Un primer balance de la información sobre la pandemia. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy (y IV)

Blog del CAA - Jue, 05/08/2021 - 12:52
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, concluye su análisis de los actuales problemas de la comunicación audiovisual con un balance inicial de la cobertura informativa de la pandemia. El periodista y profesor destaca el notable esfuerzo realizado por los medios para responder a las demandas de noticias por parte de los ciudadanos y su importante labor en casos como la denuncia de la situación por la que pasaban las residencias de ancianos. Apunta también, no obstante, algunas deficiencias o insuficiencias como la sobreinformación, ciertos alarmismos, falta de evaluación del papel de las multinacionales farmacéuticas, una escasa defensa de la OMS frente a los ataques de la Administración de Donald Trump que llevaron a la desorientación de la opinión pública o, simplemente, que no se haya dado el adecuado relieve a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos. No es fácil un análisis a modo de balance provisional, que se quiera objetivo, de la información sobre la pandemia ofrecida por los medios españoles, incluidos por tanto los andaluces, a lo largo de 18 intensos meses de pandemia, los transcurridos de enero de 2020 a junio de 2021. El Covid-19 llega cuando las redacciones de los medios más relevantes están comenzando a recuperarse de una larga crisis económica, social y laboral que ha reducido las redacciones y ha rebajado los salarios; esos medios han sufrido en paralelo la reducción de los ingresos publicitarios y se han visto obligados a relevantes transformaciones -no siempre acertadas o culminadas con éxito- ante el ascenso y dominio de la información en red. La pandemia impone a su vez otras restricciones, redacciones en cuadro por contagios o confinamientos precautorios, múltiples obstáculos para el libre ejercicio de la profesión o el ejercicio de la crítica, sensación muy generalizada de estar siendo utilizados por la clase política, todo ello justo en una coyuntura en que la demanda informativa de la sociedad lógicamente crece en porcentaje extraordinario. En conjunto puede afirmarse que los medios realizan desde el inicio de la pandemia un notable esfuerzo por informar, por responder a las demandas e inquietudes populares, y hacerlo en las mejores condiciones posibles. Con frecuencia actuando de ejemplo -uso de mascarillas, mantenimiento de distancias, recurso a científicos y expertos solventes- y denunciando incumplimientos. Es bien significativo que la más prestigiosa publicación de Medicina, la británica The Lancet, hubiese de rectificar mediado el 2020 una información sobre la hydroxycloroquina y el Covid-19 y su director lo justificase reconociendo que la revista había reducido el exigente proceso de verificación ante las urgencias informativas que planteaba la pandemia. Sin embargo, el análisis obliga a constatar algunas deficiencias o insuficiencias. 1.- A menudo se evidencia una sobreinformación, una saturación que entre otros problemas lleva a dar relieve a novedades o aspectos que pronto se revelan sin significado, o a exagerar peligros. Es cierto que el periodista, en una coyuntura pródiga en novedades en cascada que piden inmediato traslado a la opinión pública, no siempre tiene la posibilidad de valorar trascendencias, pero sí la de no crear alarmas sin base real1. El mejor ejemplo es probablemente la actitud de una clara mayoría de los medios en septiembre de 2020, al inicio de la «vuelta al cole», cuando se temen y hasta se pronostican contagios masivos y múltiples problemas derivados de la asistencia presencial a los centros, que algunos medios llegan a presentar como un grave error. Concluido el curso, lo que se comprueba es prácticamente lo contrario, los centros educativos, profesores y alumnos han dado ejemplo de cumplimiento inteligente de la normativa. En un proceso que implica a muchos miles de centros y profesores y a millones de alumnos, los casos -cierre de aulas por ejemplo- han sido proporcionalmente mínimos. Que episodios como el contagio juvenil masivo en Baleares se produzcan a finales de junio de 2021, justamente cuando el curso ha concluido, evidencia que la respuesta del sistema educativo fue positiva y la generalizada desconfianza de los medios un error2. 2.- El sistema informativo, visto de forma global, en este caso no solo española, ha sido extremadamente cauto, o sencillamente ha guardado silencio ante problemas de primer orden como los evidenciados en los últimos meses, los meses de la pandemia. El acoso a la Organización Mundial de la Salud por parte de la administración de Donald Trump, por ejemplo. Ciertamente, la OMS tiene visibles deficiencias o insuficiencias, pero la poderosa administración norteamericana contribuye a desprestigiarla, a desorientar a la opinión pública y en definitiva a paralizarla por la reducción de fondos cuando más necesaria se hace. Lo están aprovechando además países dudosamente democráticos como China. Pero qué pocas defensas de la OMS hemos visto en los medios3. 3.- Aspecto muy positivo es que los medios, con pocas excepciones, han resaltado el escándalo de las residencias de ancianos, convertidas en las últimas décadas, cuando cayeron en picado las guarderías, en lucrativo y generalizado negocio, pero donde se han identificado serias insuficiencias cuando no prácticas que podrían considerarse delictivas. Sin embargo. en este aspecto los medios han tropezado con las primeras sentencias de los tribunales, tras rechazo de muchas demandas, que recuerdan, por ejemplo, que el demandante debe probar las acusaciones al demandado, y que en general han tendido a exonerar de culpa a las residencias y, sobre todo, a los gobiernos regionales. En todo caso, la sensibilidad actual de la opinión pública sobre los problemas de las residencias de ancianos -con su reflejo político- debe mucho a la labor de los medios. 4.- No se ha dado relieve, con excepciones, a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos, incluyendo episodios tan lamentables como el de India -1.300 millones de habitantes-, gran productor de medicamentos, vendiendo masivamente su producción -en plantas de multinacionales como Astrazeneca- en los mercados internacionales mientras carecen de ellas millones de hindúes. ¿Por qué si las investigaciones han recibido una masiva y mayoritaria financiación pública, no se ha buscado que beneficiasen a toda la humanidad sino a un grupo de países? La iniciativa Covax, Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19, vía donaciones como la española -22 millones de dosis- es un paliativo, que fue además obstaculizado por la administración Trump, todo un detalle, en tanto Rusia sencillamente ha ignorado la iniciativa, pero no oculta la envergadura del problema. En muchos, países, además, hacen falta no sólo el medicamento, también infraestructuras complementarias para distribución y vacunación. 5.- La pandemia, su amplitud, su duración, la sucesión de oleadas y de mutaciones han desorientado con frecuencia a los gobiernos, obligados a tomar medidas generales urgentes, una urgencia que a menudo ha ido en detrimento no solo de la coherencia, sino de los niveles democráticos, con decisiones relevantes al margen de los parlamentos o sin suficiente debate público y al mismo tiempo un papel relevante, pero indeciso y a veces contradictorio, de la Justicia. Ello ha sido aprovechado desde luego por los sectores menos democráticos de la sociedad, se ha visto en Europa y se ha visto fuera de ella. Ocurre en paralelo que el proceso ha estado muy influido por la batalla política, a veces, como en España, sin término medio. La propia clase política, tan desorientada, ha influido en abundancia: en numerosos países -España, Francia, México…- se relativiza primero la utilidad de la mascarilla, para afirmar luego su carácter imprescindible. La propia OMS afirmaba en febrero de 2020: «no se recomienda su uso a personas sanas en la vida cotidiana». Muchas contradicciones, pero ese término medio, ese análisis sosegado, esas propuestas sensatas, donde tienen papel decisivo los medios informativos, se ha echado en falta. 6.- Se constata escasa información y ausencia de evaluación sobre el papel desempeñado por la sanidad privada, un sector que en prácticamente toda Europa viene teniendo un sostenido crecimiento desde hace tres décadas, a menudo con claro apoyo oficial, pero que en estos meses ha mostrado insuficiencias o inercias. Han cerrado muchos centros, sobre todo los carentes de internamientos, y se han intensificado los procesos de fusión en los últimos meses. Desde el sector se han entablado numerosas reclamaciones a los gobiernos regionales sobre ayudas no recibidas en la primera oleada de la pandemia, compensaciones económicas insuficientes, incluso posible lucro cesante, pero en general se constata que el sector de la sanidad privada no ha estado a la altura de cuanto exigía la lucha contra la pandemia. Los héroes en tiempos de pandemia han venido de la sanidad pública, pero quizá los propios gobiernos no han sido hábiles en utilizar la privada. 7.- La obtención de las vacunas ha sido objetivamente un éxito de la investigación farmacéutica mundial, ciertamente bien financiada en este caso. Se ha obtenido en un tiempo comparativamente récord. Recordemos, por ejemplo, las dificultades para una vacuna universal contra la malaria, enfermedad que cada año causa millón y medio de muertes en el mundo -países pobres- e investigación en la que se trabaja desde hace muchas décadas en muchos países. Las vacunas están en la base de dos avances básicos del mundo contemporáneo: la notable ampliación de la esperanza de vida y la reducción de la mortalidad infantil. Son imprescindibles. De promedio tardan una década en desarrollarse. Aquí no ha llegado al año. Frente a los impacientes y los escépticos, el proceso de consecución y prueba de vacunas ha sido rápido y las vacunas en general se han revelado eficaces. Probablemente ese éxito no ha sido suficientemente analizado y subrayado por los medios. “En general, faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los Estados t las organizaciones filantrópicas a cada vacuna” 8.- Al mismo tiempo se detecta un análisis insuficiente del papel de las empresas que investigan y patentan las vacunas y el propio proceso investigador. Pese a que la gran mayoría de las multinacionales farmacéuticas que han intervenido en el proceso de investigación y hallazgo de vacunas son altamente rentables, la investigación ha sido financiada por los estados desarrollados en un elevado porcentaje. En general faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los estados y las organizaciones filantrópicas a cada vacuna. Se ha afirmado que los gobiernos -Unión Europea, EE UU, Canadá, Reino Unido- han aportado no menos de 5.000 millones de euros, que se supone no es a fondo perdido sino dinero a cuenta de las futuras dosis. Es notorio que en algunas empresas, como Moderna, nada menos que un 95% de la inversión haya sido de origen público. Algunos medios, como la BBC a mediados 2020, avanzaron algunas cifras, que luego fueron matizadas. Por otro lado, faltan análisis rigurosos sobre las profundas diferencia en los precios de unas y otras vacunas, que pueden oscilar desde los 3 euros por dosis de Astrazeneca a los 17 de Pfizer o los 31 de Moderna. Por otro lado, los laboratorios no han vendido sus dosis a los mismos precios a unos y otro países, todo lo contrario, y quien ha pagado más -caso de Israel- las han recibido antes. Se constata además bastante oscuridad en los acuerdos suscritos entre la Unión Europea y cada una de las multinacionales farmacéuticas que producen vacunas contra la Covid-19. Esas multinacionales han aportado menos vacunas de las comprometidas o han dilatado los plazos de entrega, han anunciado, como Moderna, tras medio año de vacunaciones, la necesidad de una tercera dosis o sencillamente han engañado en los suministros a instituciones teóricamente poderosas como la propia Unión Europea, caso de Astrazeneca, de la que, recuérdese, fueron localizados en Italia 30 millones de dosis escamoteadas a la Unión Europea, pese a los acuerdos suscritos, con destino a países que pagaban más (como Reino Unido). Muchas de las multinacionales farmacéuticas, recordemos, tienen tras de sí penosos antecedentes. Dos películas fácilmente accesibles en plataformas de cine, Amor y otras drogas («Love and others drugs», Edward Zwick, 2010) y La Casa del Río («Little Pink House», Courthey Balaker, 2017), ilustran, por ejemplo, sobre los métodos de la empresa Pfizer. La primera en torno a la venta de su producto más popular, la viagra, la segunda sobre episodios de contaminación. Los gobiernos han recurrido a esas multinacionales considerando que con ellas era más rápido conseguir vacunas, así ha sido, y las multinacionales además han realizado un lucrativo negocio vendiendo muchos millones de dosis. En suma, en una coyuntura tan delicada como la que vive en general el mundo de la comunicación, y en especial la audiovisual, en nuestros días, la larga pandemia los ha puesto a prueba, el esfuerzo ha sido visible, pero probablemente en algunos aspectos insuficiente. Y han crecido problemas -discurso de odio, noticias falsas, influyentes sin preparación…- que una sociedad democrática, con la colaboración decisiva de los medios, debe afrontar con decisión y urgencia. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Hay que resaltar cómo destacados dirigentes políticos contribuyen a la hiperinformación. Lo continuos mensajes vía twitter de un Donald Trump, más para arremeter contra sus rivales que para informar, o las conferencias de prensa cotidianas de López Obrador -más de 620 en sus primeros 1.000 días como presidente de México, con una duración promedio superior a los 90 minutos-, son buen ejemplo. 2No solo los medios digamos diarios o de urgencia, análisis más sosegados ponían también en franca alerta, véase por ejemplo el informe de Entreculturas, «La vuelta al cole, un reto global a la sombra del pandemia», dossier de 52 páginas. [Disponible en https://www.entreculturas.org%5D 3Un buen análisis español, casi por excepción, el de José María Martin-Moreno, del Real Instituto Elcano: «La OMS en su encrucijada», mayo de 2020, disponible en http://www.realinstitutoelcano.org. El que fuera dos veces ministro de Sanidad de Francia y adjunto al secretario general de la ONU, Philippe Doueste-Blazy, en entrevista aparecida en la revista Front Populaire, nº 2 (2020), culpa claramente a los propios estados de muchos de los problemas de la OMS.

Un primer balance de la información sobre la pandemia. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy (y IV)

