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El blog del Consejo Audiovisual de Andalucía
Actualizado: hace 27 semanas 5 días

¿Estamos bien informados? Cuando la facilidad de acceso a los medios no garantiza el derecho a la información

Vie, 20/02/2015 - 18:40

“Sin ciudadanos informados, la democracia no funciona”. Esta frase se escucha en el recomendable documental Page One: Inside The New York Times. En español se ha traducido como Página Uno, un año en el New York Times. Dirigida por Andrew Rossi, esta película muestra el trabajo de la sección de Medios del principal periódico norteamericano durante 2010. A través de los acontecimientos ocurridos en el sector de los medios de comunicación en ese año, el documental realiza un profundo y agudo análisis sobre el estado de salud del periodismo en un momento de crisis mundial y de revolución tecnológica. Un momento de cambio total y radical.

La cinta repasa la caída en picado del negocio de la prensa tradicional, que aboca a despidos, cuando no cierres, derivados de la transición brusca y sin marcha atrás del papel a lo digital, y la consecuente caída de la publicidad. El acceso gratuito en internet a los mismos contenidos que se venden en los quioscos ha supuesto la autodestrucción de los diarios impresos que van perdiendo su capacidad de dictar y establecer la agenda mediática: de qué hablan el resto de medios de comunicación.

Bajo todas estas circunstancias, Page One plantea la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si desapareciera el New York Times, toda una institución del periodismo en EEUU?

Aunque han pasado ya cinco años desde su grabación y cuatro desde su estreno, lo que podemos ver en este documental da cuenta de lo que ocurre actualmente en la profesión periodística no sólo en Estados Unidos, sino en general en el mundo occidental. El afán por ser el primero en contar una historia se impone a contar historias suficientemente contrastadas, contextualizadas y de interés o relevancia real para la sociedad.

Una de las secuencias del documental sintetiza el deterioro de la calidad de los medios de comunicación y sus causas: Uno de los periodistas del NYT, David Carr, para informar sobre un acuerdo editorial entre la CNN y Vice, una web de contenidos audiovisuales, se reúne con representantes de ambas compañías. La intención de la CNN, explican, es atraer a una audiencia más joven, y para ello se disponen a incorporar los reportajes elaborados por Vice. Y como ejemplo vemos a un corresponsal de este portal que entrevista a un ‘señor de la guerra’ en Liberia. Mientras atraviesan un pantano, este hombre cuenta al corresponsal que se beben la sangre de niños inocentes antes de la batalla. “¿Así que matáis a un niño y luego os bebéis la sangre?” pregunta el reportero. “Sí”, responde el protagonista de este video, que a continuación nos muestra una playa llena de excrementos humanos, porque el país es tan pobre que sus ciudadanos no disponen de lo más básico.

A preguntas del NYT, los dueños del portal se jactan de no ser periodistas al responder sobre por qué no contextualizan la historia, si habían contrastado que el asesinato de niños era cierto, sobre la credibilidad de este fanático delante de una cámara de vídeo. El representante del diario neoyorkino, algo irritado, les recuerda que su periódico lleva años sobre el terreno contando las guerras y desgracias que asolan Liberia, el cómo, el cuándo y el por qué.

La semana pasada coincidió la visita de una de las directoras, Jill Abramson a España, y el prematuro fallecimiento este carismático periodista, David Carr, protagonista de este documental con el resto de reporteros de la sección de Medios del NYT. También la semana pasada, en Documentos TV, de TVE, se emitió otro documental que habla de periodismo y libertad de información y de expresión, Sombras de libertad. En una sociedad democrática como la estadounidense, caracterizada por la libertad de expresión y el derecho a la información, ocurre que tan solo cinco grades grupos empresariales controlan el 90% de los medios de comunicación, una circunstancia que pone en peligro la libertad de prensa y que supone, como demuestra el documental, que se silencien noticias contrarias a determinados intereses económicos.

Y abre una reflexión más que oportuna en estos momentos, sobre el hecho de que la facilidad de acceso que hoy en día tenemos a la información, sobre todo gracias a internet, y a los múltiples canales de televisión, nos puede hacer creer que estamos adecuadamente informados, que disponemos de toda la información y datos de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, esto no es del todo así.

A diario recibimos un auténtico bombardeo de noticias banales: récords de temperaturas altas o bajas, según la estación del año, efectos de temporales de nieve se llevan minutos y minutos de los informativos que, después y además, ofrecen la previsión meteorológica diaria. Se da cuenta de la vida de famosos o detallada información de los entresijos de los deportistas más cotizados. Y en comparación, las noticias relativas a la economía o el medioambiente son escasas y breves. ¿Estamos realmente informados, estamos bien informados?

Volviendo a la pregunta que planeta el documental Page One, ¿podría desaparecer el NYT, referente –aunque también con sus luces y sombras- del rigor y la calidad periodística internacional?

La respuesta que se deja entrever es que siempre existirá un medio que ejerza la función social, imprescindible para los países democráticos, del periodismo con mayúsculas: aquel que denuncia y fiscaliza el poder económico y político, denuncia sus abusos, explica y suscita el debate entre la ciudadanía de los asuntos que le atañen, y lo hace desde el respeto a la ética y a los valores de la justicia y la verdad. Sin ellos, la democracia no funciona, aunque sin mucho esfuerzo creamos en el espejismo de que, efectivamente, estamos informados.


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Tratamiento informativo de los atentados de París: el espectáculo de la violencia real

Lun, 19/01/2015 - 17:33

Ha pasado ya un tiempo suficiente para poder hacer una reflexión más serena sobre el tratamiento mediático de los atentados yihadistas de París. Al impacto causado en toda la opinión pública por estos hechos contribuyó, en un primer momento, la difusión de las crudas imágenes en las que uno de los terroristas remata en la calle a un policía que yacía herido en el suelo, a quemarropa y con una frialdad pasmosa.

