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El blog del Consejo Audiovisual de Andalucía
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Internet sin restricciones, el peligroso hábitat natural de los menores de nuestro tiempo

Lun, 22/05/2017 - 13:17

Hace muy pocos días que ha saltado a la actualidad la existencia de un peligroso juego en internet dirigido a los menores de edad y que acaba en el suicidio. Conocido como La Ballena Azul, esta macabra yincana hacia la muerte estuvo a punto de terminar con la vida de una adolescente en Cataluña, hospitalizada a punto de quitarse la vida. Desde que saltó esta noticia, se han detectado más casos de jóvenes afectados también en Cataluña, en el País Vasco y en Andalucía.

Al mismo tiempo, hemos conocido un informe de la ONG Proyecto Hombre sobre la relación de los menores de edad e Internet a través del teléfono móvil, que ya es el dispositivo más usado para conectarse a internet. Algunas de las cifras son realmente sorprendentes y alarmantes. Los adolescentes pasan una media de cinco horas al día ante el móvil. Whatsap, Instagram y YouTube son las aplicaciones más utilizadas por este sector de la población.  

Los responsables de la ONG de ayuda contra las adicciones rehusaron hablar de dependencia hacia internet, pero sí advirtieron de que tanto tiempo de navegación, unido a la forma -individual y sin control parental- favorece que los menores, a edades muy tempranas, tengan acceso a contenidos muy inapropiados y potencialmente perjudiciales para su desarrollo, estén expuestos a situaciones de ‘sexting’ y de ciber acoso. De hecho, según el informe realizado por Proyecto Hombre, uno de cada tres niños de entre 12 y 14 años practica sexting, es decir, comparte fotos suyas de contenido erótico en la red.

El manejo de dispositivos conectados a Internet por parte de los menores de edad es un fenómeno que, de momento, parece imparable. El 90% de los chavales de 14 años tiene un teléfono inteligente con el que navega sin supervisión adulta. Ocho de cada diez progenitores admite que no hace un seguimiento constante del uso que hacen sus hijos menores de edad de internet y las redes sociales. Y una inmensa mayoría de estos menores no son conscientes de los riesgos de internet.

A los fenómenos de ciber acoso, gruming (abuso sexual hacia un menor por parte de un adulto sirviéndose de la confianza generada en redes sociales y entornos virtuales), las estafas o, directamente, el acceso a contenidos audiovisuales violentos y perjudiciales para el desarrollo de los menores de edad, se suma ahora el descubrimiento de la Ballena Azul, que en otros países ha provocado el suicidio de varios jóvenes.

Lo enrevesado de este último descubrimiento evidencia que no sabemos hasta dónde pueden llegar los riesgos a los que se exponen los menores de edad, así como los obstáculos para emprender acciones contra los responsables de estos delitos desde los poderes públicos.
Las campañas de información y prevención que se realizan desde organismos públicos son necesarias, pero, como en otros supuestos, no son suficientes para garantizar la protección de los menores de edad.  

Los datos de uso de internet por parte de los menores de edad, su nuevo ocio audiovisual, y algo más que audiovisual, valen por sí solos para que desde los poderes públicos a nivel europeo y nacional enfrentemos el reto de regular la red y establecer normas. Hasta ahora, prácticamente, sólo es posible actuar cuando el daño está hecho a través de la denuncia de particular. Si existen normas y leyes que limitan contenidos en el ámbito televisivo respecto de los menores de edad, parece lógico y necesario extender esta regulación al ámbito virtual, hábitat natural para la práctica totalidad de adolescentes y menores de edad.


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“La posverdad es que la sociedad funcione sin el valor del concepto de la verdad”

Jue, 23/03/2017 - 14:38

La conferencia que pronunció ayer la periodista Soledad Gallego-Díaz en el foro Diálogos en el CAA giró en torno a la posverdad y los retos que representa para el periodismo. Un fenómeno que consideró muy preocupante y que constituye una amenaza real para las democracias, como se ha demostrado con el triunfo del Brexit o la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. “La posverdad no es la mentira de siempre, es que la sociedad funcione sin el valor del concepto de la verdad”, explicó.

Lo insólito y peligroso de este proceso, alertó la veterana periodista, es que “forma parte de un programa, de una estrategia de comunicación política que usa la mentira y la falsedad como un elemento básico de ese sistema. Es algo organizado por grupos determinados y que además se mantiene en el tiempo”.