Blog CAA2 - Jue, 05/08/2021 - 12:52
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, concluye su análisis de los actuales problemas de la comunicación audiovisual con un balance inicial de la cobertura informativa de la pandemia. El periodista y profesor destaca el notable esfuerzo realizado por los medios para responder a las demandas de noticias por parte de los ciudadanos y su importante labor en casos como la denuncia de la situación por la que pasaban las residencias de ancianos. Apunta también, no obstante, algunas deficiencias o insuficiencias como la sobreinformación, ciertos alarmismos, falta de evaluación del papel de las multinacionales farmacéuticas, una escasa defensa de la OMS frente a los ataques de la Administración de Donald Trump que llevaron a la desorientación de la opinión pública o, simplemente, que no se haya dado el adecuado relieve a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos. No es fácil un análisis a modo de balance provisional, que se quiera objetivo, de la información sobre la pandemia ofrecida por los medios españoles, incluidos por tanto los andaluces, a lo largo de 18 intensos meses de pandemia, los transcurridos de enero de 2020 a junio de 2021. El Covid-19 llega cuando las redacciones de los medios más relevantes están comenzando a recuperarse de una larga crisis económica, social y laboral que ha reducido las redacciones y ha rebajado los salarios; esos medios han sufrido en paralelo la reducción de los ingresos publicitarios y se han visto obligados a relevantes transformaciones -no siempre acertadas o culminadas con éxito- ante el ascenso y dominio de la información en red. La pandemia impone a su vez otras restricciones, redacciones en cuadro por contagios o confinamientos precautorios, múltiples obstáculos para el libre ejercicio de la profesión o el ejercicio de la crítica, sensación muy generalizada de estar siendo utilizados por la clase política, todo ello justo en una coyuntura en que la demanda informativa de la sociedad lógicamente crece en porcentaje extraordinario. En conjunto puede afirmarse que los medios realizan desde el inicio de la pandemia un notable esfuerzo por informar, por responder a las demandas e inquietudes populares, y hacerlo en las mejores condiciones posibles. Con frecuencia actuando de ejemplo -uso de mascarillas, mantenimiento de distancias, recurso a científicos y expertos solventes- y denunciando incumplimientos. Es bien significativo que la más prestigiosa publicación de Medicina, la británica The Lancet, hubiese de rectificar mediado el 2020 una información sobre la hydroxycloroquina y el Covid-19 y su director lo justificase reconociendo que la revista había reducido el exigente proceso de verificación ante las urgencias informativas que planteaba la pandemia. Sin embargo, el análisis obliga a constatar algunas deficiencias o insuficiencias. 1.- A menudo se evidencia una sobreinformación, una saturación que entre otros problemas lleva a dar relieve a novedades o aspectos que pronto se revelan sin significado, o a exagerar peligros. Es cierto que el periodista, en una coyuntura pródiga en novedades en cascada que piden inmediato traslado a la opinión pública, no siempre tiene la posibilidad de valorar trascendencias, pero sí la de no crear alarmas sin base real1. El mejor ejemplo es probablemente la actitud de una clara mayoría de los medios en septiembre de 2020, al inicio de la «vuelta al cole», cuando se temen y hasta se pronostican contagios masivos y múltiples problemas derivados de la asistencia presencial a los centros, que algunos medios llegan a presentar como un grave error. Concluido el curso, lo que se comprueba es prácticamente lo contrario, los centros educativos, profesores y alumnos han dado ejemplo de cumplimiento inteligente de la normativa. En un proceso que implica a muchos miles de centros y profesores y a millones de alumnos, los casos -cierre de aulas por ejemplo- han sido proporcionalmente mínimos. Que episodios como el contagio juvenil masivo en Baleares se produzcan a finales de junio de 2021, justamente cuando el curso ha concluido, evidencia que la respuesta del sistema educativo fue positiva y la generalizada desconfianza de los medios un error2. 2.- El sistema informativo, visto de forma global, en este caso no solo española, ha sido extremadamente cauto, o sencillamente ha guardado silencio ante problemas de primer orden como los evidenciados en los últimos meses, los meses de la pandemia. El acoso a la Organización Mundial de la Salud por parte de la administración de Donald Trump, por ejemplo. Ciertamente, la OMS tiene visibles deficiencias o insuficiencias, pero la poderosa administración norteamericana contribuye a desprestigiarla, a desorientar a la opinión pública y en definitiva a paralizarla por la reducción de fondos cuando más necesaria se hace. Lo están aprovechando además países dudosamente democráticos como China. Pero qué pocas defensas de la OMS hemos visto en los medios3. 3.- Aspecto muy positivo es que los medios, con pocas excepciones, han resaltado el escándalo de las residencias de ancianos, convertidas en las últimas décadas, cuando cayeron en picado las guarderías, en lucrativo y generalizado negocio, pero donde se han identificado serias insuficiencias cuando no prácticas que podrían considerarse delictivas. Sin embargo. en este aspecto los medios han tropezado con las primeras sentencias de los tribunales, tras rechazo de muchas demandas, que recuerdan, por ejemplo, que el demandante debe probar las acusaciones al demandado, y que en general han tendido a exonerar de culpa a las residencias y, sobre todo, a los gobiernos regionales. En todo caso, la sensibilidad actual de la opinión pública sobre los problemas de las residencias de ancianos -con su reflejo político- debe mucho a la labor de los medios. 4.- No se ha dado relieve, con excepciones, a que el sistema levantado contra la pandemia no es universal, sino esencialmente de países ricos, incluyendo episodios tan lamentables como el de India -1.300 millones de habitantes-, gran productor de medicamentos, vendiendo masivamente su producción -en plantas de multinacionales como Astrazeneca- en los mercados internacionales mientras carecen de ellas millones de hindúes. ¿Por qué si las investigaciones han recibido una masiva y mayoritaria financiación pública, no se ha buscado que beneficiasen a toda la humanidad sino a un grupo de países? La iniciativa Covax, Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19, vía donaciones como la española -22 millones de dosis- es un paliativo, que fue además obstaculizado por la administración Trump, todo un detalle, en tanto Rusia sencillamente ha ignorado la iniciativa, pero no oculta la envergadura del problema. En muchos, países, además, hacen falta no sólo el medicamento, también infraestructuras complementarias para distribución y vacunación. 5.- La pandemia, su amplitud, su duración, la sucesión de oleadas y de mutaciones han desorientado con frecuencia a los gobiernos, obligados a tomar medidas generales urgentes, una urgencia que a menudo ha ido en detrimento no solo de la coherencia, sino de los niveles democráticos, con decisiones relevantes al margen de los parlamentos o sin suficiente debate público y al mismo tiempo un papel relevante, pero indeciso y a veces contradictorio, de la Justicia. Ello ha sido aprovechado desde luego por los sectores menos democráticos de la sociedad, se ha visto en Europa y se ha visto fuera de ella. Ocurre en paralelo que el proceso ha estado muy influido por la batalla política, a veces, como en España, sin término medio. La propia clase política, tan desorientada, ha influido en abundancia: en numerosos países -España, Francia, México…- se relativiza primero la utilidad de la mascarilla, para afirmar luego su carácter imprescindible. La propia OMS afirmaba en febrero de 2020: «no se recomienda su uso a personas sanas en la vida cotidiana». Muchas contradicciones, pero ese término medio, ese análisis sosegado, esas propuestas sensatas, donde tienen papel decisivo los medios informativos, se ha echado en falta. 6.- Se constata escasa información y ausencia de evaluación sobre el papel desempeñado por la sanidad privada, un sector que en prácticamente toda Europa viene teniendo un sostenido crecimiento desde hace tres décadas, a menudo con claro apoyo oficial, pero que en estos meses ha mostrado insuficiencias o inercias. Han cerrado muchos centros, sobre todo los carentes de internamientos, y se han intensificado los procesos de fusión en los últimos meses. Desde el sector se han entablado numerosas reclamaciones a los gobiernos regionales sobre ayudas no recibidas en la primera oleada de la pandemia, compensaciones económicas insuficientes, incluso posible lucro cesante, pero en general se constata que el sector de la sanidad privada no ha estado a la altura de cuanto exigía la lucha contra la pandemia. Los héroes en tiempos de pandemia han venido de la sanidad pública, pero quizá los propios gobiernos no han sido hábiles en utilizar la privada. 7.- La obtención de las vacunas ha sido objetivamente un éxito de la investigación farmacéutica mundial, ciertamente bien financiada en este caso. Se ha obtenido en un tiempo comparativamente récord. Recordemos, por ejemplo, las dificultades para una vacuna universal contra la malaria, enfermedad que cada año causa millón y medio de muertes en el mundo -países pobres- e investigación en la que se trabaja desde hace muchas décadas en muchos países. Las vacunas están en la base de dos avances básicos del mundo contemporáneo: la notable ampliación de la esperanza de vida y la reducción de la mortalidad infantil. Son imprescindibles. De promedio tardan una década en desarrollarse. Aquí no ha llegado al año. Frente a los impacientes y los escépticos, el proceso de consecución y prueba de vacunas ha sido rápido y las vacunas en general se han revelado eficaces. Probablemente ese éxito no ha sido suficientemente analizado y subrayado por los medios. “En general, faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los Estados t las organizaciones filantrópicas a cada vacuna” 8.- Al mismo tiempo se detecta un análisis insuficiente del papel de las empresas que investigan y patentan las vacunas y el propio proceso investigador. Pese a que la gran mayoría de las multinacionales farmacéuticas que han intervenido en el proceso de investigación y hallazgo de vacunas son altamente rentables, la investigación ha sido financiada por los estados desarrollados en un elevado porcentaje. En general faltan datos ciertos sobre cuánto han aportado los estados y las organizaciones filantrópicas a cada vacuna. Se ha afirmado que los gobiernos -Unión Europea, EE UU, Canadá, Reino Unido- han aportado no menos de 5.000 millones de euros, que se supone no es a fondo perdido sino dinero a cuenta de las futuras dosis. Es notorio que en algunas empresas, como Moderna, nada menos que un 95% de la inversión haya sido de origen público. Algunos medios, como la BBC a mediados 2020, avanzaron algunas cifras, que luego fueron matizadas. Por otro lado, faltan análisis rigurosos sobre las profundas diferencia en los precios de unas y otras vacunas, que pueden oscilar desde los 3 euros por dosis de Astrazeneca a los 17 de Pfizer o los 31 de Moderna. Por otro lado, los laboratorios no han vendido sus dosis a los mismos precios a unos y otro países, todo lo contrario, y quien ha pagado más -caso de Israel- las han recibido antes. Se constata además bastante oscuridad en los acuerdos suscritos entre la Unión Europea y cada una de las multinacionales farmacéuticas que producen vacunas contra la Covid-19. Esas multinacionales han aportado menos vacunas de las comprometidas o han dilatado los plazos de entrega, han anunciado, como Moderna, tras medio año de vacunaciones, la necesidad de una tercera dosis o sencillamente han engañado en los suministros a instituciones teóricamente poderosas como la propia Unión Europea, caso de Astrazeneca, de la que, recuérdese, fueron localizados en Italia 30 millones de dosis escamoteadas a la Unión Europea, pese a los acuerdos suscritos, con destino a países que pagaban más (como Reino Unido). Muchas de las multinacionales farmacéuticas, recordemos, tienen tras de sí penosos antecedentes. Dos películas fácilmente accesibles en plataformas de cine, Amor y otras drogas («Love and others drugs», Edward Zwick, 2010) y La Casa del Río («Little Pink House», Courthey Balaker, 2017), ilustran, por ejemplo, sobre los métodos de la empresa Pfizer. La primera en torno a la venta de su producto más popular, la viagra, la segunda sobre episodios de contaminación. Los gobiernos han recurrido a esas multinacionales considerando que con ellas era más rápido conseguir vacunas, así ha sido, y las multinacionales además han realizado un lucrativo negocio vendiendo muchos millones de dosis. En suma, en una coyuntura tan delicada como la que vive en general el mundo de la comunicación, y en especial la audiovisual, en nuestros días, la larga pandemia los ha puesto a prueba, el esfuerzo ha sido visible, pero probablemente en algunos aspectos insuficiente. Y han crecido problemas -discurso de odio, noticias falsas, influyentes sin preparación…- que una sociedad democrática, con la colaboración decisiva de los medios, debe afrontar con decisión y urgencia. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Hay que resaltar cómo destacados dirigentes políticos contribuyen a la hiperinformación. Lo continuos mensajes vía twitter de un Donald Trump, más para arremeter contra sus rivales que para informar, o las conferencias de prensa cotidianas de López Obrador -más de 620 en sus primeros 1.000 días como presidente de México, con una duración promedio superior a los 90 minutos-, son buen ejemplo. 2No solo los medios digamos diarios o de urgencia, análisis más sosegados ponían también en franca alerta, véase por ejemplo el informe de Entreculturas, «La vuelta al cole, un reto global a la sombra del pandemia», dossier de 52 páginas. [Disponible en https://www.entreculturas.org%5D 3Un buen análisis español, casi por excepción, el de José María Martin-Moreno, del Real Instituto Elcano: «La OMS en su encrucijada», mayo de 2020, disponible en http://www.realinstitutoelcano.org. El que fuera dos veces ministro de Sanidad de Francia y adjunto al secretario general de la ONU, Philippe Doueste-Blazy, en entrevista aparecida en la revista Front Populaire, nº 2 (2020), culpa claramente a los propios estados de muchos de los problemas de la OMS.

La irrupción de los influyentes. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy (III)

Blog CAA2 - Jue, 29/07/2021 - 12:07
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, analiza la irrupción y vertiginosa expansión de los influyentes en el actual panorama de la comunicación audiovisual. Dentro de las mucha caras que presenta el fenómeno de los ‘influencers‘, el periodista y profesor advierte sobre la mezcla de información y publicidad que realizan muchos de ellos y cómo estas figuras pueden dar cabida a todo tipo de manipulaciones y engaños. Recogemos en el blog una nueva entrega de la conferencia ‘De las falsas noticias al discurso de odio. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy’, impartida por el presidente del CAA en los cursos de verano de la Universidad de Málaga. La historia de los medios nos trae con frecuencia a personas que por diversas razones y en diferentes circunstancias han conseguido una influencia notoria, columnistas que derriban o tambalean gobiernos, investigadores que afloran sorprendentes escándalos, telepredicadores que movilizan audiencias masivas. En los últimos años internet y las redes sociales nos han traído también sus líderes de opinión, primero algunos blogueros, de inmediato múltiples influyentes. Pero si en general aquellos necesitaban mucho tiempo, años, para consolidar su prestigio y esa influencia, ahora todo es mucho más rápido. La última oleada, los influyentes, presenta rasgos nuevos: la información o la opinión antes dominante por lo general pasa a segundo término, la publicidad o el marketing -aunque no siempre presentados con ese carácter- ganan terreno. El influyente es una persona convertida en personaje. Es el nuevo amigo que nos aconseja porque es experto, o nos lo hace creer, en algo que justamente nos interesa, cómo vestir a la moda, qué comer, cómo hacer ejercicio, dónde ir para divertirnos, qué accesorios comprar, incluso qué pensar, siempre presentado con carácter de novedad y como medio para estar al último grito. Su número se multiplica en las redes sociales, para generaciones jóvenes aparece una actividad grata, fácil y rentable. Un buen empleo. El influyente, para tener éxito, debe generar confianza, ofrecer espontaneidad y creatividad, novedad, vanguardia. Las redes aportan diálogo, interacción, rapidez, frescura. Para el mundo de la publicidad un renovador instrumento de ventas, para la política voces con más credibilidad que la de sus propios portavoces. “Lo más preocupante es que con frecuencia no se presenta como publicidad lo que resulta serlo” No es oro todo lo que reluce y tras unos años de auge, hay muchos motivos para la duda y la crítica. En el ámbito puramente publicitario son bien conocidos algunos sonoros fracasos, por ejemplo de influyentes en cuestiones de moda que fracasan rotundamente en una campaña vía Instagram para vender camisetas. Pero lo más preocupante es que con frecuencia no se presenta como publicidad lo que resulta serlo. En el Reino Unido hay ya una normativa con recomendaciones desde entidades públicas defensoras de la libre competencia -aunque por el momento sin repercusión parlamentaria-, para que se pueda distinguir lo que es publicidad en las redes de lo que no lo es. Este problema se inscribe en otro, más amplio y generalizado, especialmente grave en televisión, como es la creciente mezcla de información y publicidad, con destacados informadores que realizan también publicidad, a menudo con continuidad en el espacio televisivo. Alguien nos informa de una inmediata ola de calor y esa misma persona, al segundo siguiente, nos recomienda alguna crema protectora de la piel o algún modelo de aire acondicionado. La figura de los influyentes está en estos momentos en continua evolución y ofrece muchas caras. En plena pandemia la OMS ha utilizado un conocido influyente virtual, creado por ordenador y muy popular entre los jóvenes, Knox Frost, para una campaña de concienciación sobre la COVID-19. Hemos de contar con los influyentes, aunque no se oculta que es una figura que se presenta como novedad llena de atractivos y de posibilidades, pero que al mismo tiempo genera muchas dudas e inquietudes, porque se presta a todo tipo de manipulaciones y engaños, fáciles y rápidos. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía

La irrupción de los influyentes. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy (III)

Blog del CAA - Jue, 29/07/2021 - 12:07
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, analiza la irrupción y vertiginosa expansión de los influyentes en el actual panorama de la comunicación audiovisual. Dentro de las mucha caras que presenta el fenómeno de los ‘influencers‘, el periodista y profesor advierte sobre la mezcla de información y publicidad que realizan muchos de ellos y cómo estas figuras pueden dar cabida a todo tipo de manipulaciones y engaños. Recogemos en el blog una nueva entrega de la conferencia ‘De las falsas noticias al discurso de odio. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy’, impartida por el presidente del CAA en los cursos de verano de la Universidad de Málaga. La historia de los medios nos trae con frecuencia a personas que por diversas razones y en diferentes circunstancias han conseguido una influencia notoria, columnistas que derriban o tambalean gobiernos, investigadores que afloran sorprendentes escándalos, telepredicadores que movilizan audiencias masivas. En los últimos años internet y las redes sociales nos han traído también sus líderes de opinión, primero algunos blogueros, de inmediato múltiples influyentes. Pero si en general aquellos necesitaban mucho tiempo, años, para consolidar su prestigio y esa influencia, ahora todo es mucho más rápido. La última oleada, los influyentes, presenta rasgos nuevos: la información o la opinión antes dominante por lo general pasa a segundo término, la publicidad o el marketing -aunque no siempre presentados con ese carácter- ganan terreno. El influyente es una persona convertida en personaje. Es el nuevo amigo que nos aconseja porque es experto, o nos lo hace creer, en algo que justamente nos interesa, cómo vestir a la moda, qué comer, cómo hacer ejercicio, dónde ir para divertirnos, qué accesorios comprar, incluso qué pensar, siempre presentado con carácter de novedad y como medio para estar al último grito. Su número se multiplica en las redes sociales, para generaciones jóvenes aparece una actividad grata, fácil y rentable. Un buen empleo. El influyente, para tener éxito, debe generar confianza, ofrecer espontaneidad y creatividad, novedad, vanguardia. Las redes aportan diálogo, interacción, rapidez, frescura. Para el mundo de la publicidad un renovador instrumento de ventas, para la política voces con más credibilidad que la de sus propios portavoces. “Lo más preocupante es que con frecuencia no se presenta como publicidad lo que resulta serlo” No es oro todo lo que reluce y tras unos años de auge, hay muchos motivos para la duda y la crítica. En el ámbito puramente publicitario son bien conocidos algunos sonoros fracasos, por ejemplo de influyentes en cuestiones de moda que fracasan rotundamente en una campaña vía Instagram para vender camisetas. Pero lo más preocupante es que con frecuencia no se presenta como publicidad lo que resulta serlo. En el Reino Unido hay ya una normativa con recomendaciones desde entidades públicas defensoras de la libre competencia -aunque por el momento sin repercusión parlamentaria-, para que se pueda distinguir lo que es publicidad en las redes de lo que no lo es. Este problema se inscribe en otro, más amplio y generalizado, especialmente grave en televisión, como es la creciente mezcla de información y publicidad, con destacados informadores que realizan también publicidad, a menudo con continuidad en el espacio televisivo. Alguien nos informa de una inmediata ola de calor y esa misma persona, al segundo siguiente, nos recomienda alguna crema protectora de la piel o algún modelo de aire acondicionado. La figura de los influyentes está en estos momentos en continua evolución y ofrece muchas caras. En plena pandemia la OMS ha utilizado un conocido influyente virtual, creado por ordenador y muy popular entre los jóvenes, Knox Frost, para una campaña de concienciación sobre la COVID-19. Hemos de contar con los influyentes, aunque no se oculta que es una figura que se presenta como novedad llena de atractivos y de posibilidades, pero que al mismo tiempo genera muchas dudas e inquietudes, porque se presta a todo tipo de manipulaciones y engaños, fáciles y rápidos. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía

Problemas de la comunicación audiovisual hoy (II). Actuaciones contra las noticias falsas