La reproducción de estas imágenes recorrió internet y los informativos de prácticamente todas las televisiones en los primeros minutos del asalto a la revista satírica Charlie Hebdo objeto del primer atentado. Y como sucesión lógica, al poco tiempo y a fuerza de ver esa secuencia tan impactante en nuestras pantallas una y otra vez, se suscitó un debate público sobre la idoneidad o no de emitirlas.

Los defensores de su emisión aluden a la utilidad de esta escena cruel para hacernos una idea más fiel de lo ocurrido en la sede de la revista, de la frialdad de los autores de la matanza, de –al fin y al cabo- el valor de esta secuencia para explicar mejor unos hechos que, tan solo en lenguaje escrito y oral, ya son de por sí lo suficientemente explícitos: dos hombres fuertemente armados matan a tiros y a sangre fría a 12 personas en la sede de una publicación satírica.

En cambio, los detractores de su emisión advierten de los perjuicios que causa en una sociedad de masas la espectacularización de la violencia por parte de los medios de comunicación. Entre ellos la banalización de esa misma violencia y la espectacularización de la información, que se acaba convirtiendo en un entretenimiento efectista sin más aspiración que conseguir altos índices de audiencia, por encima del deber periodístico de informar a la población.

Lo cierto es que su emisión en bucle en casi todos los programas informativos, telediarios y magacines, a cualquier hora del día y sin una previa advertencia a la audiencia fue habitual en los primeros días. Una dinámica que nos mostraba unas escenas más propias de una película bélica o de un videojuego que, sin embargo, estaban ocurriendo en las calles de París con personas reales, con nombres, apellidos, familias, amigos…

Esa avidez de los medios por imágenes espectaculares para narrar hechos, para aportar más información ha sido satisfecha con la llegada de más material: por ejemplo, la misma secuencia del tiro de gracia al policía desde otro ángulo, o el asalto policial al supermercado judío, en el que puede apreciarse perfectamente como la policía abate a tiros al secuestrador, y las víctimas comienzan a escapar corriendo hacia la calle.

Cabe preguntarse si esas imágenes aportan un contenido valioso a la información y la respuesta no es unánime, porque es indiscutible el valor de las mismas como documento audiovisual.

Las investigaciones de los teóricos de la Comunicación revelan que la exposición de una persona –cuanto más joven, sobre todo- a contenidos violentos en los medios audiovisuales produce efectos perversos que pueden ser de tres tipos: la insensbilización hacia la violencia, el contagio de la violencia como forma de resolver conflictos y, por último, el miedo al mundo que le rodea, al que percibe como altamente violento.

Precisamente en Francia, unos meses antes de que ocurrieran estos hechos, el Consejo Audiovisual de este país puso en marcha una campaña dirigida a los padres y madres para que no dejaran pasar sin más los contenidos violentos e inapropiados que llegan a sus hijos e hijas a través de los medios de comunicación audiovisual, televisión e internet. Una campaña que busca implicar a los adultos para que les expliquen que las relaciones entre las personas no son tan violentas o agresivas como muestran algunos programas de la televisión. Esta campaña consta de dos anuncios, cuyo lema dice “Las imágenes violentas deben evitarse, si no, hay que hablar. Frente a las pantallas, seamos vigilantes”.


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Erradicar los estereotipos sexistas en los medios, el camino para prevenir la violencia de género

Jue, 20/11/2014 - 15:15

España es el único país de la cuenca mediterránea que analiza el tratamiento informativo que los medios otorgan a la violencia de género, según ha podido constatar recientemente el Consejo Audiovisual de Andalucía durante una reunión de la red de autoridades reguladoras del audiovisual del Mediterráneo (RIMR).

Una autoevaluación que, sin duda, se enmarca en la implicación institucional y social que en la última década ha liderado nuestro país en el combate de esta lacra que cada año mata a muchas mujeres, y convierte en un infierno la vida de miles y miles de ellas y de sus hijos.

Este liderazgo se ha forjado a lo largo de los diez años transcurridos desde que a finales de 2004 el Congreso de los Diputados aprobara por unanimidad la Ley integral contra la violencia de género. Una norma avanzada en el contexto europeo, puesto que además de reforzar la protección judicial de las víctimas, abarcaba distintos ámbitos sociales con el objetivo de prevenir el machismo y su manifestación más brutal: la violencia.

Y uno de esos ámbitos es el mediático y de la publicidad, al que la ley le dedica su capítulo II. Y así, establece que “la difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones”.

La función que han desarrollado en este tiempo los medios de comunicación ha sido crucial para sacar de la esfera privada del domicilio la violencia de género, para concienciar a la ciudadanía de que no se trata de un suceso más y desterrar el concepto de crimen pasional. Este compromiso de los medios ha hecho posible que la sociedad española tome conciencia de que estamos ante un grave problema público y, por tanto, sea sensible al mismo.

Desde 2010, en el caso del Consejo Audiovisual de Andalucía, y desde 2003 el Consejo Audiovisual de Cataluña, analizan cómo informan los medios sobre este asunto que, por desgracia es común a todos los países, industrializados y no industrializados, democráticos o no. El fenómeno del maltrato hacia la mujer es transversal.

Gracias a este análisis podemos detectar que, por ejemplo en las televisiones andaluzas la información relacionada con el maltrato machista tiene un peso específico en la actualidad: en 2013 fue el sexto tema por importancia entre todos los temas de actualidad. Además, no se limita únicamente a dar cuenta de los crímenes, sino que también se informa del esfuerzo social e institucional para combatirlo.