Cómo luchar contra estas estrategias desestabilizadoras desde el periodismo -volviendo al oficio, contando historias relevantes para la vida de la gente basadas en hechos reales e indiscutibles; los antecedentes de esta táctica, cada vez más depurada gracias a los nuevos lenguajes de internet y al campo libre que dejan unos medios de comunicación en crisis, fueron las claves que nos dejó en la sede del Consejo Audiovisual de Andalucía la gran periodista.

Puedes escuchar su interesante conferencia y el rico debate que suscitó a continuación aquí:

https://blogcaa.files.wordpress.com/2017/03/soledad-gallego.mp3
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La educación mediática y digital en la era de la posverdad

Mié, 18/01/2017 - 11:44

En las primeras semanas de este año recién estrenado se habla mucho de la posverdad, elegida palabra del año por el Diccionario Oxford. Este término describe la situación por la cual, los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones y las creencias personales en la formación de la opinión pública.

Y ha sido elegida para explicar el resultado del referéndum sobre el Brexit o la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas. Dos resultados a sendas consultas ciudadanas contra todo pronóstico y basados, como se ha visto posteriormente, en argumentos y datos falsos difundidos por algunos medios de comunicación y, sobre todo, multiplicados a través de las redes sociales.

La consolidación de internet como medio de comunicación y fuente de información ha transformado profundamente las dinámicas del periodismo, garante del derecho fundamental a la información veraz. Ha causado una enorme crisis en el modelo de negocio de los diarios impresos.

La convivencia de los medios de comunicación tradicionales con internet ha provocado además una relajación, cuando no, abandono, de algunas normas fundamentales del oficio: el contraste de las fuentes y la contextualización, ambas sacrificadas en pos de la inmediatez y de lo que en el argot internauta se denomina “cliclbait” (neologismo que describe la generación de contenidos de escasa calidad o exactitud, encabezados con titulares sensacionalistas, para atraer al lector internauta y fomentar su difusión en las redes sociales. Su única misión es generar ingresos publicitarios en internet).

En Andalucía, el 70% de la población utiliza internet de forma habitual para entretenerse o informarse, según los datos recogidos en el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. Para este amplio porcentaje de la población, internet ha alcanzado a la televisión como principal fuente de noticias y las redes sociales desarrollan un papel muy importante en esta función a pesar de no ser medios periodísticos, es decir, regidos por las normas deontológicas y estándares de calidad exigibles a aquellos.

Según el estudio Connected Life, de la consultora TNS que recoge comportamientos digitales de 60.500 internautas de 50 países, pasamos más de tres horas al día de media mirando el móvil o la tableta. Entre los jóvenes de 16 a 24 años este hábito ocupa, de promedio, tres horas y media diarias. Y permanecemos conectados a las redes sociales una media de dos horas al día.

Volviendo al inicio de este artículo, la posverdad no es más que la mentira, como también se comenta al hilo de este contexto. Ocurre que hoy más que nunca, la mentira se propaga y multiplica a gran velocidad y eficacia a través de internet, un espacio mediático que cada vez acapara mayor audiencia, y donde no se rinden cuentas sobre los fraudes a la opinión pública, donde apenas existe transparencia y, como estamos viendo, se dirime una batalla por la manipulación de la opinión pública con fines espurios a unos niveles novelescos.

Algunos importantes actores están empezando a tomar medidas para dejar de contribuir a esta devaluación informativa que explicaría en gran medida los triunfos del Brexit y de Dondald Trump. El New York Times ha decidido renunciar al famoso principio periodístico de difundir dos versiones enfrentadas y equivalentes. Por primera vez, el diario abrió su edición con el titular de que Trump era un mentiroso. No se trata de decir a la gente lo que debe pensar, explicó el director del diario; se trata de decir quién miente. Otro referente periodístico, la BBC, ha anunciado recientemente la creación de un equipo específico para desenmascarar las noticias falsas y verificar las noticias divulgadas a través de las redes sociales.

Ambas decisiones coinciden en el tiempo con el propósito de enmienda proclamado por Facebook con la puesta en marcha de un filtro para detectar noticias falsas difundidas a través de su plataforma. La popular red social estrenará este filtro en Alemania, donde pronto se celebran elecciones generales, en respuesta a la presión de este país que ha anunciado fuertes sanciones a Facebook por difundir informaciones falsas.