Blog del CAA - Jue, 22/07/2021 - 12:32
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, reflexiona en esta nueva entrada del blog sobre el problema de las noticias falsas. “No culpemos a la tecnología ante la creciente práctica de no comprobar las informaciones, sino al mal uso que hacemos de ella”, afirma el periodista y profesor que subraya la importancia no sólo de contrastar los datos sino también de diferenciar la información de la opinión y de que los periodistas recuperen las parcelas de pluralismo. En la lucha contra las noticias falsas, Antonio Checa destaca que “la verdad no es una quimera, pero tampoco está a un click. No es tarea fácil combatir la mentira, pero ¿quién ha dicho que el periodismo, el periodismo honesto se entiende, haya sido nunca fácil? Segundo capítulo de la conferencia ‘De las falsas noticias al odio. Problemas de la comunicación audiovisual hoy’, impartida por el presidente del CAA en los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Hay coincidencia generalizada en que si bien los bulos y falsas noticias vía medios son tan antiguos como el propio periodismo, es justamente en nuestros días cuando se dispara su presencia, facilitada por distintos factores, como la instantaneidad y multiplicidad que facilita internet y la generalización mundial de nuevos instrumentos tecnológicos baratos y de uso fácil y cómodo como los teléfonos móviles, espoleado todo por circunstancias adversas imprevistas, pero duraderas y profundas, como la pandemia de los años 2020/2021. La falsa noticia, no por error o mala interpretación, sino creada consciente y de inmediato transmitida, respondiendo a objetivos políticos, económicos o sociales, ha entrado con fuerza en nuestra vida cotidiana. Ha encontrado un vehículo fácil, rápido y relativamente anónimo: las redes sociales. ¿Cómo combatir ese auge, que a veces nos parece incontenible, inabarcable, de mentiras difundidas por las redes sociales sobre todo, pero no solo por ellas? ¿Podemos vincularlo al visible deterioro de las redacciones de los medios, cada día con menos profesionales, y estos con más horas de trabajo y más urgencias? De los periódicos desaparecieron aquellos conceptos de ediciones de la mañana y la tarde o especiales, y en la radio y la televisión, aunque formalmente se mantienen informativos y telediarios de mediodía o noche, coexisten con largos programas de información-debate y la noticia minuto a minuto, aunque no haya sido contrastada. Como desaparecieron los correctores y hoy cualquier titular en la pequeña pantalla lleva incorporadas la errata o la falta de ortografía, a menudo evidenciando graves ignorancias geográficas, históricas o religiosas. “A más riqueza de datos, a más pluralidad en las fuentes, más credibilidad y, por tanto, menos margen par esas teorías conspiratorias a las que tan proclive son hoy también en mundo de la información y las redes sociales más en concreto” Ante todo, no culpemos a la tecnología sino al mal uso que hacemos de ella. No es responsable, por ejemplo, de la creciente práctica de no comprobar las noticias, so pretexto de la urgencia y la ancha autopista que nos brindan esas novísimas tecnologías. Hemos entrado en la era del relato, parece que sea obligatorio hoy que en el periodismo, como en la literatura o en el cine, hayamos de contar una historia y se hace más habitual que nunca aquel viejo adagio irónico del periodismo: «no dejes que la realidad te destroce un buen titular». O tu historia. Contrastar, ofrecer cuando las tiene las dos caras de la noticia, diferenciar la información de la opinión se hace especialmente necesario hoy. A más riqueza de datos, a más pluralidad en las fuentes, más credibilidad y, por tanto, menos margen para esas teorías conspiratorias a las que tan proclive son hoy también el mundo de la información y las redes sociales más en concreto. Los medios se han llenado en los últimos años de opinión. La sencilla página editorial de antaño -editorial, artículo de opinión y cartas al director- son ahora muchas páginas llenas de artículos, de firmas. No importa que se incluyan diez o doce columnas que demasiado a menudo vienen a decir lo mismo, lo verdaderamente preocupante es que parece que la consideración de opinión fuera una patente de corso para no verificar datos, para no contrastar nada. Y, por cierto, esa obligación de contrastar afirmaciones incluye a la clase política, muy frecuente hoy en esas columnas, como oportunamente subraya Lionel Barber, quince años director del Financial Times. Los periodistas hemos ido cediendo parcelas de pluralidad. Rueda de prensa es, por definición, intercambio, movimiento; pero hoy los medios aceptan las generalizadas ruedas de prensa sin preguntas, toda una contradicción en sí misma. El político o el protagonista por un día expone, entrega, dicta, no dialoga ni debate. Lo toma o lo deja. Por fortuna existe, si la sabemos cuidar, la hemeroteca, el testimonio del pasado, el historial. Ahí si hemos aprendido los periodistas a replicar con evidencias. Frente a la mentira, la media verdad o el supuesto olvido, el dato, el hecho patente. Aquí la tecnología acude en defensa del periodista, hay inmediatas muchas fuentes para verificar y esa hemeroteca para recordar. Es un instrumento que a su vez obliga al periodista a cuidar su propia actividad. La sociedad dispone hoy de muchos más instrumentos de fiscalización del trabajo periodístico que antaño. Plataformas de verificación Algunos de esos instrumentos se han consolidado y alcanzado notable reconocimiento. Es el caso de las plataformas de verificación (en inglés fact-checking). Tienen sus antecedentes en la última década del pasado siglo, cuando surgen en EE.UU. plataformas para contrastar afirmaciones de los candidatos en todo tipo de campañas electorales, afloraron ya muchas falsedades; pero ha sido en los últimos lustros cuando se han expandido por todo el mundo. A fines de 2020 superaban las 250, y no solo en países avanzados, hay por encima de las 40 en Latinoamérica y de las 20 en África. Un buen ejemplo es PolitiFact, que surge en Norteamérica en 2007 y ya en 2009 recibe el Premio Pulitzer. Analiza promesas y declaraciones de figuras políticas que clasifica en distintas categorías: ciertas, verdades a medias, preferentemente falsas y totalmente falsas. Otra plataforma que ha recibido en pocos años numerosos reconocimientos es FactCheck.org. Son, conviene resaltarlo, instituciones sin ánimo de lucro, que tienen plantillas reducidas, pero muy profesionales. Se nutren sobre todo de donaciones -en EE UU se puede con ello reducir impuestos- y más modestamente de venta de servicios. Algunos medios –Le Monde en Francia, BBC en Reino Unido…-, en general los más independientes, han creado su propia plataforma, que tiene por ello financiación asegurada. En España, la periodista Ana Pastor impulsaba en 2018 la plataforma Newtral, que para autofinanciarse desarrolla también actividades de producción audiovisual. Esta expansión, bien visible, no debe ocultar los problemas que se plantean a estas plataformas: no siempre se consigue la visibilidad, el eco que sus investigaciones merecen; hay muchos intereses contrapuestos, el acceso a la información no suele ser fácil y los ingresos resultan por lo general insuficientes. Politifact abre su web con una llamada a las contribuciones económicas1. La diversificación de fuentes, tan palpable hoy, conlleva sus riesgos en el ámbito de la veracidad de la información. El periodista, a poco que tenga alguna popularidad o responsabilidad en un medio, es asaltado por una amplia gama de personas más orientadas a intoxicar o desorientar que a informar. Se ofrecen supuestas exclusivas, que demasiado a menudo son simple vehículo de intereses o aspiraciones particulares. Además, a veces la «exclusiva» tiene su calendario y el periodista obsequiado con ella no tiene tiempo para las comprobaciones. En su lucha por la veracidad y contra la mentira, el periodista tiene otro enemigo, el que convencido de la mentira que propaga niega toda evidencia en contra de ella. Lo hemos visto en la imposibilidad de convencer a un sector de la sociedad norteamericana de que Donald Trump fue el perdedor de las elecciones generales, ese sector da por segura la manipulación pese a que no aporte dato convincente alguno y todos los informes y sentencias subrayen con rotundidad lo contrario. No rectifican y consideran al periodista honesto mero cómplice. Desconfianza social El periodista de hoy no debe ignorar la desconfianza que a menudo genera en la sociedad. Múltiples indicadores confirman que ha pasado la época del periodista héroe, del periodista modelo. El Watergate o, en España, la Transición, quedan lejos, y la consideración social de la profesión ha perdido bastantes enteros. Se ganan muchas batallas en los tribunales, desde luego, pero el periodismo pierde prestigio y respeto. La dependencia de poderes económicos y políticos, a veces tan evidente, contribuye poderosamente a ello. Se ha ido configurando además una sociedad profundamente escéptica, que desconfía de su clase dirigente, que provoca continuas crisis económicas que no sabe cómo resolver, de sus intelectuales, que no parecen tener los pies en el suelo, e incluso de sus científicos, como se ha visto a lo largo de los últimos meses. No es de extrañar la desconfianza hacia el periodista. El negacionismo no es nada nuevo, la batalla contra Darwin y el evolucionismo, superada en Europa, tiene ya un siglo en los Estados Unidos. Pero hoy, cuando una sociedad que se creía a cubierto de muchas incomodidades o problemas ve como se genera una crisis económica inacabable y asiste al desarrollo de una pandemia mundial que no tiene combate fácil ni rápido y sí con muchas contradicciones y altibajos, la desconfianza crece y la disposición a aceptar mentiras cómodas o ver enemigos agazapados por doquier aumenta también. Una incredulidad que puede llevar incluso a la violencia, como se ha visto nada menos que en el Congreso norteamericano. La verdad, el desarme de la mentira, sea cual sea el vehículo comunicativo que ésta utilice, no es una quimera ni siquiera en estos tiempos de relativismos. Tampoco está a un click. La credibilidad hay que ganársela. No hay que desesperar, aunque podamos ver las redes sociales como la ley de la selva y dependamos en muchos aspectos de esos poderes por encima de los Estados -de Google a Twittter- que seleccionan y aun deciden por nosotros. No es tarea fácil en nuestros días desbrozar el camino y combatir la mentira, pero ¿quién ha dicho que el periodismo, el periodismo honesto se entiende, haya sido nunca fácil?. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Ya hay una amplia bibliografía sobre estas plataformas. Una visión global en Amazeen, Michele (2020), «Journalistic interventions: the structural factor affecting the global emergence of fact-checking», en Journalism, nº 21, pp. 95-111. Un panorama europeo en Graves, Lucas y Cherubini, Federica (2016), The rise of fact-checking sites in Europe, Reuters Institute for the Study of Journalism, University of Oxford, Oxford, 40 pp.

Problemas de la comunicación audiovisual hoy (II). Actuaciones contra las noticias falsas

Blog CAA2 - Jue, 22/07/2021 - 12:32
El presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, reflexiona en esta nueva entrada del blog sobre el problema de las noticias falsas. “No culpemos a la tecnología ante la creciente práctica de no comprobar las informaciones, sino al mal uso que hacemos de ella”, afirma el periodista y profesor que subraya la importancia no sólo de contrastar los datos sino también de diferenciar la información de la opinión y de que los periodistas recuperen las parcelas de pluralismo. En la lucha contra las noticias falsas, Antonio Checa destaca que “la verdad no es una quimera, pero tampoco está a un click. No es tarea fácil combatir la mentira, pero ¿quién ha dicho que el periodismo, el periodismo honesto se entiende, haya sido nunca fácil? Segundo capítulo de la conferencia ‘De las falsas noticias al odio. Problemas de la comunicación audiovisual hoy’, impartida por el presidente del CAA en los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Hay coincidencia generalizada en que si bien los bulos y falsas noticias vía medios son tan antiguos como el propio periodismo, es justamente en nuestros días cuando se dispara su presencia, facilitada por distintos factores, como la instantaneidad y multiplicidad que facilita internet y la generalización mundial de nuevos instrumentos tecnológicos baratos y de uso fácil y cómodo como los teléfonos móviles, espoleado todo por circunstancias adversas imprevistas, pero duraderas y profundas, como la pandemia de los años 2020/2021. La falsa noticia, no por error o mala interpretación, sino creada consciente y de inmediato transmitida, respondiendo a objetivos políticos, económicos o sociales, ha entrado con fuerza en nuestra vida cotidiana. Ha encontrado un vehículo fácil, rápido y relativamente anónimo: las redes sociales. ¿Cómo combatir ese auge, que a veces nos parece incontenible, inabarcable, de mentiras difundidas por las redes sociales sobre todo, pero no solo por ellas? ¿Podemos vincularlo al visible deterioro de las redacciones de los medios, cada día con menos profesionales, y estos con más horas de trabajo y más urgencias? De los periódicos desaparecieron aquellos conceptos de ediciones de la mañana y la tarde o especiales, y en la radio y la televisión, aunque formalmente se mantienen informativos y telediarios de mediodía o noche, coexisten con largos programas de información-debate y la noticia minuto a minuto, aunque no haya sido contrastada. Como desaparecieron los correctores y hoy cualquier titular en la pequeña pantalla lleva incorporadas la errata o la falta de ortografía, a menudo evidenciando graves ignorancias geográficas, históricas o religiosas. “A más riqueza de datos, a más pluralidad en las fuentes, más credibilidad y, por tanto, menos margen par esas teorías conspiratorias a las que tan proclive son hoy también en mundo de la información y las redes sociales más en concreto” Ante todo, no culpemos a la tecnología sino al mal uso que hacemos de ella. No es responsable, por ejemplo, de la creciente práctica de no comprobar las noticias, so pretexto de la urgencia y la ancha autopista que nos brindan esas novísimas tecnologías. Hemos entrado en la era del relato, parece que sea obligatorio hoy que en el periodismo, como en la literatura o en el cine, hayamos de contar una historia y se hace más habitual que nunca aquel viejo adagio irónico del periodismo: «no dejes que la realidad te destroce un buen titular». O tu historia. Contrastar, ofrecer cuando las tiene las dos caras de la noticia, diferenciar la información de la opinión se hace especialmente necesario hoy. A más riqueza de datos, a más pluralidad en las fuentes, más credibilidad y, por tanto, menos margen para esas teorías conspiratorias a las que tan proclive son hoy también el mundo de la información y las redes sociales más en concreto. Los medios se han llenado en los últimos años de opinión. La sencilla página editorial de antaño -editorial, artículo de opinión y cartas al director- son ahora muchas páginas llenas de artículos, de firmas. No importa que se incluyan diez o doce columnas que demasiado a menudo vienen a decir lo mismo, lo verdaderamente preocupante es que parece que la consideración de opinión fuera una patente de corso para no verificar datos, para no contrastar nada. Y, por cierto, esa obligación de contrastar afirmaciones incluye a la clase política, muy frecuente hoy en esas columnas, como oportunamente subraya Lionel Barber, quince años director del Financial Times. Los periodistas hemos ido cediendo parcelas de pluralidad. Rueda de prensa es, por definición, intercambio, movimiento; pero hoy los medios aceptan las generalizadas ruedas de prensa sin preguntas, toda una contradicción en sí misma. El político o el protagonista por un día expone, entrega, dicta, no dialoga ni debate. Lo toma o lo deja. Por fortuna existe, si la sabemos cuidar, la hemeroteca, el testimonio del pasado, el historial. Ahí si hemos aprendido los periodistas a replicar con evidencias. Frente a la mentira, la media verdad o el supuesto olvido, el dato, el hecho patente. Aquí la tecnología acude en defensa del periodista, hay inmediatas muchas fuentes para verificar y esa hemeroteca para recordar. Es un instrumento que a su vez obliga al periodista a cuidar su propia actividad. La sociedad dispone hoy de muchos más instrumentos de fiscalización del trabajo periodístico que antaño. Plataformas de verificación Algunos de esos instrumentos se han consolidado y alcanzado notable reconocimiento. Es el caso de las plataformas de verificación (en inglés fact-checking). Tienen sus antecedentes en la última década del pasado siglo, cuando surgen en EE.UU. plataformas para contrastar afirmaciones de los candidatos en todo tipo de campañas electorales, afloraron ya muchas falsedades; pero ha sido en los últimos lustros cuando se han expandido por todo el mundo. A fines de 2020 superaban las 250, y no solo en países avanzados, hay por encima de las 40 en Latinoamérica y de las 20 en África. Un buen ejemplo es PolitiFact, que surge en Norteamérica en 2007 y ya en 2009 recibe el Premio Pulitzer. Analiza promesas y declaraciones de figuras políticas que clasifica en distintas categorías: ciertas, verdades a medias, preferentemente falsas y totalmente falsas. Otra plataforma que ha recibido en pocos años numerosos reconocimientos es FactCheck.org. Son, conviene resaltarlo, instituciones sin ánimo de lucro, que tienen plantillas reducidas, pero muy profesionales. Se nutren sobre todo de donaciones -en EE UU se puede con ello reducir impuestos- y más modestamente de venta de servicios. Algunos medios –Le Monde en Francia, BBC en Reino Unido…-, en general los más independientes, han creado su propia plataforma, que tiene por ello financiación asegurada. En España, la periodista Ana Pastor impulsaba en 2018 la plataforma Newtral, que para autofinanciarse desarrolla también actividades de producción audiovisual. Esta expansión, bien visible, no debe ocultar los problemas que se plantean a estas plataformas: no siempre se consigue la visibilidad, el eco que sus investigaciones merecen; hay muchos intereses contrapuestos, el acceso a la información no suele ser fácil y los ingresos resultan por lo general insuficientes. Politifact abre su web con una llamada a las contribuciones económicas1. La diversificación de fuentes, tan palpable hoy, conlleva sus riesgos en el ámbito de la veracidad de la información. El periodista, a poco que tenga alguna popularidad o responsabilidad en un medio, es asaltado por una amplia gama de personas más orientadas a intoxicar o desorientar que a informar. Se ofrecen supuestas exclusivas, que demasiado a menudo son simple vehículo de intereses o aspiraciones particulares. Además, a veces la «exclusiva» tiene su calendario y el periodista obsequiado con ella no tiene tiempo para las comprobaciones. En su lucha por la veracidad y contra la mentira, el periodista tiene otro enemigo, el que convencido de la mentira que propaga niega toda evidencia en contra de ella. Lo hemos visto en la imposibilidad de convencer a un sector de la sociedad norteamericana de que Donald Trump fue el perdedor de las elecciones generales, ese sector da por segura la manipulación pese a que no aporte dato convincente alguno y todos los informes y sentencias subrayen con rotundidad lo contrario. No rectifican y consideran al periodista honesto mero cómplice. Desconfianza social El periodista de hoy no debe ignorar la desconfianza que a menudo genera en la sociedad. Múltiples indicadores confirman que ha pasado la época del periodista héroe, del periodista modelo. El Watergate o, en España, la Transición, quedan lejos, y la consideración social de la profesión ha perdido bastantes enteros. Se ganan muchas batallas en los tribunales, desde luego, pero el periodismo pierde prestigio y respeto. La dependencia de poderes económicos y políticos, a veces tan evidente, contribuye poderosamente a ello. Se ha ido configurando además una sociedad profundamente escéptica, que desconfía de su clase dirigente, que provoca continuas crisis económicas que no sabe cómo resolver, de sus intelectuales, que no parecen tener los pies en el suelo, e incluso de sus científicos, como se ha visto a lo largo de los últimos meses. No es de extrañar la desconfianza hacia el periodista. El negacionismo no es nada nuevo, la batalla contra Darwin y el evolucionismo, superada en Europa, tiene ya un siglo en los Estados Unidos. Pero hoy, cuando una sociedad que se creía a cubierto de muchas incomodidades o problemas ve como se genera una crisis económica inacabable y asiste al desarrollo de una pandemia mundial que no tiene combate fácil ni rápido y sí con muchas contradicciones y altibajos, la desconfianza crece y la disposición a aceptar mentiras cómodas o ver enemigos agazapados por doquier aumenta también. Una incredulidad que puede llevar incluso a la violencia, como se ha visto nada menos que en el Congreso norteamericano. La verdad, el desarme de la mentira, sea cual sea el vehículo comunicativo que ésta utilice, no es una quimera ni siquiera en estos tiempos de relativismos. Tampoco está a un click. La credibilidad hay que ganársela. No hay que desesperar, aunque podamos ver las redes sociales como la ley de la selva y dependamos en muchos aspectos de esos poderes por encima de los Estados -de Google a Twittter- que seleccionan y aun deciden por nosotros. No es tarea fácil en nuestros días desbrozar el camino y combatir la mentira, pero ¿quién ha dicho que el periodismo, el periodismo honesto se entiende, haya sido nunca fácil?. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Ya hay una amplia bibliografía sobre estas plataformas. Una visión global en Amazeen, Michele (2020), «Journalistic interventions: the structural factor affecting the global emergence of fact-checking», en Journalism, nº 21, pp. 95-111. Un panorama europeo en Graves, Lucas y Cherubini, Federica (2016), The rise of fact-checking sites in Europe, Reuters Institute for the Study of Journalism, University of Oxford, Oxford, 40 pp.