Conocemos que las noticias vinculadas a asesinatos son más cortas que el resto de sucesos, o que los testimonios en estas informaciones recaen muy a menudo en actores ocasionales–testigos, vecinos, conocidos de los afectados-, en detrimento del relato de las personas expertas que permitirían una mejor contextualización del problema. Ante estos resultados es posible advertir si nos estamos arriesgando a sistematizar este tipo de informaciones, y por tanto, alejarnos del objetivo inicial que es sensibilizar a la población y ofrecer una correcta dimensión de este problema.

La ley prohíbe además la publicidad que utilice la imagen de la mujer con carácter vejatorio o discriminatorio, persigue erradicar de los medios conductas que favorezcan la desigualdad e insta a la promoción de acuerdos de autorregulación que contribuyan al cumplimiento de la legislación publicitaria. Pero, ¿cómo verificar que estos preceptos se cumplan efectivamente? Los consejos audiovisuales son una herramienta idónea para ello, sin embargo no es una tarea sencilla.

El CAA se va a encargar de coordinar en el seno de la RIRM un grupo de trabajo que tendrá como principal objetivo realizar un estudio global sobre estereotipos sexistas en la publicidad que se emita en los países que componen la red mediterránea. En la actualidad existen datos de este tipo de ocho países de la Red Mediterránea y ninguno se libra de la presencia de estereotipos sexistas en la publicidad.

Este grupo de trabajo también se va a encargar de buscar y recopilar toda la regulación existente en la cuenca mediterránea que afecte a la igualdad de género en los medios, los códigos de corregulación y autorregulación en vigor, también los estudios sobre la materia, así como las decisiones y actuaciones que hayan llevado a cabo las autoridades reguladoras relacionadas con la garantía de la igualdad de género y el combate contra los estereotipos sexistas.

La intención es elaborar una completa base de datos que sirva de orientación en aquellos países donde no existe normativa ni experiencia a la hora de tomar una decisión con motivo de situaciones de desigualdad de género en los medios. Se trata de países donde la cultura de la igualdad es escasa o incipiente, a diferencia de otras regiones como España, Francia, Grecia o Italia. No obstante, aún falta mucho recorrido por hacer en estas zonas más avanzadas, donde las leyes y códigos consagran la igualdad y destierran los estereotipos sexistas, pero no desarrollan jurídicamente qué es sexismo, de manera que la actuación efectiva se mueve en terrenos pantanosos.

Un paso en ese largo recorrido se consiguió dar a mediados de este año, con la objetivación de ese concepto jurídico indeterminado que es el sexismo, al aplicarlo a los medios de comunicación. Y así, bajo la coordinación del Consejo Audiovisual de Andalucía y la autoridad audiovisual marroquí, se elaboró y publicó un completo documento sobre indicadores y procedimientos de evaluación de los estereotipos de género en los contenidos difundidos por los servicios de comunicación audiovisual.

Todos los expertos y expertas coinciden en que la única forma de acabar con el maltrato hacia las mujeres es la prevención, trabajar porque las generaciones futuras no asimilen patrones de comportamiento machista, patriarcal y vejatorio hacia las mujeres. La escuela y la familia son dos de las estructuras sociales desde donde ha de recaer el esfuerzo para conseguirlo, pero desde luego, los medios de comunicación y la publicidad son tan definitivos en la construcción del ideario colectivo que no pueden quedar al margen de este compromiso si queremos conseguir algo.

Para entenderlo mejor, os recomendamos este documental que emitió La2 de Televisión Española en marzo del año pasado.


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Diálogos en el CAA. Derecho a la información: periodismo al servicio de la propaganda

Jue, 06/11/2014 - 15:19

En el año 2011, 7.000 periodistas españoles, 200 medios de comunicación y todas las asociaciones profesionales suscribieron un manifiesto titulado #sinpreguntasnocobertura, donde cristalizaron las reiteradas denuncias por parte de los profesionales de la información ante unas prácticas anómalas que se estaban extendiendo en los centros de poder político, administrativo y económico: la convocatoria de ruedas de prensa en las que no estaban permitidas las preguntas de los periodistas. Esta denuncia fue trasladada también al Defensor del Pueblo que, sin embargo, no lo consideró un asunto objeto de su intervención.

Transcurridos tres años desde aquella iniciativa, la situación no ha mejorado mucho, según se pudo constatar esta semana en el ciclo organizado por el Consejo Audiovisual de Andalucía Diálogos en el CAA, en cuya inauguración se abordó el conflicto entre el derecho a la información y los intentos de los centros de poder por difundir propaganda disfrazada de información. En realidad, estas prácticas –impedir a los profesionales interpelar a las fuentes- pretenden justamente eso.

En esta conferencia, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) Elsa González, denunció que las formas se han sofisticado: “ahora nos convocan y no lo llaman rueda de prensa”, pero el objetivo es el mismo, la comunicación unilateral, la imposibilidad del profesional de la información de preguntar, rebatir y cuestionar al emisor, y hacer llegar a la opinión pública una consigna o idea sin posibilidad de crítica.

La presidenta de la FAPE recordó que los partidos políticos y otras instancias de poder se han dotado de equipos de comunicación que elaboran vídeos de mítines o eventos con el objetivo de evitar el filtro y la interpretación del periodista: ellos seleccionan planos, secuencias y la intervención a emitir en los teleinformativos.

Estos hábitos son impensables en otros países de nuestro entorno europeo. De hecho, el Consejo de Europa y el Parlamento europeo dieron la razón a los periodistas españoles en sus denuncias en sendas resoluciones aprobadas en 2012, en donde advertían sobre grave amenaza que representan para la salud democrática del derecho y la libertad de prensa en nuestro país.