Ante este panorama tan acelerado, ahora, como antes, sigue siendo fundamental la alfabetización mediática a la que hay que añadir también la digital. Un artículo reciente del periodista e historiador británico Timothy Garton Ash lo defendía así: “La destreza necesaria para utilizar internet, que facilita la posibilidad de contrastar rápida y eficazmente las afirmaciones, debería entrar a formar parte de todos los programas escolares”. El resto va de suyo.

Mucho antes de la aparición de internet, la capacidad de análisis crítico ante los medios de comunicación era una habilidad que podía suponer una gran diferencia a la hora de calcular el nivel de salud democrática de una sociedad. La capacidad de manipulación de la prensa, la televisión y la radio está fuera de toda duda. Internet y las redes sociales son otro actor más en este ecosistema mediático en el que nos encontramos.

Se dice con frecuencia que vivimos una época única en cuanto a la posibilidad y facilidad de acceso a la información. Pero esta abundancia de fuentes no debe engañarnos. Disponer de mayor acceso a la información que nunca no equivale a estar más y mejor informados que nunca, a veces puede ser todo lo contrario. 


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José Antonio Marina y el escepticismo lúcido ante las fuentes de información

Mié, 09/11/2016 - 11:55

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina inició su conferencia en el ciclo Diálogos en el CAA contando una anécdota ocurrida entre dos amigos vascos. Uno se encuentra a su amigo que salía de la iglesia y le pregunta: “¿de dónde vienes?”, y el otro responde: “de misa, de oír al cura”. “¿Y de qué ha hablado?”, pregunta el primero, “ha hablado de Dios”, respondió. “¿Y qué ha dicho?”, vuelve a interrogar. “Pues parecía partidario”, respondió el segundo.

Fue una gran introducción a uno de los asuntos centrales de su exposición: debemos ser conscientes de que entre la realidad y nosotros existe un mediador que nos cuenta esa realidad. Debemos saber que nuestra relación con la realidad es mediada y que eso nos convierte en vulnerables. Para defendernos, debemos reforzar nuestra capacidad crítica y utilizar, como una baza, las nuevas tecnologías. A partir de ahí, su discurso se llenó de interesantes interrogantes y algunas propuestas.

Al hilo de las nuevas tecnologías, la irrupción de las redes sociales y la sobreoferta de información y de opinión, Marina puso el acento en la sobrevaloración de esta última. “Todo el mundo nos quiere dar su opinión como si fuera verdad (…) existe una glorificación de la opinión de cada uno, porque nos parece que eso es muy democrático”, ha lamentado. Es en este punto cuando denunció con severidad la confusión que percibe entre información, opinión y publicidad en los medios de comunicación. Un aspecto que ataca a la más elemental deontología periodística pero que, por desgracia, es habitual en nuestro panorama mediático.

Un panorama mediático que tiende a considerar la información un consumo. Que eleva a categoría la anécdota. “¿Qué pasaría si de repente una democracia se guiara por un ‘Trending Topic’?” preguntó. Y no extraña esta pregunta. Los medios de comunicación acostumbran a hacer noticia de esta nueva ‘unidad de medida’.

Nuestra única defensa, avisó, pasa por tener conocimientos suficientes y capacidad de evaluación ante los mensajes que recibimos, para tomar decisiones de forma libre. Esta materia debería impartirse de forma transversal a lo largo de toda la etapa educativa, si bien, la asignatura de Filosofía es la idónea para profundizar en este aspecto. Por desgracia, el peso de la Filosofía y el pensamiento en el sistema educativo ha decaído en los últimos años.

La educación tiene que dirigirse a que las personas sepan tomar decisiones respecto a la información que reciben y que sepan utilizar las nuevas herramientas que la tecnología nos brinda. La educación, reivindicó, debería convertir la inteligencia en talento.

A modo de resumen, Marina nos propuso que como ciudadanos adoptemos una actitud de escepticismo lúcido ante la realidad que nos trasladan las múltiples fuentes de información que tenenos a nuestro alcance. En definitiva, a ser críticos y a educarnos en medios.

 

 


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Televisión: audiencia e informativos. ¿Quién abandonó a quién?