Problemas de la comunicación audiovisual hoy (I). La lucha contra el discurso de odio

Blog del CAA - Jue, 15/07/2021 - 13:10
En sucesivas entradas del blog publicamos el análisis sobre la situación del actual panorama comunicativo realizado por el presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, en los cursos de verano de la Universidad de Málaga bajo el título ‘De las falsas noticias al discurso de odio. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy’. Hasta finales del pasado siglo, los españoles se informaban a través de un trío de vehículos devenido clásico: televisión -preferentemente-, prensa y radio. El ciudadano buscaba por sí mismo la información -un periódico, un telediario- que le era facilitada por medios reconocibles y personas identificadas y profesionales dentro de un sistema con controles de calidad y veracidad, que suelen requerir su tiempo y pueden representar algún coste para el usuario. La irrupción en los inicios del actual siglo -tras hacerlo internet a finales del anterior- de las redes sociales modifica, prácticamente replantea ese esquema. Aparece una comunicación fácil, gratuita, donde no hay apenas comprobación de veracidad y donde no es sencillo, a veces simplemente imposible, identificar la procedencia. En paralelo los avances tecnológicos -teléfonos móviles, ordenadores portátiles, tabletas- pone a disposición de toda la sociedad medios inmediatos, donde la noticia circula con extraordinaria rapidez y multiplica sus receptores, con demasiada frecuencia sin capacidad de comprobación o valoración equilibrada. A esa facilidad de la noticia, se une el perceptible fenómeno de la hiperinformación -muchas más noticias de muchas más procedencias, pero mucho menos contrastadas- que se instala en una sociedad que sufre profundas y sucesivas crisis -económicas, sociales, sanitarias- y que desconfía cada vez más de la clase dirigente, sea política, económica o incluso cientifico-académica. Tenemos, pues, servido un panorama en el que se produce un uso intensivo tanto de medios informativos -es decir, con la información como objetivo básico, como eje- o medios con información -donde la información, secundaria, en función más que nunca de la publicidad, tiene presencia, pero no suele ser objeto de controles de calidad y veracidad medianamente rigurosos-, y donde aparece asimismo como vehículo con información la simple comunicación en el ámbito del círculo de amigos o el familiar o incluso los meros conocidos, que divulgan a menudo simples rumores, pero consiguen que esa información adquiera pronto trascendencia. Aparecen además figuras nuevas, como los influyentes, personas que utilizan con habilidad esos nuevos medios -opinan, proponen, informan-, captan seguidores, a menudo obtienen audiencias masivas, y generan ingresos. Ofrecen una amplia gama, a menudo inquietante, pues son los menos los que opinan con rigor y conocimiento, con equilibrio y pluralidad y sin miras económicas -publicitarias-o ideológicas. Una sociedad donde circula mucha información de variada procedencia y con mucho malestar interno, es, sin duda, una sociedad propicia a que prosperen no solo la noticia veraz, también la mentira o la verdad a medias, y donde también se hacen presentes fenómenos nunca ausentes en nuestras sociedades, pero ahora potenciados por medios inmediatos, gratuitos y masivos, crecen la mentira con fines específicos, los mensajes de odio, los contenidos con discriminación, de racismo a menudo. Surge lo que ya se denomina el diagonalismo, esa corriente que tiende a ver conspiraciones por todos lados1. Si además esa sociedad ha de afrontar fenómenos no nuevos en la historia de la humanidad, como una pandemia, pero sí desconocidos -e imprevistos- por las generaciones que viven hoy en el planeta, en especial, países desarrollados o en desarrollo, tendremos ante nosotros un panorama comunicativo inquietante, en que la comunicación audiovisual espontaneísta desplaza a otras fórmulas y lo hace además a través de un proceso de cambios rápidos. Ocurre además que el clásico proceso de rectificación o precisión tras la noticia incompleta, equivocada o falsa, regulado con minuciosidad en muchas legislaciones, prácticamente desaparece en ese ámbito o tiene escasa incidencia. Normalmente, advertir de una falsedad, aportar elementos veraces para la red de redes, es proceso difícil que con facilidad y diversos pretextos se elude y en todo caso tiene mucha menos audiencia que la falsedad previa. El agua derramada. ¿Qué hacer ante ese panorama tan inquietante? Me centraré en principio en tres aspectos de ese panorama en evolución constante y con elementos muy preocupantes, elementos que, en todo caso, no deben impedirnos valorar positivamente los muchos elementos comunicacionales válidos que aportan las redes y todos los nuevos medios comunicadores. Esos aspectos perturbadores son el discurso de odio, las noticias falsas y los influyentes sin solvencia. La presencia del discurso de odio no es nada nuevo en nuestro panorama comunicativo cotidiano, pero distintas circunstancias, como el auge sostenido e internacional de los populismos o la generalización del uso intensivo de redes sociales desde tempranas edades y desde luego la larga pandemia vivida por la humanidad en 2020 y 2021, la están multiplicando. Se convierte por ello en inquietud generalizada y se legisla para contenerlo. Casi todos los países latinoamericanos, por ejemplo, tienen ya alguna normativa en vigor en este ámbito2. Pero el discurso está aquí, sigue, crece y se diversifica, lo favorece el que su divulgación es comparativamente barata, y más si consideramos la facilidad de alcanzar grandes audiencias en escaso tiempo. Es necesario esforzarse en combatirlo en mayor y mejor medida. Sobre todo en el seno del mundo audiovisual, donde alcanza hoy más presencia y más complejidad. ¿Cómo hacerlo con eficacia? No es tarea sencilla. Porque de inmediato nos vemos delimitados por el imprescindible respeto a la libertad de expresión individual y el no menor respeto de la dignidad humana y la lucha por la igualdad de género. Debemos distinguir. Hay que proteger el discurso minoritario, a menudo a contracorriente, aunque pueda sernos incómodo, tenemos en paralelo el imperativo de defender a las minorías, a sectores de nuestra sociedad que suelen ser discriminados o ignorados y que han sido históricamente grupos a la defensiva. Ocurre además que normalmente el discurso del odio se organiza contra grupos y colectivos, lo que hace más difícil encajarlo en figuras legales como la injuria, la calumnia o la difamación, que son esencialmente delitos contra el honor de la persona. No obstante, modalidades del discurso de odio como el ciberacoso, individualizan su víctima. Debemos frenar la mentira insidiosa rápidamente propagada, y sobre todo luchar contra la amenaza concreta o la defensa de la intolerancia. La exaltación y justificación de la violencia, tan usual en los discursos del odio, tiene muchas caras. ¿Puede justificar o disculpar el calor de una campaña electoral afirmaciones racistas o xenófobas o, al contrario, hemos de exigirle más rigor al político precisamente por su cualidad de figura pública, representativa y con poder? Ante todo cumple seguir una regla básica en la lucha contra el discurso del odio en cualquiera de sus variantes, hacerlo con veracidad y limpieza. Datos contrastados, hechos, frente a mentiras o inventos. Recientemente desde Le Monde diplomatique se alertaba-«Vender discordia en vez de informar»- de las malas prácticas de la mayoría de los medios liberales norteamericanos en la lucha contra el discurso del odio, en especial las mentiras divulgadas por el expresidente de los Estados Unidos Donald Trump. «La veneración por la precisión y el respeto por los hechos desaparecieron», lamentaban los autores3. Alfabetización mediática No todos los sectores de la sociedad actual están expuestos con las mismas características e intensidad al discurso del odio, y resulta patente que los sectores jóvenes, lo más volcados a la utilización de las redes sociales, son también los más afectados4. Esos jóvenes se ven además especialmente implicados en las situaciones y los problemas nuevos que plantea la evolución tecnológica -como el ciberostracismo o la cibervictimización-. La mediación de la familia se configura como una buena ayuda a los jóvenes para afrontar ese discurso, lo confirman muchos estudios, siempre que no se haga con medidas simplemente restrictivas, que suelen generar actitudes opuestas. Una gran mayoría de los análisis disponibles coinciden en resaltar, llegados a este punto, la urgencia de un desarrollo serio y amplio de programas educativos sobre conocimiento y uso de los medios de comunicación, de forma que con ayuda de padres y educadores, los jóvenes sepan percibir y afrontar el discurso del odio que les llega por esos medios. Pero esa alfabetización mediática debe incluir desde luego también a los mayores, esos padres a menudo desconocedores de los hábitos y los problemas planteados en las redes a sus hijos y con harta frecuencia desconcertados y sin saber cómo actuar cuando constatan su presencia en el seno de la familia. El auge del discurso del odio nos obliga a conocer más a fondo al enemigo, los medios y trampas que utiliza, y a combatirlo mejor, a veces dando la vuelta a sus propias armas y sobre todo inventando alternativas. Los videojuegos de noticias, e iniciativas similares, los «newsgames», son un buen ejemplo de lucha inteligente contra el discurso del odio. Con rigor, con pluralismo, con aportaciones contrastadas, pero también con amenidad, con inteligencia, con participación, esos juegos atraen a sectores jóvenes. La mezcla de juego e información cierta le muestra un camino diferente a los simplismos o mentiras del discurso del odio. Les muestra el valor de la ciencia, combate tentadores negacionismos: Los «newsgames» forman y en muchos aspectos contribuyen a la identificación y resolución de conflictos5. El discurso del odio utiliza muy a menudo fotografías o videos manipulados. Siempre que sea posible es importante aportar las imágenes auténticas o si no es factible, otras identificadas y contextualizadas que desmientan el discurso. Ayuda, demuestra la mentira y el odio que encierra. Libertad de expresión La necesidad de combatir ese discurso de odio no puede utilizarse en principio como pretexto para fomentar o justificar censuras. Si se establecen límites a la libertad de expresión, ha de quedar bien explícito su ámbito y de forma fehaciente que son necesarios y proporcionales. No olvidemos que los problemas económicos, culturales y sociales con los que se quiere justificar el discurso de odio, aunque exagerados a menudo y en otras ocasiones sencillamente ficticios, responden a malestares con fácil arraigo en públicos que además suelen estar predispuestos a encontrar inmediatos culpables ajenos de sus problemas. Y a proclamarse víctimas de esas censuras. Además, la lucha contra el discurso de odio en el seno de las redes sociales y en general internet, no debe ser diferente ni quedar al margen de la que se establece fuera de la red. Para ganar en eficacia. Hay además que dejar bien claro que lo que para algunos difusores de discursos de odio es una ventaja de internet cara a sus prácticas, el anonimato primero y la impunidad en consecuencia, no solo es falso, sino cada día más difícil de sostener. No podemos ingenuamente ignorar la complejidad de la lucha contra el delito del odio en el seno de la red, pero hay que hacer notar que la ley y la tecnología avanzan, que cada vez es más fácil conocer la identidad del autor de los textos de odio o las mentiras xenófobas divulgadas vía internet. Debemos advertirlo, proclamarlo, divulgar cada progreso en ese ámbito. Motivar en paralelo a las autoridades y responsables para que no decaiga su esfuerzo y que se rastree cuanto se estime razonablemente un discurso de odio, todo ayudará a disuadir a quienes creen estar amparados por ese anonimato o secreto de la red de redes. El discurso del odio cambia, podríamos decir que se renueva constantemente. Varían los contenidos -no tanto los rasgos básicos- y varían las vías utilizadas para llegar a los internautas. Debemos tenerlo en cuenta a la hora de combatirlo. Nos exige para ello una continua actualización. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha constataba a lo largo del año 2020 un incremento notable de actuaciones xenófobas de todo tipo contra la comunidad asiática, derivado sin duda del origen asiático de la pandemia, pero ya presente con anterioridad. En todo caso no es un fenómeno puramente norteamericano. Un reciente informe del Consejo Audiovisual de Andalucía detectaba igualmente el auge en Europa de un discurso del odio contra esa comunidad. Sería torpeza, de otro lado, ignorar o minimizar la profunda incidencia que la pandemia provocada por el Covid-19 ha tenido en la acentuación en Europa y América de un discurso de odio vinculado a sus causas y su larga incidencia. Las dudas y dilaciones de las autoridades, los visibles errores cometidos, las duras restricciones impuestas, en un proceso prolongado, desde las medidas iniciales al dilatado proceso de vacunación masiva, ha dado alas a esos discursos que niegan con desafío, con provocación, con odio, una realidad evidente, ampliamente confirmada por la ciencia, pero que resulta perturbadora. Vídeo publicado en Youtube bajo el título de ‘Los nuevos turistas’. En todo caso, esta lucha contra el multiforme discurso de odio exige colaboración a todos los niveles, son muchos los organismos, las instituciones que tienen entre sus cometidos o competencias ese combate permanente. Intercambiar opiniones y experiencias es una primera ayuda. La cooperación es indispensable en aras de ganar utilidad y no malgastar esfuerzos, además, siendo esencialmente internet un medio que supera fronteras, el discurso de odio se hace internacional, por lo que también debe serlo cuanto contribuya a combatirlo y disminuirlo. En ese sentido y en el ámbito audiovisual latinoamericano, la experiencia de la PRAI, Plataforma de Reguladores Audiovisuales de Iberoamérica, en la que participan diversos países latinoamericanos y europeos -de España y Portugal-, además de observadores como Marruecos, aunque aún en sus primeras etapas, debe contribuir también a esa imprescindible colaboración internacional a ambos lados del Atlántico. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Véase Callison, William, y Slobodian, Quinn (2021), «El auge del ‘diagonalismo’», en Política Exterior, nº 201, pp. 90-103. 2Véase por ejemplo el balance que realiza Marianne Díaz Hernández: «Discurso del odio en América Latina. Tendencias de regulación, rol de los intermediarios y riesgos para la libertad de expresión» (2020). Disponible en https://www.derechosdigitales.org 3Halimi, Serge, y Rimbert, Pierre (2021) «Vender discordia en vez de informar», en Le Monde diplomatique, edición en español, marzo, pp. 20-22. 4El monográfico de la revista Comunicar «La ciberconvivencia como escenario social: ética y emociones» (nº 67, 2021), contiene diversos y excelentes trabajos sobre estas inquietudes. Disponible en https://www.revistacomunicar.com 5Un oportuno análisis en Tejedor, Santiago, y Tusa, Fernanda (2020). «Los newsgames como herramienta periodística: Estudio de caso de experiencias de éxito», en Prisma Social, Madrid, nº 30, pp. 115-140. Disponible en https://revistaprismasocial.es/article/view/1543

Problemas de la comunicación audiovisual hoy (I). La lucha contra el discurso de odio