Aquella iniciativa de los periodistas que suscribieron dicho manifiesto perseguía que los medios de comunicación no difundiesen actos en los que se coarta el derecho y la libertad de información, pero este objetivo no se consiguió. La falta de consenso entre los diferentes medios ha hecho imposible erradicar estas limitaciones al ejercicio profesional. Ahí está la clave, tal y como coincidieron en señalar los intervinientes en este foro de diálogo: la necesidad de una representación de la profesión periodística fuerte y única frente a la atomización actual que caracteriza a los órganos de filiación periodística.

Para combatir la propaganda y su fin último, la manipulación de la opinión pública, diferentes organismos internacionales de defensa de la libertad de expresión insisten en tres puntos fundamentales. El primero de ellos consiste en que los medios de comunicación distingan nítidamente los hechos de la opinión. Sin embargo, la percepción ciudadana es la sobreexposición a debates y tertulias políticas y de información general, frente a una ausencia de espacios informativos, siempre más caros de producir que los anteriores.

La segunda premisa incide en la necesidad de transparencia en la propiedad de los medios de comunicación. Y la tercera se refiere a la alfabetización mediática de la población para que tenga capacidad de analizar de forma crítica los mensajes que recibe a través de los medios.

Otra clave está en el papel que desempeñan los medios de comunicación públicos. Las radios y las televisiones que en España atraviesan momentos de enorme inestabilidad. La periodista de TVE Alicia Gómez Montano, que intervino en esta conferencia organizada por el CAA, apostó por devolver a la ciudadanía el poder sobre los medios públicos.

Gómez Montano recordó “de dónde venimos”: de unos medios públicos creados en la dictadura, al servicio del régimen y caracterizados por la censura y la propaganda. Con la Transición a la democracia, recordó, “entregamos el control de los medios públicos a los partidos políticos, y se produjo una perversión: pusimos la radio y la televisión pública en manos del partido que tiene la mayoría, no en manos del Parlamento”.

Según la veterana periodista navarra, el tratamiento informativo que hizo la televisión pública de las manifestaciones de no a la guerra de Irak, o del desastre del Prestige “fraguó el concepto de manipulación en la sociedad de una forma que no se había producido hasta entonces”.

Otra reflexión planteada en esta jornada tuvo que ver con las próximas convocatorias electorales que se avecinan y el papel de los medios de comunicación en las campañas de los partidos. Según el decano del Colegio de Periodistas de Andalucía, Antonio Manfredi, las próximas campañas electorales incidirán poco en la decisión de voto de la mayoría de los ciudadanos a diferencia de lo que venía ocurriendo hasta ahora.

¿Por qué? Manfredi recordó que el ciudadano cuenta ahora con otras herramientas tan potentes como la televisión que le permiten configurar su realidad, especialmente internet y dentro de internet, las redes sociales. “Insistir en mensajes cargados de efectismo pero carentes de veracidad no conduce a conseguir el poder, al menos con tanta profundidad como hasta ahora”, dijo. Esta advertencia del decano del Colegio de Periodistas andaluces vino a recordarnos que los escenarios y los paradigmas de la comunicación de masas están cambiando a un ritmo vertiginoso.

Y sin embargo, la propaganda disfrazada de información sigue aún teniendo el poder de condicionar decisiones trascendentales que afectan a toda la ciudadanía. La capacidad y la intención de los profesionales de la información y del periodismo por evitarlo se mantiene como algo imprescindible para preservar derechos fundamentales de la ciudadanía.


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Mujeres en la élite deportiva, un fuera de juego para los grandes medios de comunicación

Mar, 30/09/2014 - 10:47

La polvareda de declaraciones y reacciones suscitada en los últimos días por el nombramiento de una mujer (Gala León) como entrenadora del equipo masculino de tenis para la Copa Davis revela en casi toda su dimensión algunas de las consecuencias (nefastas) de un hecho constatado empíricamente: la mujer es invisible en el mundo deportivo que reflejan los medios de comunicación más allá de las “paragüeras”, de “las chicas de la contraportada” o de las parejas de los astros del balón.

Al margen de las cualidades profesionales de Gala León para dirigir un equipo en la alta competición, las reticencias manifestadas públicamente por destacados actores deportivos y el revuelo mediático de su nombramiento no hacen más que evidenciar el papel que, en términos generales, el ideario colectivo le reserva a la mujer en el mundo del deporte, sobre todo si nos movemos en una especialidad altamente competitiva.

Si una persona se formara una idea de la realidad exclusivamente a través de la televisión, la radio y la prensa escrita, pensaría que el deporte es cosa de hombres. En los telediarios, por ejemplo, cuatro de cada 100 deportistas entrevistados a lo largo de 2012 fueron mujeres. Un dato escandaloso teniendo en cuenta, no sólo que venimos de unos años en los que el deporte femenino nacional ha protagonizado éxitos notables en competiciones internacionales (últimas olimpiadas de Londres), sino que la sección de deportes progresivamente ha ido ganando minutos al resto de la información en los telediarios. En cuanto a las retransmisiones de competiciones deportivas femeninas, el balance es igualmente sonrojante sin que a nadie parezca importarle demasiado.

Estas prácticas tienen unos efectos devastadores para las mujeres y niñas, que carecen de referentes a imitar en el mundo del deporte. Tiene efectos fatales también sobre aquellas deportistas de élite que pretendan vivir de esta vocación aunque ganen todos los torneos donde compitan, a diferencia que la mayoría de sus compañeros hombres. La pescadilla que se muerde la cola: falta de patrocinadores, menor eco mediático, invisibilidad. Resultado: ausencia de medios para competir.