Jue, 28/07/2016 - 13:17

La información, por su propia naturaleza, es un tipo de contenido que gana valor si existe la posibilidad de consultarla en cualquier momento del día y actualizarla. Tal vez resida en esta característica el hecho de que la ciudadanía habituada ya al uso cotidiano de internet haya hecho de este medio su principal fuente de noticias, al mismo nivel de relevancia que la siempre omnipotente televisión. La oferta de múltiples fuentes de información y la extensión de los dispositivos desde los que acceder a la red contribuyen sin duda a este cambio, pero tal vez no sean los únicos factores del mismo.

Los datos del último Barómetro Audiovisual de Andalucía revelan que el 70% de la población andaluza es usuaria habitual de internet. Y que entre este amplio sector, los telediarios ya no reinan de forma indiscutible a como lo habían venido haciendo hasta ahora. El 39,1% de los internautas señala como su primera fuente de noticias a la televisión. Casi el mismo porcentaje que los que apuntan a la red (38,9%). A la vez, el Barómetro apunta a una mayor exigencia y análisis crítico de este amplio grupo de espectadores respecto de los contenidos informativos de la televisión: le atribuyen falta de pluralismo y de imparcialidad… Además, ocho de cada diez encuestados considera que existe un exceso de imágenes y contenidos violentos e innecesarios en los telediarios.

Si la televisión sigue siendo la primera opción para consumir contenidos relacionados con el entretenimiento, tanto para internautas como para no internautas, ¿por qué en su función informativa está perdiendo influencia respecto de la red? ¿Y por qué se produce este declive entre la población más crítica?

De entre las tres funciones que se le atribuyen a la televisión: informar, formar y entretener, con el paso del tiempo, va quedando espacio sólo para la última. El único canal de televisión en abierto de información continua, el Canal 24horas de TVE se sitúa en una media de 0,8% del share. Los informativos con más audiencia son los de Telecinco (15%), seguidos de los de Antena3 (11,9%). Criticada desde las organizaciones profesionales, los propios trabajadores y organismos públicos por falta de independencia, hace ya más de cuatro años que la televisión pública española ha dejado der ser el referente informativo que fue durante más de cinco años consecutivos, cuando reunía ante los Telediarios a tres millones de espectadores, el 20% del share. Hoy este índice está en el 11,4%.

Los programas informativos que hoy podemos ver en las grandes cadenas de televisión, al margen de los telediarios, consisten en debates y tertulias políticas caracterizadas por la espectacularización de la polémica y la ausencia de análisis.

Producir información de calidad en televisión es caro: requiere de buenos y numerosos profesionales. También requiere de costosos medios técnicos. En cambio, producir tertulias políticas en las que se debate sobre la última polémica parlamentaria, se analiza un conflicto internacional o se discute sobre la mejor forma de acabar con la crisis económica con los mismos tertulianos: representantes de partidos y un mismo grupo de periodistas, es muy barato y muy rentable. Y más cuando se empieza a concebir este tipo de espacios más como programas de entretenimiento que de información.

Por eso, cabe preguntarse ¿qué sucedió primero? el abandono de la audiencia ante la oferta informativa de la televisión, ¿o fue la televisión la que dio la espalda a una de sus funciones primordiales como es la información?


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Tratamiento mediático de la violencia de género, o cómo informar correctamente en 40 segundos

Mar, 16/02/2016 - 20:47

Cómo informar de forma adecuada a la audiencia de un asesinato por violencia de género en poco más de 40 segundos. Esta es una de las cuestiones más difíciles de responder en el improvisado debate sobre la deontología periodística en el tratamiento informativo de la violencia machista que se produce entre un reducido grupo de experimentados periodistas de radio y televisión.

La cuestión es clave, porque el 97% de la población sitúa a los medios de comunicación como primera fuente de información sobre la violencia de género. Y los análisis de los que se disponen sobre el abordaje periodístico de este grave problema social no dejan lugar a dudas: no se están asumiendo los códigos deontológicos que existen sobre esta cuestión. Algo que además supone un incumplimiento de la legislación vigente por parte de los medios, pues están obligados a hacerlo.

Hace pocos días el popular programa Salvados dedicó a la violencia de género una de sus últimas entregas. Titulado “Machismo Mata”, el espacio del periodista Jordi Évole situó en “prime time” la complejidad de la violencia machista a través, únicamente, del testimonio de voces expertas y obtuvo con ello unos datos de audiencia más que positivos. Lideró el share en diversos tramos de edad y batió a algunos realitys que tradicionalmente se hacen con este efímero pero clave ranking para las cadenas comerciales de televisión.

