04/2015 - 12:50
Han transcurrido más de dos semanas desde el horrible suceso aéreo de Los Alpes que se cobró 150 vidas. La cobertura mediática de esta catástrofe se caracterizó en un primer momento por su inmediatez, favorecida a partes iguales por las nuevas tecnologías y por la transparencia y diligencia de las autoridades francesas al informar a la prensa. Esa transparencia de las fuentes informativas no evitó, sin embargo, que se abriera paso el sensacionalismo, el otro rasgo distintivo de esta cobertura periodística. Reporteros de todo tipo de medios acudieron al aeropuerto de El Prat, no tanto a recabar datos desde el aeropuerto de origen de este fatídico vuelo, como a conseguir imágenes y testimonios de los allegados, seres queridos y familiares de los pasajeros del avión siniestrado, y del que ya se sabía que no había supervivientes. Los propios familiares de las víctimas pidieron a los medios que dejaran de sacarles a ellos y a sus seres queridos fallecidos. La constatación, a los dos días, de que este horrible hecho fue un acto deliberado del copiloto del avión y las revelaciones sobre su pasado clínico abrieron paso franco a los medios para dar por hecha la relación causa efecto entre su estado mental y su decisión de estrellar un avión lleno de pasajeros en las montañas francesas. “Cuando asistimos a hechos violentos, atroces e inexplicables, atribuirlos a la enfermedad mental de quien los comete tiene un efecto tranquilizador”. Esta frase la pronunció recientemente el psiquiatra Andrés López Pardo, en unas jornadas de formación sobre Comunicación en Salud, celebradas en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. López Pardo intervenía en una mesa redonda que abordaba el estigma social de la enfermedad mental y el papel de los medios. Ante los futuros periodistas el psiquiatra les reclamó que intenten no asociar la enfermedad mental con hechos violentos a la hora de elaborar la noticia, porque esta asociación carece de veracidad, como demuestran los datos, y sobre todo, porque consolida un estigma social que dificulta enormemente la recuperación de estos pacientes. Nos tememos que su ruego tendrá escaso éxito. Con una sencilla búsqueda en internet se comprueba cómo los titulares periodísticos relacionan “esquizofrenia” o, genéricamente, “enfermedad mental”, a crímenes horribles. Los datos aportados por los expertos dicen que entre aproximadamente el 50% de la población sufre o ha sufrido algún trastorno mental a lo largo de su vida. Es obvio que esta circunstancia no les convierte en potenciales criminales. La asociación de enfermedad mental con la maldad, el delito o la violencia esta fuertemente asentada en nuestra sociedad. Un mito o estereotipo al que contribuyen decisivamente los medios de comunicación, la principal fuente de información sobre esta materia para la ciudadanía. Sin embargo, para los grandes medios de comunicación “lo importante no es educar a la ciudadanía, lo importante es tener audiencia”, como dijo en ese mismo foro de formación universitario el periodista especializado en salud, Alfonso Pedrosa. A esta circunstancia, añadió otro obstáculo: la falta de especialización de los periodistas derivada de la precariedad laboral. Como sociedad madura y supuestamente informada, tenemos que asumir que existe la maldad, que existen personas que cometen atrocidades y que son capaces de discernir perfectamente el bien del mal, solo que son psicópatas, que no enfermos mentales. Y que por tanto, los actos de los que se informa no deberían atribuirse a la enfermedad, sino a la persona. En un reciente artículo, la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui reflexionaba precisamente sobre el tratamiento informativo de la enfermedad mental en accidentes o delitos. Al final del mismo, hace un certero llamamiento a los profesionales de la información que reproducimos: “Señores periodistas, dejen de ser “psicoamarillistas” y sean conscientes del daño que están haciendo a un colectivo vulnerable, estigmatizado y, en su casi totalidad, inofensivo“. En aquellas jornadas formativas de la universidad hispalense, el pisquiatra contó una anécdota ilustrativa del estigma social que acompaña a la enfermedad mental: un paciente suyo, jardinero de una comunidad de vecinos, fue despedido de su trabajo a los pocos días de comentar con un propietario en una conversación informal lo bien que se encontraba y cómo estaba superando su enfermedad mental gracias al tratamiento y a lo mucho que le gustaba su trabajo. Existen numerosos códigos deontológicos para el tratamiento mediático de los desastres y desgracias humanas, y también está a disposición de los periodistas, y de todo aquel que desee conocer mejor la enfermedad mental, la página http://www.1decada4.es. Una buena herramienta para ir acabando con la estigmatización de las personas con enfermedad mental y, así, contribuir a la superación de estas dolencias.Archivado en: Autorregulación, Internet, Radio, Televisión

¿Estamos bien informados? Cuando la facilidad de acceso a los medios no garantiza el derecho a la información