Blog CAA2 - Jue, 15/07/2021 - 13:10
En sucesivas entradas del blog publicamos el análisis sobre la situación del actual panorama comunicativo realizado por el presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), Antonio Checa, en los cursos de verano de la Universidad de Málaga bajo el título ‘De las falsas noticias al discurso de odio. Problemas de la comunicación audiovisual de hoy’. Hasta finales del pasado siglo, los españoles se informaban a través de un trío de vehículos devenido clásico: televisión -preferentemente-, prensa y radio. El ciudadano buscaba por sí mismo la información -un periódico, un telediario- que le era facilitada por medios reconocibles y personas identificadas y profesionales dentro de un sistema con controles de calidad y veracidad, que suelen requerir su tiempo y pueden representar algún coste para el usuario. La irrupción en los inicios del actual siglo -tras hacerlo internet a finales del anterior- de las redes sociales modifica, prácticamente replantea ese esquema. Aparece una comunicación fácil, gratuita, donde no hay apenas comprobación de veracidad y donde no es sencillo, a veces simplemente imposible, identificar la procedencia. En paralelo los avances tecnológicos -teléfonos móviles, ordenadores portátiles, tabletas- pone a disposición de toda la sociedad medios inmediatos, donde la noticia circula con extraordinaria rapidez y multiplica sus receptores, con demasiada frecuencia sin capacidad de comprobación o valoración equilibrada. A esa facilidad de la noticia, se une el perceptible fenómeno de la hiperinformación -muchas más noticias de muchas más procedencias, pero mucho menos contrastadas- que se instala en una sociedad que sufre profundas y sucesivas crisis -económicas, sociales, sanitarias- y que desconfía cada vez más de la clase dirigente, sea política, económica o incluso cientifico-académica. Tenemos, pues, servido un panorama en el que se produce un uso intensivo tanto de medios informativos -es decir, con la información como objetivo básico, como eje- o medios con información -donde la información, secundaria, en función más que nunca de la publicidad, tiene presencia, pero no suele ser objeto de controles de calidad y veracidad medianamente rigurosos-, y donde aparece asimismo como vehículo con información la simple comunicación en el ámbito del círculo de amigos o el familiar o incluso los meros conocidos, que divulgan a menudo simples rumores, pero consiguen que esa información adquiera pronto trascendencia. Aparecen además figuras nuevas, como los influyentes, personas que utilizan con habilidad esos nuevos medios -opinan, proponen, informan-, captan seguidores, a menudo obtienen audiencias masivas, y generan ingresos. Ofrecen una amplia gama, a menudo inquietante, pues son los menos los que opinan con rigor y conocimiento, con equilibrio y pluralidad y sin miras económicas -publicitarias-o ideológicas. Una sociedad donde circula mucha información de variada procedencia y con mucho malestar interno, es, sin duda, una sociedad propicia a que prosperen no solo la noticia veraz, también la mentira o la verdad a medias, y donde también se hacen presentes fenómenos nunca ausentes en nuestras sociedades, pero ahora potenciados por medios inmediatos, gratuitos y masivos, crecen la mentira con fines específicos, los mensajes de odio, los contenidos con discriminación, de racismo a menudo. Surge lo que ya se denomina el diagonalismo, esa corriente que tiende a ver conspiraciones por todos lados1. Si además esa sociedad ha de afrontar fenómenos no nuevos en la historia de la humanidad, como una pandemia, pero sí desconocidos -e imprevistos- por las generaciones que viven hoy en el planeta, en especial, países desarrollados o en desarrollo, tendremos ante nosotros un panorama comunicativo inquietante, en que la comunicación audiovisual espontaneísta desplaza a otras fórmulas y lo hace además a través de un proceso de cambios rápidos. Ocurre además que el clásico proceso de rectificación o precisión tras la noticia incompleta, equivocada o falsa, regulado con minuciosidad en muchas legislaciones, prácticamente desaparece en ese ámbito o tiene escasa incidencia. Normalmente, advertir de una falsedad, aportar elementos veraces para la red de redes, es proceso difícil que con facilidad y diversos pretextos se elude y en todo caso tiene mucha menos audiencia que la falsedad previa. El agua derramada. ¿Qué hacer ante ese panorama tan inquietante? Me centraré en principio en tres aspectos de ese panorama en evolución constante y con elementos muy preocupantes, elementos que, en todo caso, no deben impedirnos valorar positivamente los muchos elementos comunicacionales válidos que aportan las redes y todos los nuevos medios comunicadores. Esos aspectos perturbadores son el discurso de odio, las noticias falsas y los influyentes sin solvencia. La presencia del discurso de odio no es nada nuevo en nuestro panorama comunicativo cotidiano, pero distintas circunstancias, como el auge sostenido e internacional de los populismos o la generalización del uso intensivo de redes sociales desde tempranas edades y desde luego la larga pandemia vivida por la humanidad en 2020 y 2021, la están multiplicando. Se convierte por ello en inquietud generalizada y se legisla para contenerlo. Casi todos los países latinoamericanos, por ejemplo, tienen ya alguna normativa en vigor en este ámbito2. Pero el discurso está aquí, sigue, crece y se diversifica, lo favorece el que su divulgación es comparativamente barata, y más si consideramos la facilidad de alcanzar grandes audiencias en escaso tiempo. Es necesario esforzarse en combatirlo en mayor y mejor medida. Sobre todo en el seno del mundo audiovisual, donde alcanza hoy más presencia y más complejidad. ¿Cómo hacerlo con eficacia? No es tarea sencilla. Porque de inmediato nos vemos delimitados por el imprescindible respeto a la libertad de expresión individual y el no menor respeto de la dignidad humana y la lucha por la igualdad de género. Debemos distinguir. Hay que proteger el discurso minoritario, a menudo a contracorriente, aunque pueda sernos incómodo, tenemos en paralelo el imperativo de defender a las minorías, a sectores de nuestra sociedad que suelen ser discriminados o ignorados y que han sido históricamente grupos a la defensiva. Ocurre además que normalmente el discurso del odio se organiza contra grupos y colectivos, lo que hace más difícil encajarlo en figuras legales como la injuria, la calumnia o la difamación, que son esencialmente delitos contra el honor de la persona. No obstante, modalidades del discurso de odio como el ciberacoso, individualizan su víctima. Debemos frenar la mentira insidiosa rápidamente propagada, y sobre todo luchar contra la amenaza concreta o la defensa de la intolerancia. La exaltación y justificación de la violencia, tan usual en los discursos del odio, tiene muchas caras. ¿Puede justificar o disculpar el calor de una campaña electoral afirmaciones racistas o xenófobas o, al contrario, hemos de exigirle más rigor al político precisamente por su cualidad de figura pública, representativa y con poder? Ante todo cumple seguir una regla básica en la lucha contra el discurso del odio en cualquiera de sus variantes, hacerlo con veracidad y limpieza. Datos contrastados, hechos, frente a mentiras o inventos. Recientemente desde Le Monde diplomatique se alertaba-«Vender discordia en vez de informar»- de las malas prácticas de la mayoría de los medios liberales norteamericanos en la lucha contra el discurso del odio, en especial las mentiras divulgadas por el expresidente de los Estados Unidos Donald Trump. «La veneración por la precisión y el respeto por los hechos desaparecieron», lamentaban los autores3. Alfabetización mediática No todos los sectores de la sociedad actual están expuestos con las mismas características e intensidad al discurso del odio, y resulta patente que los sectores jóvenes, lo más volcados a la utilización de las redes sociales, son también los más afectados4. Esos jóvenes se ven además especialmente implicados en las situaciones y los problemas nuevos que plantea la evolución tecnológica -como el ciberostracismo o la cibervictimización-. La mediación de la familia se configura como una buena ayuda a los jóvenes para afrontar ese discurso, lo confirman muchos estudios, siempre que no se haga con medidas simplemente restrictivas, que suelen generar actitudes opuestas. Una gran mayoría de los análisis disponibles coinciden en resaltar, llegados a este punto, la urgencia de un desarrollo serio y amplio de programas educativos sobre conocimiento y uso de los medios de comunicación, de forma que con ayuda de padres y educadores, los jóvenes sepan percibir y afrontar el discurso del odio que les llega por esos medios. Pero esa alfabetización mediática debe incluir desde luego también a los mayores, esos padres a menudo desconocedores de los hábitos y los problemas planteados en las redes a sus hijos y con harta frecuencia desconcertados y sin saber cómo actuar cuando constatan su presencia en el seno de la familia. El auge del discurso del odio nos obliga a conocer más a fondo al enemigo, los medios y trampas que utiliza, y a combatirlo mejor, a veces dando la vuelta a sus propias armas y sobre todo inventando alternativas. Los videojuegos de noticias, e iniciativas similares, los «newsgames», son un buen ejemplo de lucha inteligente contra el discurso del odio. Con rigor, con pluralismo, con aportaciones contrastadas, pero también con amenidad, con inteligencia, con participación, esos juegos atraen a sectores jóvenes. La mezcla de juego e información cierta le muestra un camino diferente a los simplismos o mentiras del discurso del odio. Les muestra el valor de la ciencia, combate tentadores negacionismos: Los «newsgames» forman y en muchos aspectos contribuyen a la identificación y resolución de conflictos5. El discurso del odio utiliza muy a menudo fotografías o videos manipulados. Siempre que sea posible es importante aportar las imágenes auténticas o si no es factible, otras identificadas y contextualizadas que desmientan el discurso. Ayuda, demuestra la mentira y el odio que encierra. Libertad de expresión La necesidad de combatir ese discurso de odio no puede utilizarse en principio como pretexto para fomentar o justificar censuras. Si se establecen límites a la libertad de expresión, ha de quedar bien explícito su ámbito y de forma fehaciente que son necesarios y proporcionales. No olvidemos que los problemas económicos, culturales y sociales con los que se quiere justificar el discurso de odio, aunque exagerados a menudo y en otras ocasiones sencillamente ficticios, responden a malestares con fácil arraigo en públicos que además suelen estar predispuestos a encontrar inmediatos culpables ajenos de sus problemas. Y a proclamarse víctimas de esas censuras. Además, la lucha contra el discurso de odio en el seno de las redes sociales y en general internet, no debe ser diferente ni quedar al margen de la que se establece fuera de la red. Para ganar en eficacia. Hay además que dejar bien claro que lo que para algunos difusores de discursos de odio es una ventaja de internet cara a sus prácticas, el anonimato primero y la impunidad en consecuencia, no solo es falso, sino cada día más difícil de sostener. No podemos ingenuamente ignorar la complejidad de la lucha contra el delito del odio en el seno de la red, pero hay que hacer notar que la ley y la tecnología avanzan, que cada vez es más fácil conocer la identidad del autor de los textos de odio o las mentiras xenófobas divulgadas vía internet. Debemos advertirlo, proclamarlo, divulgar cada progreso en ese ámbito. Motivar en paralelo a las autoridades y responsables para que no decaiga su esfuerzo y que se rastree cuanto se estime razonablemente un discurso de odio, todo ayudará a disuadir a quienes creen estar amparados por ese anonimato o secreto de la red de redes. El discurso del odio cambia, podríamos decir que se renueva constantemente. Varían los contenidos -no tanto los rasgos básicos- y varían las vías utilizadas para llegar a los internautas. Debemos tenerlo en cuenta a la hora de combatirlo. Nos exige para ello una continua actualización. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha constataba a lo largo del año 2020 un incremento notable de actuaciones xenófobas de todo tipo contra la comunidad asiática, derivado sin duda del origen asiático de la pandemia, pero ya presente con anterioridad. En todo caso no es un fenómeno puramente norteamericano. Un reciente informe del Consejo Audiovisual de Andalucía detectaba igualmente el auge en Europa de un discurso del odio contra esa comunidad. Sería torpeza, de otro lado, ignorar o minimizar la profunda incidencia que la pandemia provocada por el Covid-19 ha tenido en la acentuación en Europa y América de un discurso de odio vinculado a sus causas y su larga incidencia. Las dudas y dilaciones de las autoridades, los visibles errores cometidos, las duras restricciones impuestas, en un proceso prolongado, desde las medidas iniciales al dilatado proceso de vacunación masiva, ha dado alas a esos discursos que niegan con desafío, con provocación, con odio, una realidad evidente, ampliamente confirmada por la ciencia, pero que resulta perturbadora. Vídeo publicado en Youtube bajo el título de ‘Los nuevos turistas’. En todo caso, esta lucha contra el multiforme discurso de odio exige colaboración a todos los niveles, son muchos los organismos, las instituciones que tienen entre sus cometidos o competencias ese combate permanente. Intercambiar opiniones y experiencias es una primera ayuda. La cooperación es indispensable en aras de ganar utilidad y no malgastar esfuerzos, además, siendo esencialmente internet un medio que supera fronteras, el discurso de odio se hace internacional, por lo que también debe serlo cuanto contribuya a combatirlo y disminuirlo. En ese sentido y en el ámbito audiovisual latinoamericano, la experiencia de la PRAI, Plataforma de Reguladores Audiovisuales de Iberoamérica, en la que participan diversos países latinoamericanos y europeos -de España y Portugal-, además de observadores como Marruecos, aunque aún en sus primeras etapas, debe contribuir también a esa imprescindible colaboración internacional a ambos lados del Atlántico. Antonio Checa Godoy. Presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía 1Véase Callison, William, y Slobodian, Quinn (2021), «El auge del ‘diagonalismo’», en Política Exterior, nº 201, pp. 90-103. 2Véase por ejemplo el balance que realiza Marianne Díaz Hernández: «Discurso del odio en América Latina. Tendencias de regulación, rol de los intermediarios y riesgos para la libertad de expresión» (2020). Disponible en https://www.derechosdigitales.org 3Halimi, Serge, y Rimbert, Pierre (2021) «Vender discordia en vez de informar», en Le Monde diplomatique, edición en español, marzo, pp. 20-22. 4El monográfico de la revista Comunicar «La ciberconvivencia como escenario social: ética y emociones» (nº 67, 2021), contiene diversos y excelentes trabajos sobre estas inquietudes. Disponible en https://www.revistacomunicar.com 5Un oportuno análisis en Tejedor, Santiago, y Tusa, Fernanda (2020). «Los newsgames como herramienta periodística: Estudio de caso de experiencias de éxito», en Prisma Social, Madrid, nº 30, pp. 115-140. Disponible en https://revistaprismasocial.es/article/view/1543

Adicción a Internet en niños y adolescentes

Blog CAA2 - Lun, 17/05/2021 - 12:29
Síntomas, prevención y soluciones a este problema con motivo del Día de Internet El 17 de mayo se celebra el Día de Internet, esa herramienta que tanto ha cambiado nuestro estilo de vida en las últimas décadas. El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) no pasa por alto esta fecha, ya que es consciente de los muchos beneficios que las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) nos aportan, pero también de los múltiples riesgos que pueden ocasionar si su empleo no es el adecuado. Uno de ellos es la adicción a Internet, que afecta especialmente a los más jóvenes pues a pesar de que les llamemos “nativos digitales”, continúan siendo la población más desprotegida de nuestra sociedad. En su función de salvaguardar los derechos de los colectivos más vulnerables, y en particular menores de edad, el CAA desea tratar esta cuestión para ofrecer un listado de posibles señales, prevenciones y soluciones a este problema. Antes de abordar este tema, cabe destacar algunos de los datos que ofrece nuestro Barómetro Audiovisual de Andalucía 2020 con respecto al empleo que los niños y adolescentes andaluces hacen de Internet: El 66,8% de los jóvenes andaluces menores de 18 años está conectado a las redes sociales de forma permanente, lo que supone un aumento de 3,3 puntos respecto al informe anterior.Otro dato significativo del BAA es que el 38% de los menores de 18 años comienza a hacer uso de Internet antes de los 8 años; el 33,4% lo hace entre los 8 y los 10 años; el 25,1%, entre los 11 y los 13 años y sólo un 3,5% empieza a navegar por la red después de los 13 años.Respecto al tiempo dedicado por este segmento de población al uso de Internet, el 30,4% de entre 13 y 17 años y el 8,8% de los menores de 13 años están permanentemente conectados a la red. Más igualados están ambos grupos de edad en el caso de la utilización de Internet durante más de 5 horas, con un 21,4% de entre 13 y 17 años y un 17,1% de los menores de 13 años. Normalmente, cuando se habla de adicciones se hace referencia al uso excesivo de elementos químicos e invasivos para nuestro organismo, como pueden ser el tabaco, el alcohol y otros tipos de drogas. No obstante, podemos encontrar también adicciones no químicas que tienen más que ver con conductas, como, por ejemplo, aquellas vinculadas a la comida, al juego, al trabajo o el sexo. La adicción a Internet (y a las redes sociales, subtipo de la anterior) pertenecería, por lo tanto, al segundo grupo. Charo Sádaba, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, señala en nuestros ‘Cuadernos de Audiovisual nº9: Protección de menores en el entorno digital’ lo siguiente: “Estamos convencidos de que muchos jóvenes son adictos a la tecnología, a sus móviles, a las redes sociales. Parecemos olvidar que los rasgos que juzgamos en ellos los tenemos también nosotros. Y en general a lo que nos referimos cuando usamos el término adicción es, generalmente, a un uso excesivo que nos impide llevar una vida equilibrada, hacer otras cosas que es bueno hacer. La adicción existe, y la adicción a la tecnología también. Pero hablar de adicción tecnológica es una cosa muy seria, hace referencia a una posible patología que los últimos estudios son reacios a confirmar de manera generalizada. De acuerdo con Mark Griffiths, son tres los rasgos que han de darse para hablar de adicción: dependencia psicológica, con consecuencias graves y mantenida en el tiempo (al menos un año). Y cada uno de estos elementos tiene sus propias escalas de medición”. Sádaba, además, remarca que “hay que comprender que la relación de los menores con la tecnología no es superficial, que se apoya en dimensiones profundas que viven con gran intensidad, y que si queremos ayudarles es bueno comenzar reconociendo la complejidad de la situación”. Existen tres necesidades humanas que en la época preadolescente y adolescente se viven de una manera particularmente viva: la necesidad social, la de evasión y la identitaria.  En este contexto, la tecnología emerge como un guante que encaja perfectamente en la mano adolescente. A continuación, presentamos distintas señales que pueden advertirnos que un menor esté padeciendo adicción a Internet: Si invierte grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en la actividad en Internet sin ningún propósito.Si  Internet se convierte en el centro de su vida.Si Internet interfiere en sus obligaciones o en sus actividades básicas, alterando los patrones del sueño, la alimentación o el ocio.Si desatiende sus relaciones sociales y se aisla de su familia y amigos.Si abandona otros entretenimientos que solían divertirle.Si evita ir a lugares en los que no es posible conectarse a Internet.Si miente sobre el tiempo de conexión a Internet.Si pide estar conectado a Internet, o lo está, mientras come.Si sufre abstinencia: no puede controlar sus estados emocionales al ponerle límites al uso de Internet.Si presenta irritabilidad y ansiedad cuando la conexión a Internet falla o resulta lenta y, especialmente, cuando se ve privado del dispositivo que le da acceso a Internet.Si reanuda la actividad en Internet de forma persistente cuando, aparentemente, la ha dejado o la ha reducido (recaída).Si mira el móvil de forma casi automática, incluso en situaciones inverosímiles o inaceptables (en cine, en clase, en reuniones, etc.).Si niega o resta importancia a la adicción y a las consecuencias negativas que puede padecer por el uso excesivo de Internet.Si justifica de la necesidad de estar con el móvil, tablet u ordenador.Si enfrenta problemas con aquellos que le rodean o consigo mismo. Explicada esta lista de posibles síntomas de adicción a Internet en jóvenes, ¿cómo podemos evitarla? Proponemos una serie de opciones para prevenir o reducir el empleo abusivo de Internet por parte de un menor: Limitar el tiempo de conexión a la red.Es necesario que los padres den ejemplo de un uso responsable, ellos también pueden rebajar considerablemente el tiempo de utilización de las TICs.Debemos inculcar a los niños y adolescentes valores pedagógicos sobre un uso constructivo de Internet, ya que no cuentan con información sobre seguridad, privacidad o uso responsable de las TICs.Situar el ordenador en una zona común del hogar. A menudo los padres suelen ponerlo en la habitación de sus hijos, donde es más difícil que puedan saber qué uso le dan a Internet.Si sufre cambios de humor por no poder conectarse a Internet, los padres deben hablar con el joven sobre esta situación para que sea consciente de que algo no va bien.Si el menor sufre adicción, la transición debe hacerse progresivamente, ya que podríamos alimentar la ansiedad del joven si se le desconecta de manera brusca.Crear una lista de actividades que le gusta hacer, que no incluya nada de tecnología, para que las realice cada vez que sea posible.Pedir la ayuda de un profesional si la situación es incontrolable o la comunicación paterno-filial no es fructífera.