Este verano, la nadadora Mireia Belmonte batía todos los récords de un deportista español: ganó seis medallas en el campeonato europeo de Berlín (dos oros, dos platas, dos bronces), y a los pocos días, se hacía con tres oros y una plata en la Copa del Mundo de Doha, un récord mundial incluido. Los triunfos de Doha le reportaron apenas 4.000 euros que emplea en costearse los traslados y estancias en las ciudades donde tiene que competir. Tras su hazaña, la nadadora lanzó una certera crítica a los medios “Importa más el pelo de Sergio Ramos que mi récord del mundo”.

Mireia Belmonte se ha salido del estereotipo que los medios han forjado de las mujeres en el ámbito deportivo. Ahora a Gala León le ocurre algo similar. La presidenta de Honor de WomenCeo, Eva Levy, alta ejecutiva desde hace 30 años, definió recientemente este concepto, el estereotipo, como “una suma de prejuicio y generalización, más o menos letal. (…) Tal vez al elaborarse el estereotipo hay ya alguna conciencia –o conciencia plena- del error de partida, pero resulta cómodo porque supone una simplificación que nos permite opinar o decidir sobre la marcha”.

Los profesionales de los medios de comunicación tienden a simplificar la realidad para poder explicarla y describirla en una tarea diaria y frenética. Sin embargo, este resumen es incompleto cuando se trata de la visibilidad femenina. En el quinquenio comprendido entre 2009 y 2013 la voz de la mujer representó el 28,6% del total de las entrevistas de los informativos de las televisiones andaluzas, sin que en los últimos años haya avanzado esta magnitud a favor de las mujeres, más bien al contrario. La presencia es residual en noticias de deportes, o en las que hablan de tecnología, economía, ciencia…

En Francia, bastó un solo informe de este tipo elaborado por el consejo audiovisual galo, que arrojó porcentajes similares a los registrados en Andalucía, bastó para arrancar un compromiso de los canales públicos de alcanzar un 30% de presencia femenina en este año. En la BBC también decidieron incorporar medidas correctoras ante las quejas recibidas por parte de la audiencia.

En España, una mujer elegida para dirigir un equipo masculino de tenis genera ríos de tinta y horas de tertulia audiovisual donde se cuestiona su valía y las posibilidades de desempeñar correctamente su función por el mero hecho de ser mujer.


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Noticias sobre asesinatos machistas, un ránking macabro y estéril

Mié, 03/09/2014 - 11:33

“Sigo teniendo mis reparos sobre la forma en que se hacen las coberturas. Eso de: “ya son treinta y tantas muertas por violencia de género en lo que llevamos de año”, suena a competición. A partir de ahí se repite el esquema informativo en cada caso; se cuenta cuándo la han matado, cómo, ofreciendo muchos detalles que sobran. El tratamiento no es el adecuado y creo que tiene un efecto negativo en muchos sentidos. Tenemos que ser muy cuidadosos con estas informaciones. Algo hacemos mal. De hecho, la gran cobertura informativa no ha llevado a una disminución drástica de la violencia de género. Debemos plantearnos que lo importante no es difundir con detalles esos hechos sino extendernos en explicaciones sobre la necesidad de denunciar y los cauces. En eso sí que debemos ser repetitivos. Hay que mentalizar a la ciudadanía de que debe denunciar. Hay que concienciar de que no debemos permitir, ni hombre ni mujer, que nos violenten, que la primera bofetada ya sobra”.

Estas son las reflexiones de la prestigiosa y veterana periodista de TVE Pilar Requena, sobre el tratamiento mediático de la violencia de género en una recomendable entrevista publicada recientemente en eldiario.es.

En este blog le dedicamos mucho espacio a esta cuestión: es un asunto en el que hay vidas en juego y los medios desempeñan un papel fundamental en la concienciación y combate de este déficit democrático, como lo llama la abogada y política vasca Rafaela Romero en un artículo titulado “No es una lacra, es un gran déficit democrático”.

Este último mes de agosto ha sido especialmente cruento, con ocho mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Un pico en la macabra estadística que, a fuerza de perpetuar el esquema de noticia del que habla Requena: “víctima número x en lo que va de año, existencia o no de denuncia previa, arma utilizada, edad de la mujer asesinada” desdibuja el drama personal al que están sometidas las víctimas.

Los datos son importantes, describen una realidad, pero por si mismos se limitan a ser una descripción cuantitativa. Es necesario ir a lo cualitativo en el tratamiento mediático de la violencia de género si queremos conseguir algo más que darnos cuenta de que el problema está ahí y es grave. Si queremos evitar que el dato acabe desdibujando a las víctimas y las despersonalice.

En este infausto mes de agosto, los medios convirtieron en elemento central de la noticia la condición laboral y la formación de una de las víctimas: Ana María Márquez era la directora del Museo de Nerja, como titulaban las agencias de prensa, y repitieron otros medios al informar sobre el crimen. Márquez era licenciada en Historia por la Universidad de Córdoba, experta en Patrimonio Cultural por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y consultora en Arqueología y Museología. En noviembre de 2013 fue nombrada directora del Museo de Nerja después de superar el proceso selectivo y la realización de diversas pruebas.

Este perfil llamó tanto la atención porque parecía salirse del estereotipo de víctima de violencia de género, que en el ideario colectivo se representa como una mujer con pocos recursos, baja formación y de extracción humilde. Y nada más lejos de la realidad.

Entre todas las acciones que los medios de comunicación pueden poner en marcha para combatir desde su ámbito la violencia machista, está el dar voz a los expertos en esta materia y a víctimas que hayan salido del infierno. Sería una novedad respecto a lo que estamos acostumbrados a ver y oír: la noticia plantilla.