Vie, 20/02/2015 - 18:40
“Sin ciudadanos informados, la democracia no funciona”. Esta frase se escucha en el recomendable documental Page One: Inside The New York Times. En español se ha traducido como Página Uno, un año en el New York Times. Dirigida por Andrew Rossi, esta película muestra el trabajo de la sección de Medios del principal periódico norteamericano durante 2010. A través de los acontecimientos ocurridos en el sector de los medios de comunicación en ese año, el documental realiza un profundo y agudo análisis sobre el estado de salud del periodismo en un momento de crisis mundial y de revolución tecnológica. Un momento de cambio total y radical. La cinta repasa la caída en picado del negocio de la prensa tradicional, que aboca a despidos, cuando no cierres, derivados de la transición brusca y sin marcha atrás del papel a lo digital, y la consecuente caída de la publicidad. El acceso gratuito en internet a los mismos contenidos que se venden en los quioscos ha supuesto la autodestrucción de los diarios impresos que van perdiendo su capacidad de dictar y establecer la agenda mediática: de qué hablan el resto de medios de comunicación. Bajo todas estas circunstancias, Page One plantea la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si desapareciera el New York Times, toda una institución del periodismo en EEUU? Aunque han pasado ya cinco años desde su grabación y cuatro desde su estreno, lo que podemos ver en este documental da cuenta de lo que ocurre actualmente en la profesión periodística no sólo en Estados Unidos, sino en general en el mundo occidental. El afán por ser el primero en contar una historia se impone a contar historias suficientemente contrastadas, contextualizadas y de interés o relevancia real para la sociedad. Una de las secuencias del documental sintetiza el deterioro de la calidad de los medios de comunicación y sus causas: Uno de los periodistas del NYT, David Carr, para informar sobre un acuerdo editorial entre la CNN y Vice, una web de contenidos audiovisuales, se reúne con representantes de ambas compañías. La intención de la CNN, explican, es atraer a una audiencia más joven, y para ello se disponen a incorporar los reportajes elaborados por Vice. Y como ejemplo vemos a un corresponsal de este portal que entrevista a un ‘señor de la guerra’ en Liberia. Mientras atraviesan un pantano, este hombre cuenta al corresponsal que se beben la sangre de niños inocentes antes de la batalla. “¿Así que matáis a un niño y luego os bebéis la sangre?” pregunta el reportero. “Sí”, responde el protagonista de este video, que a continuación nos muestra una playa llena de excrementos humanos, porque el país es tan pobre que sus ciudadanos no disponen de lo más básico. A preguntas del NYT, los dueños del portal se jactan de no ser periodistas al responder sobre por qué no contextualizan la historia, si habían contrastado que el asesinato de niños era cierto, sobre la credibilidad de este fanático delante de una cámara de vídeo. El representante del diario neoyorkino, algo irritado, les recuerda que su periódico lleva años sobre el terreno contando las guerras y desgracias que asolan Liberia, el cómo, el cuándo y el por qué. La semana pasada coincidió la visita de una de las directoras, Jill Abramson a España, y el prematuro fallecimiento este carismático periodista, David Carr, protagonista de este documental con el resto de reporteros de la sección de Medios del NYT. También la semana pasada, en Documentos TV, de TVE, se emitió otro documental que habla de periodismo y libertad de información y de expresión, Sombras de libertad. En una sociedad democrática como la estadounidense, caracterizada por la libertad de expresión y el derecho a la información, ocurre que tan solo cinco grades grupos empresariales controlan el 90% de los medios de comunicación, una circunstancia que pone en peligro la libertad de prensa y que supone, como demuestra el documental, que se silencien noticias contrarias a determinados intereses económicos. Y abre una reflexión más que oportuna en estos momentos, sobre el hecho de que la facilidad de acceso que hoy en día tenemos a la información, sobre todo gracias a internet, y a los múltiples canales de televisión, nos puede hacer creer que estamos adecuadamente informados, que disponemos de toda la información y datos de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, esto no es del todo así. A diario recibimos un auténtico bombardeo de noticias banales: récords de temperaturas altas o bajas, según la estación del año, efectos de temporales de nieve se llevan minutos y minutos de los informativos que, después y además, ofrecen la previsión meteorológica diaria. Se da cuenta de la vida de famosos o detallada información de los entresijos de los deportistas más cotizados. Y en comparación, las noticias relativas a la economía o el medioambiente son escasas y breves. ¿Estamos realmente informados, estamos bien informados? Volviendo a la pregunta que planeta el documental Page One, ¿podría desaparecer el NYT, referente –aunque también con sus luces y sombras- del rigor y la calidad periodística internacional? La respuesta que se deja entrever es que siempre existirá un medio que ejerza la función social, imprescindible para los países democráticos, del periodismo con mayúsculas: aquel que denuncia y fiscaliza el poder económico y político, denuncia sus abusos, explica y suscita el debate entre la ciudadanía de los asuntos que le atañen, y lo hace desde el respeto a la ética y a los valores de la justicia y la verdad. Sin ellos, la democracia no funciona, aunque sin mucho esfuerzo creamos en el espejismo de que, efectivamente, estamos informados.Archivado en: Internet, Televisión, Vídeos

Tratamiento informativo de los atentados de París: el espectáculo de la violencia real

Lun, 19/01/2015 - 17:33
Ha pasado ya un tiempo suficiente para poder hacer una reflexión más serena sobre el tratamiento mediático de los atentados yihadistas de París. Al impacto causado en toda la opinión pública por estos hechos contribuyó, en un primer momento, la difusión de las crudas imágenes en las que uno de los terroristas remata en la calle a un policía que yacía herido en el suelo, a quemarropa y con una frialdad pasmosa. La reproducción de estas imágenes recorrió internet y los informativos de prácticamente todas las televisiones en los primeros minutos del asalto a la revista satírica Charlie Hebdo objeto del primer atentado. Y como sucesión lógica, al poco tiempo y a fuerza de ver esa secuencia tan impactante en nuestras pantallas una y otra vez, se suscitó un debate público sobre la idoneidad o no de emitirlas. Los defensores de su emisión aluden a la utilidad de esta escena cruel para hacernos una idea más fiel de lo ocurrido en la sede de la revista, de la frialdad de los autores de la matanza, de –al fin y al cabo- el valor de esta secuencia para explicar mejor unos hechos que, tan solo en lenguaje escrito y oral, ya son de por sí lo suficientemente explícitos: dos hombres fuertemente armados matan a tiros y a sangre fría a 12 personas en la sede de una publicación satírica. En cambio, los detractores de su emisión advierten de los perjuicios que causa en una sociedad de masas la espectacularización de la violencia por parte de los medios de comunicación. Entre ellos la banalización de esa misma violencia y la espectacularización de la información, que se acaba convirtiendo en un entretenimiento efectista sin más aspiración que conseguir altos índices de audiencia, por encima del deber periodístico de informar a la población. Lo cierto es que su emisión en bucle en casi todos los programas informativos, telediarios y magacines, a cualquier hora del día y sin una previa advertencia a la audiencia fue habitual en los primeros días. Una dinámica que nos mostraba unas escenas más propias de una película bélica o de un videojuego que, sin embargo, estaban ocurriendo en las calles de París con personas reales, con nombres, apellidos, familias, amigos… Esa avidez de los medios por imágenes espectaculares para narrar hechos, para aportar más información ha sido satisfecha con la llegada de más material: por ejemplo, la misma secuencia del tiro de gracia al policía desde otro ángulo, o el asalto policial al supermercado judío, en el que puede apreciarse perfectamente como la policía abate a tiros al secuestrador, y las víctimas comienzan a escapar corriendo hacia la calle. Cabe preguntarse si esas imágenes aportan un contenido valioso a la información y la respuesta no es unánime, porque es indiscutible el valor de las mismas como documento audiovisual. Las investigaciones de los teóricos de la Comunicación revelan que la exposición de una persona –cuanto más joven, sobre todo- a contenidos violentos en los medios audiovisuales produce efectos perversos que pueden ser de tres tipos: la insensbilización hacia la violencia, el contagio de la violencia como forma de resolver conflictos y, por último, el miedo al mundo que le rodea, al que percibe como altamente violento. Precisamente en Francia, unos meses antes de que ocurrieran estos hechos, el Consejo Audiovisual de este país puso en marcha una campaña dirigida a los padres y madres para que no dejaran pasar sin más los contenidos violentos e inapropiados que llegan a sus hijos e hijas a través de los medios de comunicación audiovisual, televisión e internet. Una campaña que busca implicar a los adultos para que les expliquen que las relaciones entre las personas no son tan violentas o agresivas como muestran algunos programas de la televisión. Esta campaña consta de dos anuncios, cuyo lema dice “Las imágenes violentas deben evitarse, si no, hay que hablar. Frente a las pantallas, seamos vigilantes”. Archivado en: Autorregulación, Internet, Menores, Televisión, Vídeos