El enfoque de Salvados prescindió del sensacionalismo o de la espectacularización. Durante una hora de programa se sustentó sólo en opiniones formadas que fueron describiendo la profundidad y la enorme complejidad de una ideología que en 2015 acabó con la vida de 64 mujeres y que solo en el mes y medio transcurrido del nuevo año 2016 ha matado a once mujeres.

Cuando los periodistas, en su día a día, deben cubrir un nuevo asesinato de violencia de género, la primera dificultad que se encuentran es la falta de tiempo para contar de forma correcta el hecho y su trascendencia. La falta de medios es otra gran traba, como también lo es la falta de especialización del profesional de la información que acude al escenario del crimen.

Tal vez sean estas dificultades las que están propiciando que las noticias de asesinatos machistas se parezcan unas a otras como si fueran elaboradas en serie, donde solo cambian los datos del lugar, la edad de la víctima y el agresor, la forma en la que fue asesinada y si existía denuncia previa o no.

Llama la atención, en este sentido, que el periodismo no esté poniendo el foco, por ejemplo, en el elevado porcentaje de mujeres asesinadas que no habían presentado denuncia previa contra su agresor: concretamente más del 85%. Este dato nos indica que sólo una minoría de mujeres que sufren violencia de género acude a la justicia y que la mayoría no pide ayuda. Esta situación es extremadamente grave y no parece tener hueco como tal en los medios.

El Consejo Audiovisual de Andalucía acaba de celebrar una reunión del Grupo de Trabajo para el Tratamiento informativo de la Violencia de Género, donde se debatió sobre el informe cualitativo de un caso concreto de crimen machista que fue ejemplo de mala praxis. Entre las reflexiones de este heterogéneo grupo salió a colación el caso de Salvados y de cómo, desde el rigor, la veracidad y el compromiso con las víctimas -una de las funciones del periodismo- se puede cautivar a la audiencia y, de paso, llevar a cabo una labor social de pedagogía muy útil para la prevención y sensibilización ante este asunto.


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Decencia, solvencia, ética y formación. Las cuatro claves del periodismo, según Iñaki Gabilondo

Lun, 23/11/2015 - 12:20

El pasado jueves, 19 de noviembre, el periodista Iñaki Gabilondo protagonizó una nueva entrega de Diálogos en el CAA, el ciclo de conferencias que el Consejo Audiovisual de Andalucía puso en marcha hace un año para analizar con profundidad y abrir el debate sobre asuntos relacionados con la comunicación.

En su intervención del pasado jueves, Gabilondo, que tituló su conferencia Periodismo: lo que pasa y lo que queda, defendió su concepción del periodismo en el contexto actual, en el que las tecnologías de la información, las aplicaciones y nuevos dispositivos multiplican de forma vertiginosa las fuentes de información.

Decencia, solvencia, ética y formación fueron las cuatro constantes de su exposición. Puedes escucharla íntegra aquí.

https://blogcaa.files.wordpress.com/2015/11/audio-gabilondo.mp3
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Decencia, solvencia, ética y formación. Las cuatro claves del periodismo, según Iñaki Gabilondo

Lun, 23/11/2015 - 12:20

El pasado jueves, 19 de noviembre, el periodista Iñaki Gabilondo protagonizó una nueva entrega de Diálogos en el CAA, el ciclo de conferencias que el Consejo Audiovisual de Andalucía puso en marcha hace un año para analizar con profundidad y abrir el debate sobre asuntos relacionados con la comunicación.

En su intervención del pasado jueves, Gabilondo, que tituló su conferencia Periodismo: lo que pasa y lo que queda, defendió su concepción del periodismo en el contexto actual, en el que las tecnologías de la información, las aplicaciones y nuevos dispositivos multiplican de forma vertiginosa las fuentes de información.

Decencia, solvencia, ética y formación fueron las cuatro constantes de su exposición. Puedes escucharla íntegra aquí.

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El compromiso social del periodismo ante las noticias de asesinatos por violencia de género

Dom, 15/11/2015 - 13:40

En el ejercicio del periodismo es imprescindible el compromiso social. Informar de un caso de violencia de género a través de testimonios de vecinos, amigos y allegados de las personas implicadas -víctima o agresor- no sólo no aporta información útil a la sociedad sino que desvía el foco de un problema social sumamente grave y complejo, y contribuye a transmitir la idea de que el suceso es una cuestión privada, doméstica y circunstancial. Y sobre todo, traslada a la opinión pública que se trata de un suceso más y, como tal, su cobertura se caracteriza por el morbo y el sensacionalismo.