Así, quizás muchas mujeres y jóvenes –preocupante la percepción de la violencia de género entre los adolescentes- serían conscientes a tiempo de que todos y cada uno de los asesinos tenían un concepto de la relación que pasaba por el control de la pareja, a la que consideran un ser inferior cuya conducta hay que corregir. Un control que se traduce en celos, en acoso, en aislamiento social, en maltrato psicológico y culmina con la violencia física que puede llevarlas, como vemos todos los meses, casi todas las semanas, hasta la muerte, sin importar su condición social.

El problema es muy complejo, pero desde luego no es propio de la extracción social de la mujer, sino del machismo radical del maltratador, una forma de pensamiento transversal. Contra eso es contra lo que deberíamos luchar todos los estamentos con responsabilidad en la materia. Los números tan solo ilustran esta realidad tan macabra, dolorosa e injusta.


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Violencia en el telediario, el plato fuerte del espectáculo

Mié, 09/07/2014 - 19:16

 

Lo que hace unos años era excepción, la emisión de imágenes extremadamente violentas en un telediario de sobremesa, internet y la crisis económica han convertido en hábito. Y así, contemplamos en un informativo de las tres de la tarde una violenta agresión ocurrida en un remoto pueblo de China: un ciudadano, machete en mano, la emprende a golpes contra unos compatriotas que distraídos jugaban una partida de cartas. No se informó de la causa ni de las consecuencias de dicha agresión, brutal.

Resulta difícil explicar el encaje de estas imágenes en la escaleta, pues tampoco se daba el requisito de proximidad geográfica, uno de los elementos que definen una noticia. La secuencia se emitió a modo de flash, sin desarrollo, junto con otros titulares relacionados con la actualidad en Irak y con la publicación de determinado dato macroeconómico. Se diría pues, que la relevancia radicaba en la naturaleza violenta de dichas imágenes.

Tampoco es raro contemplar en los informativos atracos comunes, donde podemos ver a través de las cámaras de seguridad de los comercios cómo los delincuentes amenazan o agreden con armas a los empleados de la tienda asaltada, unas veces es una joyería, otras una gasolinera o un comercio de electrodomésticos. La noticia es la secuencia violenta, no el robo en sí mismo.

Hace relativamente pocos días se emitieron las imágenes de un agente de seguridad marroquí apaleando a un inmigrante que intentaba saltar la valla de Melilla, pero ahí quedó toda la información, apenas diez segundos de imágenes crueles y altamente agresivas, sin contexto, sin seguimiento posterior y sin siquiera tono de denuncia.

En temporada taurina es casi inevitable que las cogidas de toreros en las plazas abran los informativos de mediodía, y se emiten además a modo de “careta”, el informativo abre con esa imagen tremendamente agresiva, sin explicación sin rótulos que nos contextualicen y, por supuesto, sin advertencia previa del presentador o presentadora para que evitemos contemplar imágenes que pueden herir nuestra sensibilidad o la de los menores de edad que estén viendo también la televisión a esa hora.

Los expertos y estudiosos de los medios han identificado tres efectos de la violencia en televisión sobre el público que varían o se pueden intensificar en función de una serie de factores, como el contexto social, familiar, grado de instrucción, etc… Así, la violencia en televisión puede tener efectos miméticos, de forma que niños y adultos expuestos a grandes dosis de violencia televisada pueden llegar a ser más agresivos o desarrollar actitudes violentas para resolver conflictos.

Otro de los efectos consiste en la insensibilización ante la violencia real del mundo que les rodea, insensibilidad ante el dolor ajeno y predisposición a aceptar un aumento de la violencia en la sociedad. Por último, se habla de sobreestimación del índice de la violencia real y la creación de miedo en el telespectador al hacerle ver que vive en un contexto de peligrosidad.

La emisión de imágenes violentas sin razones periodísticas que justifiquen su difusión se está convirtiendo en un fenómeno habitual sin que sepamos por qué. De lo que no cabe ninguna duda es de que los efectos de la violencia en televisión son perniciosos, y que además, estas prácticas abundan en una deriva peligrosa por la que se están deslizando los informativos: cada vez más pensados para entretener que para informar, y esa violencia es el plato fuerte del espectáculo.

NOTA: A pesar del empuje de internet como medio de comunicación indiscutible y global, la televisión generalista se mantiene como fuente principal para recibir noticias para el 76% de la población española, según el último informe Digital News Report 2014. En Andalucía, es el primer medio utilizado para informarse para el 42,6% de la población, según el último Barómetro Audiovisual de Andalucía 2013.


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Día Internacional de la Mujer, una celebración ensombrecida por la violencia

Sáb, 08/03/2014 - 01:24

Este Día Internacional de la Mujer, pese al esfuerzo de tantas personas e instituciones, ha tenido un sangriento preámbulo: cuatro muertes en dos días nos recuerdan el dramático problema de la violencia machista, que en lo que va de año suma ya 15 víctimas mortales. Los cuatro últimos casos, en Andalucía.

Según acaba de desvelar la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE, una de cada tres mujeres europeas ha experimentado violencia física y/o sexual. Se trata, si se extrapolan los datos, de 62 millones de mujeres. Y algo más de una de cada cinco (22%) aseguró que había sufrido esa violencia física y/o sexual por parte de una pareja o expareja.

La dimensión y calado de esta lacra sobrecogen. El CAA valora positivamente la contribución de los medios para sacarla a la luz y concienciar a la sociedad, si bien, nuestros datos revelan una pérdida de pulso en la relevancia informativa del maltrato machista.  En 2012, hubo menos noticias relacionadas con la violencia de género y fueron más cortas que en el ejercicio anterior.

Continúa, además, el incumplimiento del compromiso suscrito por las televisiones para difundir el teléfono de denuncia y atención a las víctimas 016 cuando se informa de asesinatos. El esfuerzo por evitar un tratamiento informativo contraproducente no debería conducir a una presentación de los crímenes desnuda de la función social y pedagógica que se espera de los medios.