Erradicar los estereotipos sexistas en los medios, el camino para prevenir la violencia de género

Jue, 20/11/2014 - 15:15
España es el único país de la cuenca mediterránea que analiza el tratamiento informativo que los medios otorgan a la violencia de género, según ha podido constatar recientemente el Consejo Audiovisual de Andalucía durante una reunión de la red de autoridades reguladoras del audiovisual del Mediterráneo (RIMR). Una autoevaluación que, sin duda, se enmarca en la implicación institucional y social que en la última década ha liderado nuestro país en el combate de esta lacra que cada año mata a muchas mujeres, y convierte en un infierno la vida de miles y miles de ellas y de sus hijos. Este liderazgo se ha forjado a lo largo de los diez años transcurridos desde que a finales de 2004 el Congreso de los Diputados aprobara por unanimidad la Ley integral contra la violencia de género. Una norma avanzada en el contexto europeo, puesto que además de reforzar la protección judicial de las víctimas, abarcaba distintos ámbitos sociales con el objetivo de prevenir el machismo y su manifestación más brutal: la violencia. Y uno de esos ámbitos es el mediático y de la publicidad, al que la ley le dedica su capítulo II. Y así, establece que “la difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones”. La función que han desarrollado en este tiempo los medios de comunicación ha sido crucial para sacar de la esfera privada del domicilio la violencia de género, para concienciar a la ciudadanía de que no se trata de un suceso más y desterrar el concepto de crimen pasional. Este compromiso de los medios ha hecho posible que la sociedad española tome conciencia de que estamos ante un grave problema público y, por tanto, sea sensible al mismo. Desde 2010, en el caso del Consejo Audiovisual de Andalucía, y desde 2003 el Consejo Audiovisual de Cataluña, analizan cómo informan los medios sobre este asunto que, por desgracia es común a todos los países, industrializados y no industrializados, democráticos o no. El fenómeno del maltrato hacia la mujer es transversal. Gracias a este análisis podemos detectar que, por ejemplo en las televisiones andaluzas la información relacionada con el maltrato machista tiene un peso específico en la actualidad: en 2013 fue el sexto tema por importancia entre todos los temas de actualidad. Además, no se limita únicamente a dar cuenta de los crímenes, sino que también se informa del esfuerzo social e institucional para combatirlo. Conocemos que las noticias vinculadas a asesinatos son más cortas que el resto de sucesos, o que los testimonios en estas informaciones recaen muy a menudo en actores ocasionales–testigos, vecinos, conocidos de los afectados-, en detrimento del relato de las personas expertas que permitirían una mejor contextualización del problema. Ante estos resultados es posible advertir si nos estamos arriesgando a sistematizar este tipo de informaciones, y por tanto, alejarnos del objetivo inicial que es sensibilizar a la población y ofrecer una correcta dimensión de este problema. La ley prohíbe además la publicidad que utilice la imagen de la mujer con carácter vejatorio o discriminatorio, persigue erradicar de los medios conductas que favorezcan la desigualdad e insta a la promoción de acuerdos de autorregulación que contribuyan al cumplimiento de la legislación publicitaria. Pero, ¿cómo verificar que estos preceptos se cumplan efectivamente? Los consejos audiovisuales son una herramienta idónea para ello, sin embargo no es una tarea sencilla. El CAA se va a encargar de coordinar en el seno de la RIRM un grupo de trabajo que tendrá como principal objetivo realizar un estudio global sobre estereotipos sexistas en la publicidad que se emita en los países que componen la red mediterránea. En la actualidad existen datos de este tipo de ocho países de la Red Mediterránea y ninguno se libra de la presencia de estereotipos sexistas en la publicidad. Este grupo de trabajo también se va a encargar de buscar y recopilar toda la regulación existente en la cuenca mediterránea que afecte a la igualdad de género en los medios, los códigos de corregulación y autorregulación en vigor, también los estudios sobre la materia, así como las decisiones y actuaciones que hayan llevado a cabo las autoridades reguladoras relacionadas con la garantía de la igualdad de género y el combate contra los estereotipos sexistas. La intención es elaborar una completa base de datos que sirva de orientación en aquellos países donde no existe normativa ni experiencia a la hora de tomar una decisión con motivo de situaciones de desigualdad de género en los medios. Se trata de países donde la cultura de la igualdad es escasa o incipiente, a diferencia de otras regiones como España, Francia, Grecia o Italia. No obstante, aún falta mucho recorrido por hacer en estas zonas más avanzadas, donde las leyes y códigos consagran la igualdad y destierran los estereotipos sexistas, pero no desarrollan jurídicamente qué es sexismo, de manera que la actuación efectiva se mueve en terrenos pantanosos. Un paso en ese largo recorrido se consiguió dar a mediados de este año, con la objetivación de ese concepto jurídico indeterminado que es el sexismo, al aplicarlo a los medios de comunicación. Y así, bajo la coordinación del Consejo Audiovisual de Andalucía y la autoridad audiovisual marroquí, se elaboró y publicó un completo documento sobre indicadores y procedimientos de evaluación de los estereotipos de género en los contenidos difundidos por los servicios de comunicación audiovisual. Todos los expertos y expertas coinciden en que la única forma de acabar con el maltrato hacia las mujeres es la prevención, trabajar porque las generaciones futuras no asimilen patrones de comportamiento machista, patriarcal y vejatorio hacia las mujeres. La escuela y la familia son dos de las estructuras sociales desde donde ha de recaer el esfuerzo para conseguirlo, pero desde luego, los medios de comunicación y la publicidad son tan definitivos en la construcción del ideario colectivo que no pueden quedar al margen de este compromiso si queremos conseguir algo. Para entenderlo mejor, os recomendamos este documental que emitió La2 de Televisión Española en marzo del año pasado. 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Diálogos en el CAA. Derecho a la información: periodismo al servicio de la propaganda