El rigor informativo es imprescindible para hablar de la violencia machista, que no es un suceso más, sino un fracaso de la sociedad. Los medios de comunicación han ejercido en los últimos años un papel impagable en la concienciación social sobre la violencia de género. La han situado entre los primeros temas de su agenda informativa, han aumentado el número de noticias y la duración de las mismas. Si bien, persiste esta inercia, y aún hoy, a pesar de las recomendaciones de organismos como el Consejo Audiovisual de Andalucía, asociaciones profesionales y expertos en la materia que coinciden en desterrar estas prácticas, el relato de las personas allegadas a las víctimas sigue siendo significativo.

Los profesionales de la información que tienen a su disposición múltiples guías y códigos deontológicos para abordar la violencia de género, y sus consecuencias más extremas, como son los asesinatos. Entre ellas, la Guía para el tratamiento informativo de los procesos judiciales, que a partir de la página 47 dedica un capítulo a este asunto.

Los medios también disponen del último informe sobre el tratamiento informativo de la violencia de género en las televisiones públicas andaluzas, donde pueden comprobar qué aspectos pueden mejorar, como la alta estacionalidad de estas informaciones o la ausencia de testimonios y declaraciones de personas expertas, que se sitúan en el 5,53% frente al 14% de tiempo dedicado a entrevistar a allegados y vecinos de los implicados.

Conviene recordar la relevancia de acudir a voces de personas expertas en la atención y el estudio de la violencia de género. El compromiso social del periodismo no reside únicamente en contar cada caso de asesinato machista, pues este hábito sin más está contribuyendo a estandarizar la información sobre estos crímenes y convertirlos en estadísticas y comparativas. El compromiso social del periodismo consiste también en brindar a la opinión pública las aportaciones de los profesionales sanitarios, del área de la psicología o de la atención social, para trasladar a la audiencia, en la medida de lo posible, la complejidad de este grave problema, cuyas consecuencias extremas y últimas son las muertes violentas.

La elevada presencia de voces femeninas en las noticias sobre violencia de género (67%) en comparación con el promedio en el resto de informaciones (31%) también es un factor a reconducir. La violencia de género no es un asunto exclusivamente femenino. Aumentar la presencia de hombres en estas noticias, ofrecer a la audiencia las opiniones de actores sociales de referencia, como deportistas, artistas o emprendedores, contribuiría enormemente a implicar a la totalidad de la sociedad en este arraigado problema que en lo que va de año ha segado la vida de 44 mujeres a manos de hombres. Una sociedad democrática no puede soportar este número de víctimas y de hijos huérfanos.

Estas víctimas son además doblemente victimizadas cuando, sin más, los locutores de radio o televisión, mencionan que no había presentado denuncia. Sería muy positivo para la sociedad y para otras posibles víctimas de violencia de género que están frente al televisor en ese momento, desarrollar esta situación. Explicar qué ocurre cuando una mujer denuncia, qué pasos seguir y, sobre todo, difundir los recursos a los que puede acudir, como el teléfono 016.

El periodismo es compromiso social, y en el caso de la violencia de género, y a la hora de contar casos de asesinatos machistas, este ejercicio debería convertirse en la máxima de todo profesional que se enfrente a esta noticia. De lo contrario, será más difícil y tardaremos más tiempo. Se deben poner todos los medios, incluidos el poder del periodismo y la influencia de los medios de comunicación para luchar por acabar con esta situación.


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Cuando un viejo reality show bate en audiencia a la información electoral

Jue, 01/10/2015 - 13:36

Si aceptamos la fiabilidad del sistema de medición de audiencias en televisión, asumida por todas las cadenas, nos encontramos con que la noche electoral del pasado domingo en Cataluña, sobre la que había una gran expectativa mediática y un amplio debate ciudadano en todo el país, el canal que más espectadores concitó fue Telecinco con la emisión del debate de Gran Hermano, es decir, un tipo de entretenimiento situado en las antípodas de la información que, por otro lado, es un género que tiene en las noches electorales uno de sus puntos álgidos.