Adicción a Internet en niños y adolescentes

Blog del CAA - Lun, 17/05/2021 - 12:29
Síntomas, prevención y soluciones a este problema con motivo del Día de Internet El 17 de mayo se celebra el Día de Internet, esa herramienta que tanto ha cambiado nuestro estilo de vida en las últimas décadas. El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) no pasa por alto esta fecha, ya que es consciente de los muchos beneficios que las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) nos aportan, pero también de los múltiples riesgos que pueden ocasionar si su empleo no es el adecuado. Uno de ellos es la adicción a Internet, que afecta especialmente a los más jóvenes pues a pesar de que les llamemos “nativos digitales”, continúan siendo la población más desprotegida de nuestra sociedad. En su función de salvaguardar los derechos de los colectivos más vulnerables, y en particular menores de edad, el CAA desea tratar esta cuestión para ofrecer un listado de posibles señales, prevenciones y soluciones a este problema. Antes de abordar este tema, cabe destacar algunos de los datos que ofrece nuestro Barómetro Audiovisual de Andalucía 2020 con respecto al empleo que los niños y adolescentes andaluces hacen de Internet: El 66,8% de los jóvenes andaluces menores de 18 años está conectado a las redes sociales de forma permanente, lo que supone un aumento de 3,3 puntos respecto al informe anterior.Otro dato significativo del BAA es que el 38% de los menores de 18 años comienza a hacer uso de Internet antes de los 8 años; el 33,4% lo hace entre los 8 y los 10 años; el 25,1%, entre los 11 y los 13 años y sólo un 3,5% empieza a navegar por la red después de los 13 años.Respecto al tiempo dedicado por este segmento de población al uso de Internet, el 30,4% de entre 13 y 17 años y el 8,8% de los menores de 13 años están permanentemente conectados a la red. Más igualados están ambos grupos de edad en el caso de la utilización de Internet durante más de 5 horas, con un 21,4% de entre 13 y 17 años y un 17,1% de los menores de 13 años. Normalmente, cuando se habla de adicciones se hace referencia al uso excesivo de elementos químicos e invasivos para nuestro organismo, como pueden ser el tabaco, el alcohol y otros tipos de drogas. No obstante, podemos encontrar también adicciones no químicas que tienen más que ver con conductas, como, por ejemplo, aquellas vinculadas a la comida, al juego, al trabajo o el sexo. La adicción a Internet (y a las redes sociales, subtipo de la anterior) pertenecería, por lo tanto, al segundo grupo. Charo Sádaba, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, señala en nuestros ‘Cuadernos de Audiovisual nº9: Protección de menores en el entorno digital’ lo siguiente: “Estamos convencidos de que muchos jóvenes son adictos a la tecnología, a sus móviles, a las redes sociales. Parecemos olvidar que los rasgos que juzgamos en ellos los tenemos también nosotros. Y en general a lo que nos referimos cuando usamos el término adicción es, generalmente, a un uso excesivo que nos impide llevar una vida equilibrada, hacer otras cosas que es bueno hacer. La adicción existe, y la adicción a la tecnología también. Pero hablar de adicción tecnológica es una cosa muy seria, hace referencia a una posible patología que los últimos estudios son reacios a confirmar de manera generalizada. De acuerdo con Mark Griffiths, son tres los rasgos que han de darse para hablar de adicción: dependencia psicológica, con consecuencias graves y mantenida en el tiempo (al menos un año). Y cada uno de estos elementos tiene sus propias escalas de medición”. Sádaba, además, remarca que “hay que comprender que la relación de los menores con la tecnología no es superficial, que se apoya en dimensiones profundas que viven con gran intensidad, y que si queremos ayudarles es bueno comenzar reconociendo la complejidad de la situación”. Existen tres necesidades humanas que en la época preadolescente y adolescente se viven de una manera particularmente viva: la necesidad social, la de evasión y la identitaria.  En este contexto, la tecnología emerge como un guante que encaja perfectamente en la mano adolescente. A continuación, presentamos distintas señales que pueden advertirnos que un menor esté padeciendo adicción a Internet: Si invierte grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en la actividad en Internet sin ningún propósito.Si  Internet se convierte en el centro de su vida.Si Internet interfiere en sus obligaciones o en sus actividades básicas, alterando los patrones del sueño, la alimentación o el ocio.Si desatiende sus relaciones sociales y se aisla de su familia y amigos.Si abandona otros entretenimientos que solían divertirle.Si evita ir a lugares en los que no es posible conectarse a Internet.Si miente sobre el tiempo de conexión a Internet.Si pide estar conectado a Internet, o lo está, mientras come.Si sufre abstinencia: no puede controlar sus estados emocionales al ponerle límites al uso de Internet.Si presenta irritabilidad y ansiedad cuando la conexión a Internet falla o resulta lenta y, especialmente, cuando se ve privado del dispositivo que le da acceso a Internet.Si reanuda la actividad en Internet de forma persistente cuando, aparentemente, la ha dejado o la ha reducido (recaída).Si mira el móvil de forma casi automática, incluso en situaciones inverosímiles o inaceptables (en cine, en clase, en reuniones, etc.).Si niega o resta importancia a la adicción y a las consecuencias negativas que puede padecer por el uso excesivo de Internet.Si justifica de la necesidad de estar con el móvil, tablet u ordenador.Si enfrenta problemas con aquellos que le rodean o consigo mismo. Explicada esta lista de posibles síntomas de adicción a Internet en jóvenes, ¿cómo podemos evitarla? Proponemos una serie de opciones para prevenir o reducir el empleo abusivo de Internet por parte de un menor: Limitar el tiempo de conexión a la red.Es necesario que los padres den ejemplo de un uso responsable, ellos también pueden rebajar considerablemente el tiempo de utilización de las TICs.Debemos inculcar a los niños y adolescentes valores pedagógicos sobre un uso constructivo de Internet, ya que no cuentan con información sobre seguridad, privacidad o uso responsable de las TICs.Situar el ordenador en una zona común del hogar. A menudo los padres suelen ponerlo en la habitación de sus hijos, donde es más difícil que puedan saber qué uso le dan a Internet.Si sufre cambios de humor por no poder conectarse a Internet, los padres deben hablar con el joven sobre esta situación para que sea consciente de que algo no va bien.Si el menor sufre adicción, la transición debe hacerse progresivamente, ya que podríamos alimentar la ansiedad del joven si se le desconecta de manera brusca.Crear una lista de actividades que le gusta hacer, que no incluya nada de tecnología, para que las realice cada vez que sea posible.Pedir la ayuda de un profesional si la situación es incontrolable o la comunicación paterno-filial no es fructífera.

El pueblo gitano, una preocupación constante del Consejo Audiovisual de Andalucía

Blog CAA2 - Jue, 08/04/2021 - 12:18
El 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano, fecha que no pasa inadvertida para el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). Como órgano independiente que trabaja por el cumplimiento de los derechos y libertades en el ámbito de los medios audiovisuales, entre sus objetivos está promover los valores de tolerancia, igualdad, solidaridad y respeto a la dignidad humana, además de fortalecer la identidad del pueblo andaluz y su diversidad cultural. El CAA tiene la misión de salvaguardar los derechos de los colectivos vulnerables, evitando la incitación de conductas violentas e insolidarias. Es por ello que el Consejo Audiovisual de Andalucía siempre se ha interesado por velar por el respeto de la comunidad gitana. Reunión del CAA con FAKALI para contar con su colaboración en el análisis de la imagen del pueblo gitano en los medios El Consejo Audiovisual de Andalucía no se ha olvidado de este colectivo en su Plan Estratégico para el periodo 2021-2023. Aprobado a finales del año 2020, incluye entre sus actuaciones la realización de un análisis de la evolución de la imagen del pueblo gitano en los medios, la celebración de jornadas de debate y la difusión desde el propio CAA de mensajes positivos que inspiren una nueva y más real percepción de esta cultura. Como muestra de ello, el Consejo Audiovisual de Andalucía ha constituido recientemente un nuevo grupo de trabajo liderado por la consejera Pilar Távora y que cuenta con el apoyo de representantes del colectivo gitano. Sin embargo, en la actualidad, aún queda mucho camino que recorrer para la comunidad gitana. Este año, el CAA ha emitido el ‘Informe sobre la difusión on-line de contenidos audiovisuales que albergan elementos compatibles con el discurso de odio, en el contexto de la pandemia de la COVID-19’, en el que se alerta sobre la gran capacidad de propagación de esta clase de mensajes en plataformas y redes sociales desde el inicio de la crisis del coronavirus.  En él se estudian contenidos tendentes a catalogar a la comunidad de etnia gitana como “irresponsable” en relación al cumplimiento de las medidas anticovid. El colectivo ya denunciaba a principios de la pandemia que estaba sufriendo discriminación y mensajes racistas que le acusaban de la propagación del virus. Además, se difundieron informaciones en las que se resaltaba la etnia de las personas que habían sido atendidas por coronavirus, lo que podía contribuir a provocar estigma y podía suponer un retroceso en el ejercicio de los derechos del pueblo gitano. En 2019, el CAA publicó su informe sobre el proyecto de decreto por el que se creaba el Consejo Andaluz Del Pueblo Gitano, regulando su composición y régimen de funcionamiento, de acuerdo al Plan Integral para la Inclusión de la Comunidad Gitana de Andalucía para el periodo 2017-2020. Se constituía como órgano de comunicación entre las entidades que componen el tejido asociativo gitano andaluz y las Administraciones Públicas competentes para el asesoramiento, intercambio de experiencias y buenas prácticas en las políticas desarrolladas a favor de la comunidad gitana por parte de la Junta de Andalucía. ‘Presencia y tratamiento informativo de la población y la cultura gitana en los informativos de las televisiones públicas de Andalucía’ fue el estudio presentado por el CAA en 2010. Para su elaboración se analizaron 5.121 informativos y 116.789 noticias (con una duración total de 1.985 horas) y que exponía en aquel momento las siguientes conclusiones:  Las noticias con menciones explícitas a la etnia gitana sumaban 108 y conformaban el 0,09% del total de la muestra analizada (con una duración de 1:52:27), un porcentaje bastante por debajo de su peso demográfico en nuestra comunidad autónoma –cercano al 5%, con casi 270 mil habitantes-. En cuanto a la distribución por secciones, sobresalía la relevancia de los temas sociales, que suponían el 41,4% del tiempo total, en comparación con las que trataban sobre los mismos temas sin que hubiera referencias de pertenencia a un colectivo (19,53%). La sección ‘arte y cultura’ ocupaba el 14,87%, un reparto de minutos similar al de noticias enmarcadas en esta misma categoría en las que no se mencionaban las palabras gitano y/o gitana (13%). Le seguían las informaciones sobre ‘educación y formación’, con el 11,59% (las noticias enmarcadas de esta sección sin referencias a ninguna etnia conformaban el 3,56%). Tras las noticias sobre ‘conflictos sociales’ con el 11,12% del total, le seguía la categoría ‘trabajo y mercado laboral’ con el 5,63% del tiempo. Destacaba, además, el protagonismo mediático de la mujer gitana, que acaparó el 57% del tiempo de palabra, dato que llamaba la atención si se contrastaba con el tiempo de voz dedicado al sexo femenino en informativos sin distinción de etnias, situado entonces en un 25,90%. En esta labor de apoyo a la cultura gitana, destaca la celebración del ‘Año de la Comunidad gitana en los medios audiovisuales de Andalucía’ en 2009, aunque ya en 2007 el Consejo Audiovisual de Andalucía creó el Comité Mixto CAA- Organizaciones gitanas para su promoción. Esta iniciativa surgió de la búsqueda de apoyo de las organizaciones gitanas en el CAA como mediador entre su comunidad y los medios audiovisuales, con el fin de fomentar una imagen del pueblo gitano más ajustada a la realidad y erradicar estereotipos, mejorando el conocimiento de las aportaciones de los gitanos a la cultura y sociedad andaluzas. Este Comité estuvo formado por miembros del CAA, de la RTVA, de FAKALI y de Unión Romaní). En 2008, celebró también la III Jornada conjunta entre el CAA y el Defensor del Pueblo: “La Comunidad Gitana y los Medios Audiovisuales en Andalucía”. Asimismo, cabe señalar que, en 2009, el jurado del Instituto de Cultura Gitana concedió al Consejo Audiovisual de Andalucía el Premio de Cultura Gitana 8 de Abril. Cartel oficial de la Fundación Secretariado Gitano para su campaña de sensibilización por el 8 de abril de 2021 Por otro lado, el Consejo Audiovisual de Andalucía ha colaborado con otras entidades para realizar decálogos de recomendaciones para el tratamiento de la comunidad gitana en los medios de comunicación, entre las que se incluye no hacer referencia al grupo étnico si no es un dato relevante para comprender los hechos, recurrir a la comunidad gitana como fuente de información o fomentar la difusión de noticias positivas sobre este colectivo.

El pueblo gitano, una preocupación constante del Consejo Audiovisual de Andalucía

Blog del CAA - Jue, 08/04/2021 - 12:18
El 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano, fecha que no pasa inadvertida para el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). Como órgano independiente que trabaja por el cumplimiento de los derechos y libertades en el ámbito de los medios audiovisuales, entre sus objetivos está promover los valores de tolerancia, igualdad, solidaridad y respeto a la dignidad humana, además de fortalecer la identidad del pueblo andaluz y su diversidad cultural. El CAA tiene la misión de salvaguardar los derechos de los colectivos vulnerables, evitando la incitación de conductas violentas e insolidarias. Es por ello que el Consejo Audiovisual de Andalucía siempre se ha interesado por velar por el respeto de la comunidad gitana. Reunión del CAA con FAKALI para contar con su colaboración en el análisis de la imagen del pueblo gitano en los medios El Consejo Audiovisual de Andalucía no se ha olvidado de este colectivo en su Plan Estratégico para el periodo 2021-2023. Aprobado a finales del año 2020, incluye entre sus actuaciones la realización de un análisis de la evolución de la imagen del pueblo gitano en los medios, la celebración de jornadas de debate y la difusión desde el propio CAA de mensajes positivos que inspiren una nueva y más real percepción de esta cultura. Como muestra de ello, el Consejo Audiovisual de Andalucía ha constituido recientemente un nuevo grupo de trabajo liderado por la consejera Pilar Távora y que cuenta con el apoyo de representantes del colectivo gitano. Sin embargo, en la actualidad, aún queda mucho camino que recorrer para la comunidad gitana. Este año, el CAA ha emitido el ‘Informe sobre la difusión on-line de contenidos audiovisuales que albergan elementos compatibles con el discurso de odio, en el contexto de la pandemia de la COVID-19’, en el que se alerta sobre la gran capacidad de propagación de esta clase de mensajes en plataformas y redes sociales desde el inicio de la crisis del coronavirus.  En él se estudian contenidos tendentes a catalogar a la comunidad de etnia gitana como “irresponsable” en relación al cumplimiento de las medidas anticovid. El colectivo ya denunciaba a principios de la pandemia que estaba sufriendo discriminación y mensajes racistas que le acusaban de la propagación del virus. Además, se difundieron informaciones en las que se resaltaba la etnia de las personas que habían sido atendidas por coronavirus, lo que podía contribuir a provocar estigma y podía suponer un retroceso en el ejercicio de los derechos del pueblo gitano. En 2019, el CAA publicó su informe sobre el proyecto de decreto por el que se creaba el Consejo Andaluz Del Pueblo Gitano, regulando su composición y régimen de funcionamiento, de acuerdo al Plan Integral para la Inclusión de la Comunidad Gitana de Andalucía para el periodo 2017-2020. Se constituía como órgano de comunicación entre las entidades que componen el tejido asociativo gitano andaluz y las Administraciones Públicas competentes para el asesoramiento, intercambio de experiencias y buenas prácticas en las políticas desarrolladas a favor de la comunidad gitana por parte de la Junta de Andalucía. ‘Presencia y tratamiento informativo de la población y la cultura gitana en los informativos de las televisiones públicas de Andalucía’ fue el estudio presentado por el CAA en 2010. Para su elaboración se analizaron 5.121 informativos y 116.789 noticias (con una duración total de 1.985 horas) y que exponía en aquel momento las siguientes conclusiones:  Las noticias con menciones explícitas a la etnia gitana sumaban 108 y conformaban el 0,09% del total de la muestra analizada (con una duración de 1:52:27), un porcentaje bastante por debajo de su peso demográfico en nuestra comunidad autónoma –cercano al 5%, con casi 270 mil habitantes-. En cuanto a la distribución por secciones, sobresalía la relevancia de los temas sociales, que suponían el 41,4% del tiempo total, en comparación con las que trataban sobre los mismos temas sin que hubiera referencias de pertenencia a un colectivo (19,53%). La sección ‘arte y cultura’ ocupaba el 14,87%, un reparto de minutos similar al de noticias enmarcadas en esta misma categoría en las que no se mencionaban las palabras gitano y/o gitana (13%). Le seguían las informaciones sobre ‘educación y formación’, con el 11,59% (las noticias enmarcadas de esta sección sin referencias a ninguna etnia conformaban el 3,56%). Tras las noticias sobre ‘conflictos sociales’ con el 11,12% del total, le seguía la categoría ‘trabajo y mercado laboral’ con el 5,63% del tiempo. Destacaba, además, el protagonismo mediático de la mujer gitana, que acaparó el 57% del tiempo de palabra, dato que llamaba la atención si se contrastaba con el tiempo de voz dedicado al sexo femenino en informativos sin distinción de etnias, situado entonces en un 25,90%. En esta labor de apoyo a la cultura gitana, destaca la celebración del ‘Año de la Comunidad gitana en los medios audiovisuales de Andalucía’ en 2009, aunque ya en 2007 el Consejo Audiovisual de Andalucía creó el Comité Mixto CAA- Organizaciones gitanas para su promoción. Esta iniciativa surgió de la búsqueda de apoyo de las organizaciones gitanas en el CAA como mediador entre su comunidad y los medios audiovisuales, con el fin de fomentar una imagen del pueblo gitano más ajustada a la realidad y erradicar estereotipos, mejorando el conocimiento de las aportaciones de los gitanos a la cultura y sociedad andaluzas. Este Comité estuvo formado por miembros del CAA, de la RTVA, de FAKALI y de Unión Romaní). En 2008, celebró también la III Jornada conjunta entre el CAA y el Defensor del Pueblo: “La Comunidad Gitana y los Medios Audiovisuales en Andalucía”. Asimismo, cabe señalar que, en 2009, el jurado del Instituto de Cultura Gitana concedió al Consejo Audiovisual de Andalucía el Premio de Cultura Gitana 8 de Abril. Cartel oficial de la Fundación Secretariado Gitano para su campaña de sensibilización por el 8 de abril de 2021 Por otro lado, el Consejo Audiovisual de Andalucía ha colaborado con otras entidades para realizar decálogos de recomendaciones para el tratamiento de la comunidad gitana en los medios de comunicación, entre las que se incluye no hacer referencia al grupo étnico si no es un dato relevante para comprender los hechos, recurrir a la comunidad gitana como fuente de información o fomentar la difusión de noticias positivas sobre este colectivo.