Jue, 06/11/2014 - 15:19
En el año 2011, 7.000 periodistas españoles, 200 medios de comunicación y todas las asociaciones profesionales suscribieron un manifiesto titulado #sinpreguntasnocobertura, donde cristalizaron las reiteradas denuncias por parte de los profesionales de la información ante unas prácticas anómalas que se estaban extendiendo en los centros de poder político, administrativo y económico: la convocatoria de ruedas de prensa en las que no estaban permitidas las preguntas de los periodistas. Esta denuncia fue trasladada también al Defensor del Pueblo que, sin embargo, no lo consideró un asunto objeto de su intervención. Transcurridos tres años desde aquella iniciativa, la situación no ha mejorado mucho, según se pudo constatar esta semana en el ciclo organizado por el Consejo Audiovisual de Andalucía Diálogos en el CAA, en cuya inauguración se abordó el conflicto entre el derecho a la información y los intentos de los centros de poder por difundir propaganda disfrazada de información. En realidad, estas prácticas –impedir a los profesionales interpelar a las fuentes- pretenden justamente eso. En esta conferencia, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) Elsa González, denunció que las formas se han sofisticado: “ahora nos convocan y no lo llaman rueda de prensa”, pero el objetivo es el mismo, la comunicación unilateral, la imposibilidad del profesional de la información de preguntar, rebatir y cuestionar al emisor, y hacer llegar a la opinión pública una consigna o idea sin posibilidad de crítica. La presidenta de la FAPE recordó que los partidos políticos y otras instancias de poder se han dotado de equipos de comunicación que elaboran vídeos de mítines o eventos con el objetivo de evitar el filtro y la interpretación del periodista: ellos seleccionan planos, secuencias y la intervención a emitir en los teleinformativos. Estos hábitos son impensables en otros países de nuestro entorno europeo. De hecho, el Consejo de Europa y el Parlamento europeo dieron la razón a los periodistas españoles en sus denuncias en sendas resoluciones aprobadas en 2012, en donde advertían sobre grave amenaza que representan para la salud democrática del derecho y la libertad de prensa en nuestro país. Aquella iniciativa de los periodistas que suscribieron dicho manifiesto perseguía que los medios de comunicación no difundiesen actos en los que se coarta el derecho y la libertad de información, pero este objetivo no se consiguió. La falta de consenso entre los diferentes medios ha hecho imposible erradicar estas limitaciones al ejercicio profesional. Ahí está la clave, tal y como coincidieron en señalar los intervinientes en este foro de diálogo: la necesidad de una representación de la profesión periodística fuerte y única frente a la atomización actual que caracteriza a los órganos de filiación periodística. Para combatir la propaganda y su fin último, la manipulación de la opinión pública, diferentes organismos internacionales de defensa de la libertad de expresión insisten en tres puntos fundamentales. El primero de ellos consiste en que los medios de comunicación distingan nítidamente los hechos de la opinión. Sin embargo, la percepción ciudadana es la sobreexposición a debates y tertulias políticas y de información general, frente a una ausencia de espacios informativos, siempre más caros de producir que los anteriores. La segunda premisa incide en la necesidad de transparencia en la propiedad de los medios de comunicación. Y la tercera se refiere a la alfabetización mediática de la población para que tenga capacidad de analizar de forma crítica los mensajes que recibe a través de los medios. Otra clave está en el papel que desempeñan los medios de comunicación públicos. Las radios y las televisiones que en España atraviesan momentos de enorme inestabilidad. La periodista de TVE Alicia Gómez Montano, que intervino en esta conferencia organizada por el CAA, apostó por devolver a la ciudadanía el poder sobre los medios públicos. Gómez Montano recordó “de dónde venimos”: de unos medios públicos creados en la dictadura, al servicio del régimen y caracterizados por la censura y la propaganda. Con la Transición a la democracia, recordó, “entregamos el control de los medios públicos a los partidos políticos, y se produjo una perversión: pusimos la radio y la televisión pública en manos del partido que tiene la mayoría, no en manos del Parlamento”. Según la veterana periodista navarra, el tratamiento informativo que hizo la televisión pública de las manifestaciones de no a la guerra de Irak, o del desastre del Prestige “fraguó el concepto de manipulación en la sociedad de una forma que no se había producido hasta entonces”. Otra reflexión planteada en esta jornada tuvo que ver con las próximas convocatorias electorales que se avecinan y el papel de los medios de comunicación en las campañas de los partidos. Según el decano del Colegio de Periodistas de Andalucía, Antonio Manfredi, las próximas campañas electorales incidirán poco en la decisión de voto de la mayoría de los ciudadanos a diferencia de lo que venía ocurriendo hasta ahora. ¿Por qué? Manfredi recordó que el ciudadano cuenta ahora con otras herramientas tan potentes como la televisión que le permiten configurar su realidad, especialmente internet y dentro de internet, las redes sociales. “Insistir en mensajes cargados de efectismo pero carentes de veracidad no conduce a conseguir el poder, al menos con tanta profundidad como hasta ahora”, dijo. Esta advertencia del decano del Colegio de Periodistas andaluces vino a recordarnos que los escenarios y los paradigmas de la comunicación de masas están cambiando a un ritmo vertiginoso. Y sin embargo, la propaganda disfrazada de información sigue aún teniendo el poder de condicionar decisiones trascendentales que afectan a toda la ciudadanía. La capacidad y la intención de los profesionales de la información y del periodismo por evitarlo se mantiene como algo imprescindible para preservar derechos fundamentales de la ciudadanía.Archivado en: Autorregulación, Pluralismo, Radio, Servicio público, Televisión