Hoy es un día para congratularnos de lo conseguido con el esfuerzo y el sacrificio de muchas mujeres y hombres, pero es también una jornada para reflexionar que transcurre bajo la sombra de esas mujeres asesinadas en el seno de una sociedad que no sabe extirpar ese tumor de su cuerpo. Estamos convencidos de que los medios de comunicación forman parte del tratamiento.

No es una enfermedad que sólo afecte a mujeres, es una epidemia que a todos nos atañe. Sólo desde el compromiso colectivo y la tolerancia cero podremos sanear nuestra sociedad, sólo reflejando adecuadamente la magnitud de estas terribles derrotas cotidianas podremos, algún futuro 8 de marzo, despejar completamente nuestras sonrisas de esta vergüenza que no cesa.


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El poder de la televisión sigue intacto, tanto para lo bueno como para lo malo

Vie, 31/01/2014 - 14:56

Nos movemos en los niveles de consumo de televisión más elevados de toda nuestra historia. Cada español pasó ante la pantalla más de cuatro horas diarias (244 minutos) durante 2013, una marca sólo superada el año anterior, cuando el consumo se elevó a 246 minutos -según datos de Kantar Media-. La crisis, no olvidemos que la pequeña pantalla ofrece un ocio barato, el asentamiento de las nuevas tecnologías, así como el empuje de las redes sociales son factores que han contribuido a fomentar el producto audiovisual. Si analizamos las audiencias por comunidades autónomas, los andaluces constituimos el público que más televisión consume, con 260 minutos por persona y día.

A pesar de la convivencia con otros medios y del profundo proceso de transformación tecnológica en el que se ve inmersa, la televisión sigue gozando de un notable vigor y de una inmensa influencia. Tres de cada cuatro andaluces aseguran que la televisión es el medio que prefieren para informarse –según datos del Barómetro Audiovisual de Andalucía que elabora anualmente el CAA-, mientras que el porcentaje de la población de la Comunidad que la elige para entretenerse supera el 82%.

Estos datos nos dicen algo que ya sabíamos, pero que a veces no tenemos presente. Nos hablan del poder que tiene la televisión y del enorme daño que puede causar a la sociedad si no somos conscientes de que, como también es bien sabido, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. No debemos, por ejemplo, caer en el error de pensar que podemos hablar en televisión como si estuviéramos en la barra de un bar. La escala y la onda expansiva son muy diferentes. Recientemente, un juez ha condenado el periodista Eduardo García Serrano por los insultos que profirió en una tertulia de Intereconomía contra la ex consejera de Salud catalana Marina Geli. La sanción aplicada es de 18.000 euros y el periodista, además, deberá abonarle una multa de 12 euros al día durante nueve meses. Los insultos – “guarra”, “zorra repugnante”, “puerca”- fueron graves y tuvieron una importante repercusión pública, como demuestra el hecho de que, a pesar de que han pasado más de tres años desde los hechos juzgados, si se teclea el nombre de la diputada en Google, las imágenes de esa tertulia siguen apareciendo entre los primeros resultados.

La penetrante influencia de la televisión, para lo bueno y para lo no tan bueno, es innegable. Y no se limita a la idoneidad de los contenidos que emite, sino que también importa y mucho cuándo los emite, pues la estructura de la programación puede condicionar nuestros hábitos de descanso, el ritmo de nuestros quehaceres cotidianos. La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE)  concluyó que el prime time en España se ha alargado demasiado y tiene un público considerable pasadas las 23:00 h. (la hora a la que, según la ARHOE, debería finalizar). El momento de mayor audiencia se ha desplazado en torno a hora y media desde 1990, aumentando aún más la diferencia que ya existía con el resto de países de la UE.

La Asociación de Usuarios de la Comunicación ha pedido a las cadenas de televisión un esfuerzo para el año que empieza. Las cadenas no pueden considerarse responsables de las pocas horas de sueño y del hábito de trasnochar que caracteriza incluso a nuestros menores, pero no cabe duda de que un mayor cuidado en las franjas de emisión de determinados programas de éxito tendría un efecto muy beneficioso para la organización y el descanso suficiente de la ciudadanía.

La vitalidad e influencia que sigue presentando la televisión en nuestra sociedad hace que sea imprescindible que los poderes públicos se mantengan vigilantes sobre las consecuencias de posibles malas prácticas. España es el único país de nuestro entorno europeo que carece de un regulador audiovisual nacional de carácter independiente y dotado con las correspondientes competencias. Sus funciones han sido asumidas en parte por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). En nuestro país, Cataluña y Andalucía son las dos comunidades autónomas que cuentan con órganos específicos e independientes de regulación audiovisual.

Más allá de mantenernos bien alerta y de aplicar las sanciones que contempla la normativa, hay que profundizar en los procesos de alfabetización mediática, porque también la salud del sector audiovisual es una cuestión de educación. Es importante que haya un órgano que multe cuando alguien vulnera la Ley insultando gravemente a otra persona a través de la pantalla, pero no nos olvidemos de difundir valores como el respeto mutuo, el pluralismo democrático, el reconocimiento de la diversidad… Siempre es mejor apostar fuerte por la medicina preventiva que por la cirugía, aunque ésta resulte imprescindible.


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Un día para reivindicar un maravilloso medio, capaz de lo mejor (y de lo peor): la televisión

Jue, 21/11/2013 - 09:52

Hoy celebramos el Día Mundial de la Televisión, instaurado por las Naciones Unidas en 1996. Durante los 17 años transcurridos desde entonces, muchos aspectos de la televisión han cambiado sustancialmente, si bien, en lo fundamental, prevalece su esencia: es un fantástico medio de comunicación para “ejercer el bien”: acercarnos a nuestra casa el mundo que nos rodea, desde lugares cercanos a parajes remotos, informarnos de los acontecimientos de interés, facilitarnos enormemente el acceso a la cultura y el entretenimiento, alimentar nuestra imaginación y deleitar nuestros gustos estéticos, fomentar la creatividad, crear comunidad, y un largo etcétera.