Menores, ciberpornografía y trastornos afectivo-sexuales

Blog del CAA - Mar, 23/03/2021 - 13:21
Vivimos en una sociedad hipersexulizada, donde además internet ha facilitado el acceso, consumo o adicción a la pornografía desde edades muy tempranas, pero con una muy escasa educación sexual. El 90% de los niños entre 8 y 16 años ha visitado una web porno; el consumo en la red es frecuente desde los 10 años de edad y en Andalucía, más del 57% de los menores accedieron antes de los 16 años. El 77% de los adolescentes nunca ha hablado con sus padres sobre pornografía ni tampoco se ha informado sobre sexo a través de fuentes científicas de calidad. Se trata de una realidad preocupante, aún más si se tiene en cuenta que el  84% de las personas entre 16 y 24 años sufre algún tipo de disfunción sexual. Estos son algunos de los datos que el psicólogo Alejandro Villena Moya desgranó en el taller ‘Pantallas, likes y pornografía’, organizado por el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) y la Confederación Andaluza de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado por la Educación Pública (CODAPA), del que ofrecemos una síntesis y reflexión en esta entrada del blog. El CAA, que tiene entre sus funciones la protección de los colectivos más vulnerables como los menores, ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios la lucha contra la ciberpornograía y la concienciación sobre sus efectos perjudiciales entre los más jóvenes. “Somos lo que vemos y lo que oímos”, explicaba el experto en sexualidad de la Asociación Dale una Vuelta, más cuando se es adolescente y aún no se posee cierta capacidad crítica para discernir qué prácticas pueden ser positivas o negativas en el sexo. Los jóvenes deben conocer todas sus dimensiones, que no sólo son físicas, sino también afectivas, cognitivas, culturales y éticas. Entender todos estos factores es necesario para alcanzar una sexualidad sana: lo emocional no se encuentra separado de lo biológico. Una sexualidad sana no puede tener como fin el placer por delante de las personas: hay que educar en materia de empatía sexual, fomentando el respeto, la comunicación, el consentimiento y la preocupación por el otro. El objetivo debe ser el sexo como una experiencia relacional. ¿Cómo puede verse afectada la sexualidad de los jóvenes en esta era tecnológica? Alejandro Villena destacó la propagación del fenómeno del sexting, que según afirmó realizan tres de cada 10 adolescentes. Esta práctica es mayor cuanto menor es la educación sexual y cuantas más parejas sexuales se tengan, y en muchos casos está relacionada con la depresión, la impulsividad y la búsqueda de emociones. Ellas son las que más contenido envían, mientras que ellos suelen recibirlo o publicarlo. El psicólogo también señaló que uno de cada 10 jóvenes ha presionado para enviar sin consentimiento contenidos y pidió a los padres transmitir a sus hijos cómo se pierde el control de esta información una vez la comparten, lo que no está exento de riesgos. Los jóvenes deben saber que si bien las redes sociales pueden tener un empleo recreativo o profesional (para entretenerse, comunicarse, trabajar, informarse, etc.), su uso también puede acarrear riesgos (cuando afecta a la autoestima o crea ansiedad y dependencia) y problemas (cuando se llega a sufrir adicción, aislamiento, despersonalización o depresión, cuando lleva practicar ciberbullying, extorsión y sextorsión e, incluso, a cometer un suicidio). ¿Qué ocurre con la pornografía? Por un lado, la mujer sale gravemente perjudicada por la pornografía convencional, que transmite un papel de dominancia del hombre y promueve una imagen de sumisión y objetificación del género femenino. “Se ha visto que cuanto mayor es el consumo de pornografía en los adolescentes, mayor probabilidad hay de incorporar estereotipos machistas, estereotipos de género, de creer que lo dominante es algo bueno, válido, y de incorporar estas prácticas agresivas”, dice Villena, para quien “hay más probabilidad de acabar teniendo una agresión sexual si consumes pornografía de forma repetida”. No hay que culpar sólo a la pornografía como causa de estos casos, aclara el experto, pero es un factor más, ya que banaliza y normaliza la violencia dentro del ámbito sexual, lo que reduce las probabilidades de denunciar una agresión de este tipo. Por otra parte, el consumo de pornografía repercute en la idea que tenemos sobre el sexo y en nuestra autoestima. El adolescente no tiene un modelo de sexualidad sana. Cuanto mayor es el consumo de contenido pornográfico, mayor es la comparación que hace sobre su cuerpo, genitales y capacidades físicas, lo que genera frustraciones y disfunciones ante unas expectativas sexuales irreales, pues se distorsiona la erótica y la imagen que tenemos de los seres humanos al creer que lo que vemos en la pornografía es verdad. Además, tiene un impacto a nivel cerebral: hiperactiva los sistemas de dopamina, afecta a la parte frontal del cerebro y altera las neuronas espejo -que permiten aprender por observación-, incorporando ciertos modelos incorrectos de sexualidad. Las personas se acostumbran a unas expectativas ficticias sobre lo que es el sexo a través de una pantalla y cuando se relacionan sexualmente con alguien de forma real, el cuerpo no se activa y necesita de ese superestímulo que es la pornografía que, además, perjudica los mecanismos de empatía. Otro de los problemas que puede provocar la pornografía en los jóvenes es así la adicción. Y hay señales de alerta que lo denotan en un adolescente: Si depende de la tecnología.Cambios de sueño.Si para mucho tiempo con el móvil en sitios privados.Otras adicciones.Cambio de rendimiento escolar.Cambios de ánimo y ansiedad.Lenguaje sexualizado.Aislamiento.Mentiras y comportamientos inexplicables.Conductas sexuales explícitas.Comportamientos machistas o denigrantes. Para conseguir la deseada buena educación sexual de los jóvenes, Alejandro Villena ofrece una serie de recomendaciones a los padres para hablar sobre esta materia con sus hijos: Antes de responder, preguntar qué saben, piensan o imaginan.Contestar siempre.Decir siempre la verdad.Dar respuestas breves.Adecuar la respuesta a la edad del niño.Incluir valores de la familia en la respuesta.Hablar de sentimientos: amor, amistad, etc.Mostrarse interesado en responder.Promover búsqueda de información, libros o láminas.Crear un clima de confianza padres-hijos.Dejar abierta la posibilidad de futuras conversaciones.Aprovechar la oportunidad que brinda la pregunta.

Menores, ciberpornografía y trastornos afectivo-sexuales

Blog CAA2 - Mar, 23/03/2021 - 13:21
Vivimos en una sociedad hipersexulizada, donde además internet ha facilitado el acceso, consumo o adicción a la pornografía desde edades muy tempranas, pero con una muy escasa educación sexual. El 90% de los niños entre 8 y 16 años ha visitado una web porno; el consumo en la red es frecuente desde los 10 años de edad y en Andalucía, más del 57% de los menores accedieron antes de los 16 años. El 77% de los adolescentes nunca ha hablado con sus padres sobre pornografía ni tampoco se ha informado sobre sexo a través de fuentes científicas de calidad. Se trata de una realidad preocupante, aún más si se tiene en cuenta que el  84% de las personas entre 16 y 24 años sufre algún tipo de disfunción sexual. Estos son algunos de los datos que el psicólogo Alejandro Villena Moya desgranó en el taller ‘Pantallas, likes y pornografía’, organizado por el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) y la Confederación Andaluza de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado por la Educación Pública (CODAPA), del que ofrecemos una síntesis y reflexión en esta entrada del blog. El CAA, que tiene entre sus funciones la protección de los colectivos más vulnerables como los menores, ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios la lucha contra la ciberpornograía y la concienciación sobre sus efectos perjudiciales entre los más jóvenes. “Somos lo que vemos y lo que oímos”, explicaba el experto en sexualidad de la Asociación Dale una Vuelta, más cuando se es adolescente y aún no se posee cierta capacidad crítica para discernir qué prácticas pueden ser positivas o negativas en el sexo. Los jóvenes deben conocer todas sus dimensiones, que no sólo son físicas, sino también afectivas, cognitivas, culturales y éticas. Entender todos estos factores es necesario para alcanzar una sexualidad sana: lo emocional no se encuentra separado de lo biológico. Una sexualidad sana no puede tener como fin el placer por delante de las personas: hay que educar en materia de empatía sexual, fomentando el respeto, la comunicación, el consentimiento y la preocupación por el otro. El objetivo debe ser el sexo como una experiencia relacional. ¿Cómo puede verse afectada la sexualidad de los jóvenes en esta era tecnológica? Alejandro Villena destacó la propagación del fenómeno del sexting, que según afirmó realizan tres de cada 10 adolescentes. Esta práctica es mayor cuanto menor es la educación sexual y cuantas más parejas sexuales se tengan, y en muchos casos está relacionada con la depresión, la impulsividad y la búsqueda de emociones. Ellas son las que más contenido envían, mientras que ellos suelen recibirlo o publicarlo. El psicólogo también señaló que uno de cada 10 jóvenes ha presionado para enviar sin consentimiento contenidos y pidió a los padres transmitir a sus hijos cómo se pierde el control de esta información una vez la comparten, lo que no está exento de riesgos. Los jóvenes deben saber que si bien las redes sociales pueden tener un empleo recreativo o profesional (para entretenerse, comunicarse, trabajar, informarse, etc.), su uso también puede acarrear riesgos (cuando afecta a la autoestima o crea ansiedad y dependencia) y problemas (cuando se llega a sufrir adicción, aislamiento, despersonalización o depresión, cuando lleva practicar ciberbullying, extorsión y sextorsión e, incluso, a cometer un suicidio). ¿Qué ocurre con la pornografía? Por un lado, la mujer sale gravemente perjudicada por la pornografía convencional, que transmite un papel de dominancia del hombre y promueve una imagen de sumisión y objetificación del género femenino. “Se ha visto que cuanto mayor es el consumo de pornografía en los adolescentes, mayor probabilidad hay de incorporar estereotipos machistas, estereotipos de género, de creer que lo dominante es algo bueno, válido, y de incorporar estas prácticas agresivas”, dice Villena, para quien “hay más probabilidad de acabar teniendo una agresión sexual si consumes pornografía de forma repetida”. No hay que culpar sólo a la pornografía como causa de estos casos, aclara el experto, pero es un factor más, ya que banaliza y normaliza la violencia dentro del ámbito sexual, lo que reduce las probabilidades de denunciar una agresión de este tipo. Por otra parte, el consumo de pornografía repercute en la idea que tenemos sobre el sexo y en nuestra autoestima. El adolescente no tiene un modelo de sexualidad sana. Cuanto mayor es el consumo de contenido pornográfico, mayor es la comparación que hace sobre su cuerpo, genitales y capacidades físicas, lo que genera frustraciones y disfunciones ante unas expectativas sexuales irreales, pues se distorsiona la erótica y la imagen que tenemos de los seres humanos al creer que lo que vemos en la pornografía es verdad. Además, tiene un impacto a nivel cerebral: hiperactiva los sistemas de dopamina, afecta a la parte frontal del cerebro y altera las neuronas espejo -que permiten aprender por observación-, incorporando ciertos modelos incorrectos de sexualidad. Las personas se acostumbran a unas expectativas ficticias sobre lo que es el sexo a través de una pantalla y cuando se relacionan sexualmente con alguien de forma real, el cuerpo no se activa y necesita de ese superestímulo que es la pornografía que, además, perjudica los mecanismos de empatía. Otro de los problemas que puede provocar la pornografía en los jóvenes es así la adicción. Y hay señales de alerta que lo denotan en un adolescente: Si depende de la tecnología.Cambios de sueño.Si para mucho tiempo con el móvil en sitios privados.Otras adicciones.Cambio de rendimiento escolar.Cambios de ánimo y ansiedad.Lenguaje sexualizado.Aislamiento.Mentiras y comportamientos inexplicables.Conductas sexuales explícitas.Comportamientos machistas o denigrantes. Para conseguir la deseada buena educación sexual de los jóvenes, Alejandro Villena ofrece una serie de recomendaciones a los padres para hablar sobre esta materia con sus hijos: Antes de responder, preguntar qué saben, piensan o imaginan.Contestar siempre.Decir siempre la verdad.Dar respuestas breves.Adecuar la respuesta a la edad del niño.Incluir valores de la familia en la respuesta.Hablar de sentimientos: amor, amistad, etc.Mostrarse interesado en responder.Promover búsqueda de información, libros o láminas.Crear un clima de confianza padres-hijos.Dejar abierta la posibilidad de futuras conversaciones.Aprovechar la oportunidad que brinda la pregunta.

Brújula para internautas libres: Ciberacoso

Blog CAA2 - Mié, 11/11/2020 - 13:23
El ciberacoso o ciberbullying podría definirse como el uso indebido de herramientas online, habitualmente por parte de jóvenes, con el fin de amenazar, molestar, insultar o perseguir a otra persona. Con el amplio universo online como telón de fondo, el ciberbullying se sirve de la instantaneidad y la rapidez de difusión para ser, sin ningún género de duda, una de las grandes problemáticas a las que debe enfrentarse la red. Aunque es un fenómeno difícil de cuantificar, según los datos ofrecidos por Unicef en 2019, casi un 7% de alumnos españoles reconocía haber sufrido acoso online en los dos meses previos al estudio. Son cifras importantes, que manifiestan la importancia y la necesidad de actuar con prontitud frente al ciberbullying. Enfrentar el problema no es solo cosa de los jóvenes, sino que debe ser una tarea transversal en la que también participen padres y educadores, siendo los centros formativos núcleo capital de la lucha contra el ciberacoso. Con todo y tomando como referencia el trabajo de organizaciones beligerantes y especialmente comprometidas a este respecto, como Pantallas Amigas o el portal web Ciberbullying, se desgranan a continuación algunos consejos o recomendaciones. Cuida tu privacidad. Puede que se trate de un consejo viciado, básico y repetido hasta la saciedad, pero es tan sencillo como crucial. Proteger al máximo nuestra intimidad puede ahorrarnos muchos problemas en la red, también relacionados con el ciberacoso.Ignora. Siempre que no se trate de un hecho continuado o especialmente perjudicial, ante el que habría que responder acudiendo a las autoridades o pidiendo ayuda, obviar comentarios de mal gusto también puede reportar beneficios. Los trolls cibernéticos, en ocasiones, solo buscan notoriedad, llamar la atención.Actúa con respeto. El buen comportamiento no solo puede ser exigido a ajenos, sino que también debe ser una exigencia para con nosotros mismos. Adecuarse al marco que proponen las netiquetas, normas de actuación en internet, es un buen camino para navegar por la red sin cohibir la libertad de nadie.Comunica tus problemas. Ante la sospecha o sensación de que tu integridad está siendo vulnerada, habla, exterioriza lo sucedido y pide ayuda. Ocultar un posible caso de ciberacoso no puede sino profundizar la herida y hacerla aún más grande.Sé tú mismo. La red ya forma parte de nuestra vida, de nuestra rutina, y, como tal, debe usarse en ese sentido. El anonimato no existe, por mucho que te molestes en construir un perfil falso, pero los problemas virtuales sí. Habla, responde y actúa como si estuvieras en la calle.Documenta el acoso. Ante la difusión o creación de cualquier tipo de contenido que atente contra tu intimidad o integridad, guarda las pruebas. Son capitales para esclarecer su origen y poder, así, dirimir consecuencias legales si fueran necesarias.Advierte al infractor o infractores. En ocasiones, pueden hacerse virales contenidos indebidos, que son compartidos, en menor o mayor medida, por redes sociales. Podría darse el caso de que esa difusión no se produzca malintencionadamente, por lo que, antes de tomar decisiones precipitadas, es aconsejable avisar de que se está haciendo una mala praxis. https://www.epdata.es/datos/cibercriminalidad-ciberbullying-datos-estadisticas/291 10 Consejos básicos contra el ciberbullying

Brújula para internautas libres: Ciberacoso

Blog del CAA - Mié, 11/11/2020 - 13:23
El ciberacoso o ciberbullying podría definirse como el uso indebido de herramientas online, habitualmente por parte de jóvenes, con el fin de amenazar, molestar, insultar o perseguir a otra persona. Con el amplio universo online como telón de fondo, el ciberbullying se sirve de la instantaneidad y la rapidez de difusión para ser, sin ningún género de duda, una de las grandes problemáticas a las que debe enfrentarse la red. Aunque es un fenómeno difícil de cuantificar, según los datos ofrecidos por Unicef en 2019, casi un 7% de alumnos españoles reconocía haber sufrido acoso online en los dos meses previos al estudio. Son cifras importantes, que manifiestan la importancia y la necesidad de actuar con prontitud frente al ciberbullying. Enfrentar el problema no es solo cosa de los jóvenes, sino que debe ser una tarea transversal en la que también participen padres y educadores, siendo los centros formativos núcleo capital de la lucha contra el ciberacoso. Con todo y tomando como referencia el trabajo de organizaciones beligerantes y especialmente comprometidas a este respecto, como Pantallas Amigas o el portal web Ciberbullying, se desgranan a continuación algunos consejos o recomendaciones. Cuida tu privacidad. Puede que se trate de un consejo viciado, básico y repetido hasta la saciedad, pero es tan sencillo como crucial. Proteger al máximo nuestra intimidad puede ahorrarnos muchos problemas en la red, también relacionados con el ciberacoso.Ignora. Siempre que no se trate de un hecho continuado o especialmente perjudicial, ante el que habría que responder acudiendo a las autoridades o pidiendo ayuda, obviar comentarios de mal gusto también puede reportar beneficios. Los trolls cibernéticos, en ocasiones, solo buscan notoriedad, llamar la atención.Actúa con respeto. El buen comportamiento no solo puede ser exigido a ajenos, sino que también debe ser una exigencia para con nosotros mismos. Adecuarse al marco que proponen las netiquetas, normas de actuación en internet, es un buen camino para navegar por la red sin cohibir la libertad de nadie.Comunica tus problemas. Ante la sospecha o sensación de que tu integridad está siendo vulnerada, habla, exterioriza lo sucedido y pide ayuda. Ocultar un posible caso de ciberacoso no puede sino profundizar la herida y hacerla aún más grande.Sé tú mismo. La red ya forma parte de nuestra vida, de nuestra rutina, y, como tal, debe usarse en ese sentido. El anonimato no existe, por mucho que te molestes en construir un perfil falso, pero los problemas virtuales sí. Habla, responde y actúa como si estuvieras en la calle.Documenta el acoso. Ante la difusión o creación de cualquier tipo de contenido que atente contra tu intimidad o integridad, guarda las pruebas. Son capitales para esclarecer su origen y poder, así, dirimir consecuencias legales si fueran necesarias.Advierte al infractor o infractores. En ocasiones, pueden hacerse virales contenidos indebidos, que son compartidos, en menor o mayor medida, por redes sociales. Podría darse el caso de que esa difusión no se produzca malintencionadamente, por lo que, antes de tomar decisiones precipitadas, es aconsejable avisar de que se está haciendo una mala praxis. https://www.epdata.es/datos/cibercriminalidad-ciberbullying-datos-estadisticas/291 10 Consejos básicos contra el ciberbullying