Mujeres en la élite deportiva, un fuera de juego para los grandes medios de comunicación

Mar, 30/09/2014 - 10:47
La polvareda de declaraciones y reacciones suscitada en los últimos días por el nombramiento de una mujer (Gala León) como entrenadora del equipo masculino de tenis para la Copa Davis revela en casi toda su dimensión algunas de las consecuencias (nefastas) de un hecho constatado empíricamente: la mujer es invisible en el mundo deportivo que reflejan los medios de comunicación más allá de las “paragüeras”, de “las chicas de la contraportada” o de las parejas de los astros del balón. Al margen de las cualidades profesionales de Gala León para dirigir un equipo en la alta competición, las reticencias manifestadas públicamente por destacados actores deportivos y el revuelo mediático de su nombramiento no hacen más que evidenciar el papel que, en términos generales, el ideario colectivo le reserva a la mujer en el mundo del deporte, sobre todo si nos movemos en una especialidad altamente competitiva. Si una persona se formara una idea de la realidad exclusivamente a través de la televisión, la radio y la prensa escrita, pensaría que el deporte es cosa de hombres. En los telediarios, por ejemplo, cuatro de cada 100 deportistas entrevistados a lo largo de 2012 fueron mujeres. Un dato escandaloso teniendo en cuenta, no sólo que venimos de unos años en los que el deporte femenino nacional ha protagonizado éxitos notables en competiciones internacionales (últimas olimpiadas de Londres), sino que la sección de deportes progresivamente ha ido ganando minutos al resto de la información en los telediarios. En cuanto a las retransmisiones de competiciones deportivas femeninas, el balance es igualmente sonrojante sin que a nadie parezca importarle demasiado. Estas prácticas tienen unos efectos devastadores para las mujeres y niñas, que carecen de referentes a imitar en el mundo del deporte. Tiene efectos fatales también sobre aquellas deportistas de élite que pretendan vivir de esta vocación aunque ganen todos los torneos donde compitan, a diferencia que la mayoría de sus compañeros hombres. La pescadilla que se muerde la cola: falta de patrocinadores, menor eco mediático, invisibilidad. Resultado: ausencia de medios para competir. Este verano, la nadadora Mireia Belmonte batía todos los récords de un deportista español: ganó seis medallas en el campeonato europeo de Berlín (dos oros, dos platas, dos bronces), y a los pocos días, se hacía con tres oros y una plata en la Copa del Mundo de Doha, un récord mundial incluido. Los triunfos de Doha le reportaron apenas 4.000 euros que emplea en costearse los traslados y estancias en las ciudades donde tiene que competir. Tras su hazaña, la nadadora lanzó una certera crítica a los medios “Importa más el pelo de Sergio Ramos que mi récord del mundo”. Mireia Belmonte se ha salido del estereotipo que los medios han forjado de las mujeres en el ámbito deportivo. Ahora a Gala León le ocurre algo similar. La presidenta de Honor de WomenCeo, Eva Levy, alta ejecutiva desde hace 30 años, definió recientemente este concepto, el estereotipo, como “una suma de prejuicio y generalización, más o menos letal. (…) Tal vez al elaborarse el estereotipo hay ya alguna conciencia –o conciencia plena- del error de partida, pero resulta cómodo porque supone una simplificación que nos permite opinar o decidir sobre la marcha”. Los profesionales de los medios de comunicación tienden a simplificar la realidad para poder explicarla y describirla en una tarea diaria y frenética. Sin embargo, este resumen es incompleto cuando se trata de la visibilidad femenina. En el quinquenio comprendido entre 2009 y 2013 la voz de la mujer representó el 28,6% del total de las entrevistas de los informativos de las televisiones andaluzas, sin que en los últimos años haya avanzado esta magnitud a favor de las mujeres, más bien al contrario. La presencia es residual en noticias de deportes, o en las que hablan de tecnología, economía, ciencia… En Francia, bastó un solo informe de este tipo elaborado por el consejo audiovisual galo, que arrojó porcentajes similares a los registrados en Andalucía, bastó para arrancar un compromiso de los canales públicos de alcanzar un 30% de presencia femenina en este año. En la BBC también decidieron incorporar medidas correctoras ante las quejas recibidas por parte de la audiencia. En España, una mujer elegida para dirigir un equipo masculino de tenis genera ríos de tinta y horas de tertulia audiovisual donde se cuestiona su valía y las posibilidades de desempeñar correctamente su función por el mero hecho de ser mujer.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Pluralismo, Televisión