Pero su enorme capacidad de influencia y penetración la convierte al mismo tiempo en una poderosa arma de manipulación, de propaganda, de desinformación. Para evitar esto último, las democracias europeas concibieron en su día un sistema de regulación donde los operadores de televisión deben someterse a unas reglas que garanticen el respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía.

La profunda crisis que atravesamos en Europa en general, y en España en particular, está afectando de forma muy severa a las televisiones, y esta circunstancia repercute de forma directa sobre la sociedad: los contenidos son de peor calidad por el imperativo abaratamiento de costes, la información es escasa, puesto que es cara de producir, y las parrillas se llenan de opinión, normalmente poco cualificada, y muy barata.

Esta vorágine desembocó, el pasado mes de junio, en una drástica decisión del Gobierno griego, acuciado por los recortes, al optar por cerrar la televisión pública. En España, recientemente, el Gobierno autonómico de Valencia ha decidido hacer lo propio con la televisión de esta comunidad por falta de presupuesto.

Se ha abierto así la senda de la supresión de servicios públicos que, según el concepto europeo de democracia, son esenciales para la contribución a la formación de una opinión pública libre, pero que en estos tiempos de precariedad, son vistos por algunos como gastos superfluos. Una visión que cuenta con el inestimable apoyo de una buena parte del sector audiovisual privado.

Precisamente si algo ha demostrado el tiempo, no sólo la virulenta irrupción de la crisis, es que las televisiones privadas que, legítimamente, tienen en su objetivo el interés comercial y el de sus accionistas, no cubren las necesidades de información, formación y divulgación cultural en la misma medida en que sí vienen haciéndolo, mejor o peor, las televisiones públicas. Éstas sí tienen en su horizonte –o así ha de ser- el interés social y un mandato muy claro: garantizar el derecho a la información.

Teniendo en cuenta que la penetración de la televisión alcanza al 89% de la población y que en 2012 hubo un récord de horas de consumo por habitante y día, es muy oportuno aprovechar el día de hoy para reivindicar la existencia y la calidad de un medio de comunicación de masas responsable de relevantes y prósperos cambios sociales, motor de la industria audiovisual, difusor de conocimiento y de cultura, de diversidad y pluralismo.


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Los asesinatos por violencia de género no son un suceso más

Lun, 11/11/2013 - 11:30

En el fenómeno de la violencia de género se da una paradoja de libro: los medios de comunicación han sido los principales vehículos de concienciación de la sociedad, y al mismo tiempo, corremos el riesgo de que se conviertan también en el principal factor anestesiante de esa misma sociedad, hoy acuciada por el desempleo, la crisis, la precariedad laboral y tantas otras situaciones límite para nuestro día a día.

Recientemente el CIS ha puesto cifras a la dimensión de esta lacra social: 700 mujeres han sido asesinadas desde 2003, año en el que se empezó a contabilizar específicamente los crímenes por violencia de género, y 600.000 mujeres al año padecen violencia por parte de sus parejas o ex parejas.

Según una encuesta elaborada en 2011 por el Ministerio de Sanidad, el 95% de la población señala a los medios de comunicación como el vehículo de información fundamental sobre la violencia de género. Y el 85% dice conocer este problema a través de la televisión y la radio. Son porcentajes tan absolutos que evidencian que la manera de informar sobre esta realidad es sumamente importante si queremos empezar a resolverla, combatirla, prevenirla.

Y, en consecuencia, la función pedagógica y el compromiso de los medios a la hora de abordar estos casos ha quedado recogido en varias leyes (de medidas contra la Violencia de Género, de Igualdad, de Comunicación Audiovisual).

Sin embargo, el último informe del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) sobre la presencia de la violencia de género en los informativos de las televisiones andaluzas que se presentó la semana pasada revela que, aunque es un asunto que está muy presente en la agenda mediática, pierde relevancia, pierde pulso y sufre de cierta desidia informativa.

En la presentación de este trabajo anual, el CAA convocó por segundo año consecutivo a expertas/os en violencia de género y representantes de medios de comunicación e instituciones implicadas en su combate. Y en el debate y análisis que suscitaron los resultados del mismo, llamó la atención en particular el de Concha Caballero, profesora de instituto y, por tanto, en permanente contacto con los jóvenes y adolescentes.

Según relató, las campañas, los mensajes contra la violencia machista, las informaciones relacionadas con asesinatos y sus desencadenantes son asuntos que “no van con ellos”, son totalmente ajenos. Y al mismo tiempo, entre los expertos crece la alarma por el elevado porcentaje de menores de 30 años implicados en este fenómeno.

Otro dato para el análisis consistió en el hecho de que las noticias sobre violencia de género registran una presencia masculina escasa que, además, desciende: del 35% de voces masculinas registradas en 2011, se pasó a un 25% en las noticias. Esta falta de protagonismo masculino refuerza la idea en el espectador de que la violencia machista es un asunto de mujeres, como la menopausia o el cáncer de mama.

Y, entre lo más comentado, el hecho de que el promedio de tiempo que duran las noticias de crímenes machistas es de 46 segundos, diez menos que el resto de sucesos. ¿Da tiempo a ejercer esa función pedagógica que los medios tienen encomendada en menos de un minuto?

La magnitud de las cifras que arroja este fenómeno, 700 asesinatos en 10 años, 600.000 víctimas de maltrato al año, y el infierno humano que encierran no deberían dejar ningún margen a la relajación mediática, social e institucional.


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