Brújula para internautas libres: El filtro burbuja

Blog CAA2 - Mar, 15/09/2020 - 10:22
El 87,4 % de la población andaluza utiliza internet para estar al día de la actualidad, según el Barómetro Audiovisual de Andalucía 2019, elaborado por el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). Este dato pone de manifiesto la necesidad de aprender a navegar por la red de manera que recibamos una información completa, evitando las limitaciones de pluralidad y veracidad que impone el filtro burbuja. Se entiende por filtro burbuja al proceso mediante el cual un servidor web muestra al usuario resultados ajustados a sus intereses, tomando información previa como su ubicación, gustos o búsquedas realizadas. Si bien dicha práctica podría suponer notables beneficios para el internauta, también puede acarrear su aislamiento intelectual. El filtrado no hace sino reforzar las creencias del usuario a base de noticias o informaciones alineadas a su postura ideológica, lo cual le incapacita a la hora de contrastar diversas perspectivas o valorar realmente lo que ocurre a su alrededor. La discusión es amplia, entre quienes creen que esta práctica online es beneficiosa y quienes, por el contrario, la denuncian. Por ello, a fin de estructurar con claridad qué es el filtro burbuja, se desgranan a continuación ventajas e inconvenientes. Argumentos a favor A gusto del consumidor. El usuario disfruta de una experiencia ajustada a sus gustos, a lo que realmente le apasiona o interesa. Para quienes acceden de manera puntual a la red, puede ser enormemente beneficioso encontrarse directamente con aquello que le atrae.Simplificación. La navegación se hace mucho más intuitiva y accesible para el internauta, lo cual puede agradecerse a la hora de afrontar el inmenso universo online.Instantaneidad. El filtro burbuja tiene la capacidad de aligerar los plazos y procesos de búsqueda, sirviendo en bandeja de plata la información requerida, a la que se llega mucho más rápido y de forma sencilla.Individualización. Antaño, la información y el entretenimiento ofrecían parrillas limitadas y poco flexibles para el usuario. Sin embargo, internet abre la puerta a la construcción de un menú audiovisual absolutamente personalizado. Argumentos en contra Problemas de privacidad. Para generar el filtrado, la web recurre a nuestras búsquedas anteriores, a nuestra ubicación o, incluso, a nuestros likes en redes sociales. Es, por tanto, evidente que el desarrollo del filtro burbuja pone nuestra intimidad en entredicho.Distorsión de la realidad. Como se apuntó anteriormente, el compendio de informaciones que llegan al usuario debido al filtro burbuja suele estar profundamente sesgado, lo cual impide el debate y genera una realidad ficticia y alejada del mundo original.Herramienta de censura. Aunque parezca una obviedad, el hecho de recibir solo un tipo de informaciones impide que te lleguen otras. Por mucho que se alejen de tus gustos, si la red impide la transmisión de ciertos contenidos, los está censurando.Homogeneización social. Contradictoriamente, las redes sociales, creadas originalmente para conectar gente de muy diversa índole, recurre al filtro burbuja, atentando contra sus propios fundamentos. Nuestro comportamiento en ellas nos une a perfiles similares con facilidad, pero no así con quienes piensan distinto.Espacio para las noticias falsas. El ser humano goza de una peligrosa tendencia a necesitar que le den la razón. Poco hay más gratificante que leer en un artículo exactamente lo que piensas, más allá de la veracidad del mismo. Tomando tal contexto, la práctica del filtro burbuja es ideal para la proliferación de bulos. La peligrosidad del filtro burbuja se hace así patente. Teniendo en cuenta que internet es para muchos usuarios la base de su información, es notablemente perjudicial que ésta llegue sesgada y notablemente filtrada en base a criterios unipersonales. Por tanto, se ofrecen a continuación varias recomendaciones para erradicar o disminuir los riesgos del filtro burbuja. Apuesta por la diversidad. El usuario es tan responsable del filtro burbuja como la web. Aceptamos sus aspectos negativos porque deseamos los positivos. Es necesario, consecuentemente, hacer autocrítica y construir, para nosotros mismos, un espacio online mucho más sano y enriquecedor, diversificando nuestras búsquedas. Es tan fácil como dar de vez en cuando likes a noticias opuestas a tu ideología para ampliar el abanico de informaciones que puedas recibir. Alterna buscadores. Existe cierta tendencia a utilizar un único motor de búsqueda, por diversos motivos. Bien sea porque nos parece estéticamente mejor o porque sea más intuitivo, no solemos abandonarlo. Es aconsejable, en este punto, despojarnos de esa mentalidad e ir cambiando entre los distintos buscadores existentes. Instala extensiones. Uses el buscador que uses, tienes la posibilidad de potenciarlo y hacerlo más seguro con la aplicación de ciertas extensiones como AdBlock, que trabajan contra la acción del filtrado. Es tan sencillo como instalarlas. Recurre a verificadores de noticias. Haz que tu información sea lo más amplia posible y no te quedes satisfecho con lo primero que te llegue. Ante la duda, puedes consultar en webs dedicadas a desmentir noticias falsas como: Efe Verifica, Maldita.es, Newtral o Salud sin Bulos, entre otros.

Brújula para internautas libres: El filtro burbuja

Blog del CAA - Mar, 15/09/2020 - 10:22
El 87,4 % de la población andaluza utiliza internet para estar al día de la actualidad, según el Barómetro Audiovisual de Andalucía 2019, elaborado por el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). Este dato pone de manifiesto la necesidad de aprender a navegar por la red de manera que recibamos una información completa, evitando las limitaciones de pluralidad y veracidad que impone el filtro burbuja. Se entiende por filtro burbuja al proceso mediante el cual un servidor web muestra al usuario resultados ajustados a sus intereses, tomando información previa como su ubicación, gustos o búsquedas realizadas. Si bien dicha práctica podría suponer notables beneficios para el internauta, también puede acarrear su aislamiento intelectual. El filtrado no hace sino reforzar las creencias del usuario a base de noticias o informaciones alineadas a su postura ideológica, lo cual le incapacita a la hora de contrastar diversas perspectivas o valorar realmente lo que ocurre a su alrededor. La discusión es amplia, entre quienes creen que esta práctica online es beneficiosa y quienes, por el contrario, la denuncian. Por ello, a fin de estructurar con claridad qué es el filtro burbuja, se desgranan a continuación ventajas e inconvenientes. Argumentos a favor A gusto del consumidor. El usuario disfruta de una experiencia ajustada a sus gustos, a lo que realmente le apasiona o interesa. Para quienes acceden de manera puntual a la red, puede ser enormemente beneficioso encontrarse directamente con aquello que le atrae.Simplificación. La navegación se hace mucho más intuitiva y accesible para el internauta, lo cual puede agradecerse a la hora de afrontar el inmenso universo online.Instantaneidad. El filtro burbuja tiene la capacidad de aligerar los plazos y procesos de búsqueda, sirviendo en bandeja de plata la información requerida, a la que se llega mucho más rápido y de forma sencilla.Individualización. Antaño, la información y el entretenimiento ofrecían parrillas limitadas y poco flexibles para el usuario. Sin embargo, internet abre la puerta a la construcción de un menú audiovisual absolutamente personalizado. Argumentos en contra Problemas de privacidad. Para generar el filtrado, la web recurre a nuestras búsquedas anteriores, a nuestra ubicación o, incluso, a nuestros likes en redes sociales. Es, por tanto, evidente que el desarrollo del filtro burbuja pone nuestra intimidad en entredicho.Distorsión de la realidad. Como se apuntó anteriormente, el compendio de informaciones que llegan al usuario debido al filtro burbuja suele estar profundamente sesgado, lo cual impide el debate y genera una realidad ficticia y alejada del mundo original.Herramienta de censura. Aunque parezca una obviedad, el hecho de recibir solo un tipo de informaciones impide que te lleguen otras. Por mucho que se alejen de tus gustos, si la red impide la transmisión de ciertos contenidos, los está censurando.Homogeneización social. Contradictoriamente, las redes sociales, creadas originalmente para conectar gente de muy diversa índole, recurre al filtro burbuja, atentando contra sus propios fundamentos. Nuestro comportamiento en ellas nos une a perfiles similares con facilidad, pero no así con quienes piensan distinto.Espacio para las noticias falsas. El ser humano goza de una peligrosa tendencia a necesitar que le den la razón. Poco hay más gratificante que leer en un artículo exactamente lo que piensas, más allá de la veracidad del mismo. Tomando tal contexto, la práctica del filtro burbuja es ideal para la proliferación de bulos. La peligrosidad del filtro burbuja se hace así patente. Teniendo en cuenta que internet es para muchos usuarios la base de su información, es notablemente perjudicial que ésta llegue sesgada y notablemente filtrada en base a criterios unipersonales. Por tanto, se ofrecen a continuación varias recomendaciones para erradicar o disminuir los riesgos del filtro burbuja. Apuesta por la diversidad. El usuario es tan responsable del filtro burbuja como la web. Aceptamos sus aspectos negativos porque deseamos los positivos. Es necesario, consecuentemente, hacer autocrítica y construir, para nosotros mismos, un espacio online mucho más sano y enriquecedor, diversificando nuestras búsquedas. Es tan fácil como dar de vez en cuando likes a noticias opuestas a tu ideología para ampliar el abanico de informaciones que puedas recibir. Alterna buscadores. Existe cierta tendencia a utilizar un único motor de búsqueda, por diversos motivos. Bien sea porque nos parece estéticamente mejor o porque sea más intuitivo, no solemos abandonarlo. Es aconsejable, en este punto, despojarnos de esa mentalidad e ir cambiando entre los distintos buscadores existentes. Instala extensiones. Uses el buscador que uses, tienes la posibilidad de potenciarlo y hacerlo más seguro con la aplicación de ciertas extensiones como AdBlock, que trabajan contra la acción del filtrado. Es tan sencillo como instalarlas. Recurre a verificadores de noticias. Haz que tu información sea lo más amplia posible y no te quedes satisfecho con lo primero que te llegue. Ante la duda, puedes consultar en webs dedicadas a desmentir noticias falsas como: Efe Verifica, Maldita.es, Newtral o Salud sin Bulos, entre otros.

Brújula para internautas libres: Sexting

Blog CAA2 - Lun, 03/08/2020 - 11:28
La confianza es la base de cualquier relación interpersonal saludable, pero en ocasiones se rompe ese vínculo y  eso puede conllevar una serie de problemas, como la difusión no consentida en internet de archivos de contenido íntimo. El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) continúa en este blog con sus consejos que buscan servir de ‘Brújula para internautas libres’ y presenta un decálogo para evitar ser víctimas de ciberacoso, tras la práctica del sexting. El sexting se define como la emisión o recepción de contenido textual o audiovisual de carácter sexual o erótico a través de las nuevas tecnologías, especialmente en redes sociales. Aunque suele contar con el beneplácito de la persona implicada, que es quien genera el contenido, lidia con un enorme riesgo, que podría derivar en ciberacoso sexual, cuya práctica consiste en chantajear a la víctima con la difusión de dichos contenidos. En ocasiones el ciberacoso sexual puede ser consecuencia de un engaño pederasta, práctica conocida como grooming. Esta es la estrategia usada por adultos para engañar a través de las redes sociales a un menor de edad, ganándose su confianza para después poder abusar sexualmente de este. Por desgracia, los problemas relacionados con el sexting son cada vez más habituales, y pese al trabajo educativo que ya se está haciendo sobre él, nunca es demasiada la información que se emite para su prevención. A continuación, se desgranan varias recomendaciones a la hora de afrontar o evitar los riesgos propios de esta práctica. Cultiva tu autoestima. Aunque parezca baladí, este tipo de prácticas online son más comunes en personas con poca seguridad en sí mismos. Trabajar en este sentido, más allá de reportar incontables beneficios en nuestro día a día, puede ser crucial para evitar problemas de esta clase.Defiende tu privacidad. El derecho a la intimidad debe ser conocido y salvaguardado desde cualquier instancia, más aún cuando sus límites chocan con los amplios tentáculos de la Red, que lo pone en entredicho. El concepto de privacidad ha evolucionado con internet y es imperativo dilucidar hasta qué punto la ponemos en riesgo con lo que publicamos o compartimos.Conoce las reglas del juego. La huella que dejamos en la Red es perenne y posee una dimensión casi incalculable. Es difícil saber qué información dejamos al descubierto para delincuentes digitales, aunque no la compartamos. Por ello, es preciso que cuidemos al detalle los archivos y documentos que tenemos en nuestros ordenadores o smartphones, a fin de limitar los riesgos.No fíes tu intimidad a nadie. Por mucho que conozcamos a alguien, por mucho que creamos que jamás nos traicionaría o que no nos pondría en peligro, tenemos que caminar con pies de plomo. Las relaciones cambian. Una pareja o un amigo pueden dejar de serlo en un futuro y si antes de ello le hemos confiado imágenes o cualquier otro contenido íntimo, podríamos estar en riesgo. Sea quien sea la otra persona, la práctica del sexting te hace depender de ella.Ni compartas ni recibas. Podríamos encontrarnos, también, con la situación contraria y ser nosotros quienes recibamos este tipo de contenido, bien sea de forma directa o a través de una tercera persona. En el segundo caso, no solo debes abstenerte de compartir el contenido, sino también bloquear al remitente e, incluso, si fuera el caso, denunciarle. La difusión de imágenes u otros documentos eróticos puede acarrear en delito.Evita el ciberbullying. No solo para ti, sino para los demás. En la Red, todo avanza a gran velocidad. Una imagen puede hacerse viral en cuestión de minutos, es incontrolable, y son incontables los casos de personas que, de una forma u otra, han sufrido acoso por la propagación de imágenes íntimas. Evita ese tipo de situaciones no difundiendo.Pide ayuda. Ante un problema de este tipo, comunícalo. A tus familiares, a tus seres más cercanos. Es preferible afrontarlo en compañía, para poder actuar de la manera más eficaz posible y erradicar el problema. Para ello, por supuesto, también es aconsejable, para cualquier núcleo familiar, el fomento de un clima de confianza amplio y flexible, que permite a los menores sentirse cómodos a la hora de informar.No dudes en denunciar. Si sospechas de cualquier tipo de difusión o proliferación de tus contenidos íntimos, sea de una manera u otra, denuncia. Es aconsejable prevenir en situaciones de incertidumbre. Si sientes que tu intimidad está siendo violada, ponlo a disposición de las autoridades.Recibe apoyo psicológico. En el caso de sufrir este tipo de acciones en primera persona, acude al psicólogo. Será beneficioso a la hora de afrontar un evento traumático, como podría ser uno de este tipo.Vigilancia ante el grooming. Cuando se trata de un menor, el papel de prevención también está en los padres. Debe valorarse la madurez del adolescente a la hora de manejarse con independencia en la Red y vigilar en qué centra su tiempo cuando navega. Los engaños pederastas son cada vez más frecuentes y peligrosos. Recuerda que ante la duda, todo el año está disponible la línea telefónica de ayuda en ciberseguridad, 017, y además, puedes encontrar más información útil sobre el sexting y el ciberacoso en los siguientes enlaces: http://www.sextingseguro.com/consejos-sextear-nudes-con-menos-riesgos/ https://www.is4k.es/necesitas-saber/sexting Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf

Brújula para internautas libres: Sexting

Blog del CAA - Lun, 03/08/2020 - 11:28
La confianza es la base de cualquier relación interpersonal saludable, pero en ocasiones se rompe ese vínculo y  eso puede conllevar una serie de problemas, como la difusión no consentida en internet de archivos de contenido íntimo. El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) continúa en este blog con sus consejos que buscan servir de ‘Brújula para internautas libres’ y presenta un decálogo para evitar ser víctimas de ciberacoso, tras la práctica del sexting. El sexting se define como la emisión o recepción de contenido textual o audiovisual de carácter sexual o erótico a través de las nuevas tecnologías, especialmente en redes sociales. Aunque suele contar con el beneplácito de la persona implicada, que es quien genera el contenido, lidia con un enorme riesgo, que podría derivar en ciberacoso sexual, cuya práctica consiste en chantajear a la víctima con la difusión de dichos contenidos. En ocasiones el ciberacoso sexual puede ser consecuencia de un engaño pederasta, práctica conocida como grooming. Esta es la estrategia usada por adultos para engañar a través de las redes sociales a un menor de edad, ganándose su confianza para después poder abusar sexualmente de este. Por desgracia, los problemas relacionados con el sexting son cada vez más habituales, y pese al trabajo educativo que ya se está haciendo sobre él, nunca es demasiada la información que se emite para su prevención. A continuación, se desgranan varias recomendaciones a la hora de afrontar o evitar los riesgos propios de esta práctica. Cultiva tu autoestima. Aunque parezca baladí, este tipo de prácticas online son más comunes en personas con poca seguridad en sí mismos. Trabajar en este sentido, más allá de reportar incontables beneficios en nuestro día a día, puede ser crucial para evitar problemas de esta clase.Defiende tu privacidad. El derecho a la intimidad debe ser conocido y salvaguardado desde cualquier instancia, más aún cuando sus límites chocan con los amplios tentáculos de la Red, que lo pone en entredicho. El concepto de privacidad ha evolucionado con internet y es imperativo dilucidar hasta qué punto la ponemos en riesgo con lo que publicamos o compartimos.Conoce las reglas del juego. La huella que dejamos en la Red es perenne y posee una dimensión casi incalculable. Es difícil saber qué información dejamos al descubierto para delincuentes digitales, aunque no la compartamos. Por ello, es preciso que cuidemos al detalle los archivos y documentos que tenemos en nuestros ordenadores o smartphones, a fin de limitar los riesgos.No fíes tu intimidad a nadie. Por mucho que conozcamos a alguien, por mucho que creamos que jamás nos traicionaría o que no nos pondría en peligro, tenemos que caminar con pies de plomo. Las relaciones cambian. Una pareja o un amigo pueden dejar de serlo en un futuro y si antes de ello le hemos confiado imágenes o cualquier otro contenido íntimo, podríamos estar en riesgo. Sea quien sea la otra persona, la práctica del sexting te hace depender de ella.Ni compartas ni recibas. Podríamos encontrarnos, también, con la situación contraria y ser nosotros quienes recibamos este tipo de contenido, bien sea de forma directa o a través de una tercera persona. En el segundo caso, no solo debes abstenerte de compartir el contenido, sino también bloquear al remitente e, incluso, si fuera el caso, denunciarle. La difusión de imágenes u otros documentos eróticos puede acarrear en delito.Evita el ciberbullying. No solo para ti, sino para los demás. En la Red, todo avanza a gran velocidad. Una imagen puede hacerse viral en cuestión de minutos, es incontrolable, y son incontables los casos de personas que, de una forma u otra, han sufrido acoso por la propagación de imágenes íntimas. Evita ese tipo de situaciones no difundiendo.Pide ayuda. Ante un problema de este tipo, comunícalo. A tus familiares, a tus seres más cercanos. Es preferible afrontarlo en compañía, para poder actuar de la manera más eficaz posible y erradicar el problema. Para ello, por supuesto, también es aconsejable, para cualquier núcleo familiar, el fomento de un clima de confianza amplio y flexible, que permite a los menores sentirse cómodos a la hora de informar.No dudes en denunciar. Si sospechas de cualquier tipo de difusión o proliferación de tus contenidos íntimos, sea de una manera u otra, denuncia. Es aconsejable prevenir en situaciones de incertidumbre. Si sientes que tu intimidad está siendo violada, ponlo a disposición de las autoridades.Recibe apoyo psicológico. En el caso de sufrir este tipo de acciones en primera persona, acude al psicólogo. Será beneficioso a la hora de afrontar un evento traumático, como podría ser uno de este tipo.Vigilancia ante el grooming. Cuando se trata de un menor, el papel de prevención también está en los padres. Debe valorarse la madurez del adolescente a la hora de manejarse con independencia en la Red y vigilar en qué centra su tiempo cuando navega. Los engaños pederastas son cada vez más frecuentes y peligrosos. Recuerda que ante la duda, todo el año está disponible la línea telefónica de ayuda en ciberseguridad, 017, y además, puedes encontrar más información útil sobre el sexting y el ciberacoso en los siguientes enlaces: http://www.sextingseguro.com/consejos-sextear-nudes-con-menos-riesgos/ https://www.is4k.es/necesitas-saber/sexting Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf Haz clic para acceder a diptico_5_6.pdf
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