Noticias sobre asesinatos machistas, un ránking macabro y estéril

Mié, 03/09/2014 - 11:33
“Sigo teniendo mis reparos sobre la forma en que se hacen las coberturas. Eso de: “ya son treinta y tantas muertas por violencia de género en lo que llevamos de año”, suena a competición. A partir de ahí se repite el esquema informativo en cada caso; se cuenta cuándo la han matado, cómo, ofreciendo muchos detalles que sobran. El tratamiento no es el adecuado y creo que tiene un efecto negativo en muchos sentidos. Tenemos que ser muy cuidadosos con estas informaciones. Algo hacemos mal. De hecho, la gran cobertura informativa no ha llevado a una disminución drástica de la violencia de género. Debemos plantearnos que lo importante no es difundir con detalles esos hechos sino extendernos en explicaciones sobre la necesidad de denunciar y los cauces. En eso sí que debemos ser repetitivos. Hay que mentalizar a la ciudadanía de que debe denunciar. Hay que concienciar de que no debemos permitir, ni hombre ni mujer, que nos violenten, que la primera bofetada ya sobra”. Estas son las reflexiones de la prestigiosa y veterana periodista de TVE Pilar Requena, sobre el tratamiento mediático de la violencia de género en una recomendable entrevista publicada recientemente en eldiario.es. En este blog le dedicamos mucho espacio a esta cuestión: es un asunto en el que hay vidas en juego y los medios desempeñan un papel fundamental en la concienciación y combate de este déficit democrático, como lo llama la abogada y política vasca Rafaela Romero en un artículo titulado “No es una lacra, es un gran déficit democrático”. Este último mes de agosto ha sido especialmente cruento, con ocho mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Un pico en la macabra estadística que, a fuerza de perpetuar el esquema de noticia del que habla Requena: “víctima número x en lo que va de año, existencia o no de denuncia previa, arma utilizada, edad de la mujer asesinada” desdibuja el drama personal al que están sometidas las víctimas. Los datos son importantes, describen una realidad, pero por si mismos se limitan a ser una descripción cuantitativa. Es necesario ir a lo cualitativo en el tratamiento mediático de la violencia de género si queremos conseguir algo más que darnos cuenta de que el problema está ahí y es grave. Si queremos evitar que el dato acabe desdibujando a las víctimas y las despersonalice. En este infausto mes de agosto, los medios convirtieron en elemento central de la noticia la condición laboral y la formación de una de las víctimas: Ana María Márquez era la directora del Museo de Nerja, como titulaban las agencias de prensa, y repitieron otros medios al informar sobre el crimen. Márquez era licenciada en Historia por la Universidad de Córdoba, experta en Patrimonio Cultural por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y consultora en Arqueología y Museología. En noviembre de 2013 fue nombrada directora del Museo de Nerja después de superar el proceso selectivo y la realización de diversas pruebas. Este perfil llamó tanto la atención porque parecía salirse del estereotipo de víctima de violencia de género, que en el ideario colectivo se representa como una mujer con pocos recursos, baja formación y de extracción humilde. Y nada más lejos de la realidad. Entre todas las acciones que los medios de comunicación pueden poner en marcha para combatir desde su ámbito la violencia machista, está el dar voz a los expertos en esta materia y a víctimas que hayan salido del infierno. Sería una novedad respecto a lo que estamos acostumbrados a ver y oír: la noticia plantilla. Así, quizás muchas mujeres y jóvenes –preocupante la percepción de la violencia de género entre los adolescentes- serían conscientes a tiempo de que todos y cada uno de los asesinos tenían un concepto de la relación que pasaba por el control de la pareja, a la que consideran un ser inferior cuya conducta hay que corregir. Un control que se traduce en celos, en acoso, en aislamiento social, en maltrato psicológico y culmina con la violencia física que puede llevarlas, como vemos todos los meses, casi todas las semanas, hasta la muerte, sin importar su condición social. El problema es muy complejo, pero desde luego no es propio de la extracción social de la mujer, sino del machismo radical del maltratador, una forma de pensamiento transversal. Contra eso es contra lo que deberíamos luchar todos los estamentos con responsabilidad en la materia. Los números tan solo ilustran esta realidad tan macabra, dolorosa e injusta.Archivado en: Contenidos discriminatorios, Servicio público

Violencia en el telediario, el plato fuerte del espectáculo

Mié, 09/07/2014 - 19:16
  Lo que hace unos años era excepción, la emisión de imágenes extremadamente violentas en un telediario de sobremesa, internet y la crisis económica han convertido en hábito. Y así, contemplamos en un informativo de las tres de la tarde una violenta agresión ocurrida en un remoto pueblo de China: un ciudadano, machete en mano, la emprende a golpes contra unos compatriotas que distraídos jugaban una partida de cartas. No se informó de la causa ni de las consecuencias de dicha agresión, brutal. Resulta difícil explicar el encaje de estas imágenes en la escaleta, pues tampoco se daba el requisito de proximidad geográfica, uno de los elementos que definen una noticia. La secuencia se emitió a modo de flash, sin desarrollo, junto con otros titulares relacionados con la actualidad en Irak y con la publicación de determinado dato macroeconómico. Se diría pues, que la relevancia radicaba en la naturaleza violenta de dichas imágenes. Tampoco es raro contemplar en los informativos atracos comunes, donde podemos ver a través de las cámaras de seguridad de los comercios cómo los delincuentes amenazan o agreden con armas a los empleados de la tienda asaltada, unas veces es una joyería, otras una gasolinera o un comercio de electrodomésticos. La noticia es la secuencia violenta, no el robo en sí mismo. Hace relativamente pocos días se emitieron las imágenes de un agente de seguridad marroquí apaleando a un inmigrante que intentaba saltar la valla de Melilla, pero ahí quedó toda la información, apenas diez segundos de imágenes crueles y altamente agresivas, sin contexto, sin seguimiento posterior y sin siquiera tono de denuncia. En temporada taurina es casi inevitable que las cogidas de toreros en las plazas abran los informativos de mediodía, y se emiten además a modo de “careta”, el informativo abre con esa imagen tremendamente agresiva, sin explicación sin rótulos que nos contextualicen y, por supuesto, sin advertencia previa del presentador o presentadora para que evitemos contemplar imágenes que pueden herir nuestra sensibilidad o la de los menores de edad que estén viendo también la televisión a esa hora. Los expertos y estudiosos de los medios han identificado tres efectos de la violencia en televisión sobre el público que varían o se pueden intensificar en función de una serie de factores, como el contexto social, familiar, grado de instrucción, etc… Así, la violencia en televisión puede tener efectos miméticos, de forma que niños y adultos expuestos a grandes dosis de violencia televisada pueden llegar a ser más agresivos o desarrollar actitudes violentas para resolver conflictos. Otro de los efectos consiste en la insensibilización ante la violencia real del mundo que les rodea, insensibilidad ante el dolor ajeno y predisposición a aceptar un aumento de la violencia en la sociedad. Por último, se habla de sobreestimación del índice de la violencia real y la creación de miedo en el telespectador al hacerle ver que vive en un contexto de peligrosidad. La emisión de imágenes violentas sin razones periodísticas que justifiquen su difusión se está convirtiendo en un fenómeno habitual sin que sepamos por qué. De lo que no cabe ninguna duda es de que los efectos de la violencia en televisión son perniciosos, y que además, estas prácticas abundan en una deriva peligrosa por la que se están deslizando los informativos: cada vez más pensados para entretener que para informar, y esa violencia es el plato fuerte del espectáculo. NOTA: A pesar del empuje de internet como medio de comunicación indiscutible y global, la televisión generalista se mantiene como fuente principal para recibir noticias para el 76% de la población española, según el último informe Digital News Report 2014. En Andalucía, es el primer medio utilizado para informarse para el 42,6% de la población, según el último Barómetro Audiovisual de Andalucía 2013.Archivado en: Menores, Televisión, Vídeos

Día Internacional de la Mujer, una celebración ensombrecida por la violencia

Sáb, 08/03/2014 - 01:24
Este Día Internacional de la Mujer, pese al esfuerzo de tantas personas e instituciones, ha tenido un sangriento preámbulo: cuatro muertes en dos días nos recuerdan el dramático problema de la violencia machista, que en lo que va de año suma ya 15 víctimas mortales. Los cuatro últimos casos, en Andalucía. Según acaba de desvelar la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE, una de cada tres mujeres europeas ha experimentado violencia física y/o sexual. Se trata, si se extrapolan los datos, de 62 millones de mujeres. Y algo más de una de cada cinco (22%) aseguró que había sufrido esa violencia física y/o sexual por parte de una pareja o expareja. La dimensión y calado de esta lacra sobrecogen. El CAA valora positivamente la contribución de los medios para sacarla a la luz y concienciar a la sociedad, si bien, nuestros datos revelan una pérdida de pulso en la relevancia informativa del maltrato machista.  En 2012, hubo menos noticias relacionadas con la violencia de género y fueron más cortas que en el ejercicio anterior. Continúa, además, el incumplimiento del compromiso suscrito por las televisiones para difundir el teléfono de denuncia y atención a las víctimas 016 cuando se informa de asesinatos. El esfuerzo por evitar un tratamiento informativo contraproducente no debería conducir a una presentación de los crímenes desnuda de la función social y pedagógica que se espera de los medios. Hoy es un día para congratularnos de lo conseguido con el esfuerzo y el sacrificio de muchas mujeres y hombres, pero es también una jornada para reflexionar que transcurre bajo la sombra de esas mujeres asesinadas en el seno de una sociedad que no sabe extirpar ese tumor de su cuerpo. Estamos convencidos de que los medios de comunicación forman parte del tratamiento. No es una enfermedad que sólo afecte a mujeres, es una epidemia que a todos nos atañe. Sólo desde el compromiso colectivo y la tolerancia cero podremos sanear nuestra sociedad, sólo reflejando adecuadamente la magnitud de estas terribles derrotas cotidianas podremos, algún futuro 8 de marzo, despejar completamente nuestras sonrisas de esta vergüenza que no cesa.Archivado en: Autorregulación, Contenidos discriminatorios, Televisión

El poder de la televisión sigue intacto, tanto para lo bueno como para lo malo

Vie, 31/01/2014 - 14:56
Nos movemos en los niveles de consumo de televisión más elevados de toda nuestra historia. Cada español pasó ante la pantalla más de cuatro horas diarias (244 minutos) durante 2013, una marca sólo superada el año anterior, cuando el consumo se elevó a 246 minutos -según datos de Kantar Media-. La crisis, no olvidemos que la pequeña pantalla ofrece un ocio barato, el asentamiento de las nuevas tecnologías, así como el empuje de las redes sociales son factores que han contribuido a fomentar el producto audiovisual. Si analizamos las audiencias por comunidades autónomas, los andaluces constituimos el público que más televisión consume, con 260 minutos por persona y día. A pesar de la convivencia con otros medios y del profundo proceso de transformación tecnológica en el que se ve inmersa, la televisión sigue gozando de un notable vigor y de una inmensa influencia. Tres de cada cuatro andaluces aseguran que la televisión es el medio que prefieren para informarse –según datos del Barómetro Audiovisual de Andalucía que elabora anualmente el CAA-, mientras que el porcentaje de la población de la Comunidad que la elige para entretenerse supera el 82%. Estos datos nos dicen algo que ya sabíamos, pero que a veces no tenemos presente. Nos hablan del poder que tiene la televisión y del enorme daño que puede causar a la sociedad si no somos conscientes de que, como también es bien sabido, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. No debemos, por ejemplo, caer en el error de pensar que podemos hablar en televisión como si estuviéramos en la barra de un bar. La escala y la onda expansiva son muy diferentes. Recientemente, un juez ha condenado el periodista Eduardo García Serrano por los insultos que profirió en una tertulia de Intereconomía contra la ex consejera de Salud catalana Marina Geli. La sanción aplicada es de 18.000 euros y el periodista, además, deberá abonarle una multa de 12 euros al día durante nueve meses. Los insultos – “guarra”, “zorra repugnante”, “puerca”- fueron graves y tuvieron una importante repercusión pública, como demuestra el hecho de que, a pesar de que han pasado más de tres años desde los hechos juzgados, si se teclea el nombre de la diputada en Google, las imágenes de esa tertulia siguen apareciendo entre los primeros resultados. La penetrante influencia de la televisión, para lo bueno y para lo no tan bueno, es innegable. Y no se limita a la idoneidad de los contenidos que emite, sino que también importa y mucho cuándo los emite, pues la estructura de la programación puede condicionar nuestros hábitos de descanso, el ritmo de nuestros quehaceres cotidianos. La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE)  concluyó que el prime time en España se ha alargado demasiado y tiene un público considerable pasadas las 23:00 h. (la hora a la que, según la ARHOE, debería finalizar). El momento de mayor audiencia se ha desplazado en torno a hora y media desde 1990, aumentando aún más la diferencia que ya existía con el resto de países de la UE. La Asociación de Usuarios de la Comunicación ha pedido a las cadenas de televisión un esfuerzo para el año que empieza. Las cadenas no pueden considerarse responsables de las pocas horas de sueño y del hábito de trasnochar que caracteriza incluso a nuestros menores, pero no cabe duda de que un mayor cuidado en las franjas de emisión de determinados programas de éxito tendría un efecto muy beneficioso para la organización y el descanso suficiente de la ciudadanía. La vitalidad e influencia que sigue presentando la televisión en nuestra sociedad hace que sea imprescindible que los poderes públicos se mantengan vigilantes sobre las consecuencias de posibles malas prácticas. España es el único país de nuestro entorno europeo que carece de un regulador audiovisual nacional de carácter independiente y dotado con las correspondientes competencias. Sus funciones han sido asumidas en parte por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). En nuestro país, Cataluña y Andalucía son las dos comunidades autónomas que cuentan con órganos específicos e independientes de regulación audiovisual. Más allá de mantenernos bien alerta y de aplicar las sanciones que contempla la normativa, hay que profundizar en los procesos de alfabetización mediática, porque también la salud del sector audiovisual es una cuestión de educación. Es importante que haya un órgano que multe cuando alguien vulnera la Ley insultando gravemente a otra persona a través de la pantalla, pero no nos olvidemos de difundir valores como el respeto mutuo, el pluralismo democrático, el reconocimiento de la diversidad… Siempre es mejor apostar fuerte por la medicina preventiva que por la cirugía, aunque ésta resulte imprescindible.Archivado en: Autorregulación

Un día para reivindicar un maravilloso medio, capaz de lo mejor (y de lo peor): la televisión

Jue, 21/11/2013 - 09:52
Hoy celebramos el Día Mundial de la Televisión, instaurado por las Naciones Unidas en 1996. Durante los 17 años transcurridos desde entonces, muchos aspectos de la televisión han cambiado sustancialmente, si bien, en lo fundamental, prevalece su esencia: es un fantástico medio de comunicación para “ejercer el bien”: acercarnos a nuestra casa el mundo que nos rodea, desde lugares cercanos a parajes remotos, informarnos de los acontecimientos de interés, facilitarnos enormemente el acceso a la cultura y el entretenimiento, alimentar nuestra imaginación y deleitar nuestros gustos estéticos, fomentar la creatividad, crear comunidad, y un largo etcétera. Pero su enorme capacidad de influencia y penetración la convierte al mismo tiempo en una poderosa arma de manipulación, de propaganda, de desinformación. Para evitar esto último, las democracias europeas concibieron en su día un sistema de regulación donde los operadores de televisión deben someterse a unas reglas que garanticen el respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía. La profunda crisis que atravesamos en Europa en general, y en España en particular, está afectando de forma muy severa a las televisiones, y esta circunstancia repercute de forma directa sobre la sociedad: los contenidos son de peor calidad por el imperativo abaratamiento de costes, la información es escasa, puesto que es cara de producir, y las parrillas se llenan de opinión, normalmente poco cualificada, y muy barata. Esta vorágine desembocó, el pasado mes de junio, en una drástica decisión del Gobierno griego, acuciado por los recortes, al optar por cerrar la televisión pública. En España, recientemente, el Gobierno autonómico de Valencia ha decidido hacer lo propio con la televisión de esta comunidad por falta de presupuesto. Se ha abierto así la senda de la supresión de servicios públicos que, según el concepto europeo de democracia, son esenciales para la contribución a la formación de una opinión pública libre, pero que en estos tiempos de precariedad, son vistos por algunos como gastos superfluos. Una visión que cuenta con el inestimable apoyo de una buena parte del sector audiovisual privado. Precisamente si algo ha demostrado el tiempo, no sólo la virulenta irrupción de la crisis, es que las televisiones privadas que, legítimamente, tienen en su objetivo el interés comercial y el de sus accionistas, no cubren las necesidades de información, formación y divulgación cultural en la misma medida en que sí vienen haciéndolo, mejor o peor, las televisiones públicas. Éstas sí tienen en su horizonte –o así ha de ser- el interés social y un mandato muy claro: garantizar el derecho a la información. Teniendo en cuenta que la penetración de la televisión alcanza al 89% de la población y que en 2012 hubo un récord de horas de consumo por habitante y día, es muy oportuno aprovechar el día de hoy para reivindicar la existencia y la calidad de un medio de comunicación de masas responsable de relevantes y prósperos cambios sociales, motor de la industria audiovisual, difusor de conocimiento y de cultura, de diversidad y pluralismo. Archivado en: Cultura, Pluralismo, Servicio público, Televisión