Los datos de audiencia de las televisiones en la noche del pasado 27S tienen la virtud de explicar varios procesos muy relevantes que atravesamos en materia de medios de comunicación, de información y televisión.

Que el debate sobre un reality que cumple ya su decimosexta edición, y cuyo valor como producto audiovisual es más que discutible, fuera el programa más visto y concentrara el 16,8% del share, con cerca de 2,32 millones de espectadores, según los datos de Kantar Media, nos hace preguntarnos si es que la ciudadanía no está interesada en la información o si, por el contrario, sí lo está pero la televisión está dejando paso a otros medios como fuentes de información y por qué.

Sin contar con los espectadores de los canales autonómicos, la mayoría de las personas que vieron la televisión en la noche del domingo sintonizó con algún canal en el que se ofrecía el recuento de votos y los debates que estos resultados suscitaban, así como las reacciones de los candidatos a estos comicios que tan alta expectación habían generado. La audiencia acumulada superó los cinco millones y medio de televidentes entre La Sexta (casi 2 millones, y 12,2% de share), Antena3 (1,65 millones y un 8,9% de share), TVE (1,16 millones, 6,6% de share) y Cuatro (698.000 espectadores, un 3,7% de share).

Gracias a los diversos estudios sobre el consumo de medios sabemos que en los últimos años se está produciendo un rápido cambio de hábitos por parte de la ciudadanía. En el caso de la televisión, se trata de un medio en el que el factor entretenimiento crece o se mantiene en detrimento del factor información. Según el Barómetro Audiovisual de Andalucía 2014, para el 57,3% de los entrevistados, el primer motivo para ver la televisión es entretenerse. Para en 22% de los encuestados, la motivación principal es informarse.

El cruce de datos de esta encuesta anual que realiza el CAA nos revela además que los ciudadanos que encienden la televisión para informarse como primera y única fuente son más acríticos que aquellos que eligen cualquier otro medio, ya sea internet, radio o periódicos impresos. En la encuesta de este año destacó asimismo otro dato que puede explicar la creciente desconfianza de la ciudadanía ante la televisión para ejercer plenamente su derecho a la información, y es que el 72,7% piensa que los telediarios mezclan información con opinión, y el 61% considera que la televisión no respeta el principio de pluralismo político.

Los datos de la noche electoral nos están enviando además un mensaje perverso, pues se comprueba que un formato barato de producir -como es un reality show con 16 años de antigüedad- obtiene más audiencia, y por tanto mayores ingresos publicitarios, que un producto caro como es la cobertura informativa en directo de un proceso electoral.

Otra cuestión que aflora en las cifras de audiencia del 27S es el hecho de que La Sexta, un canal privado, lidere la apuesta informativa y se lleve la audiencia de calle, en lugar de la televisión pública que, con muchos más medios técnicos y personales, fue la tercera en las preferencias de los espectadores. Un dato que contrasta con los más de cuatro años en los que mantuvo un liderazgo imbatible de sus servicios informativos, ganadores de los premios internacionales más prestigiosos.


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Redes sociales, qué implica esta revolución acelerada del paradigma mediático

Vie, 26/06/2015 - 13:53

Si usted se encuentra entre ese 25% de andaluces que eligen internet como primer medio para informarse, y si además, está entre ese 46% que lo hace a través del teléfono móvil, se habrá percatado ya de que al lado de las clásicas etiquetas para compartir las noticias en redes sociales como Twitter o Facebook, se ha ido incorporando la opción de WhatsApp.

Y es que España es uno de los países incluidos en el informe Reuters Institute Digital News 2015, una macroencuesta internacional (más de 23.000 entrevistas), donde más se usa WhatsApp como red social de acceso a noticias (más del 25% de los encuestados), después de Facebook, la red social que lidera de forma absoluta su uso como fuente de noticias (más del 50%).

Los estudios que hemos conocido en las últimas semanas sobre hábitos de consumo de medios para información y entretenimiento constatan no ya el cambio de paradigma, sino lo vertiginoso de este cambio en el que las redes sociales se erigen en auténticas prescriptoras de contenidos informativos y de entretenimiento, entre las miles de cosas más en las que se han convertido en muy poco tiempo.

En Andalucía, en sólo cuatro años, las redes sociales le han comido terreno a los diarios digitales como primera fuente de información a un ritmo frenético: un crecimiento superior a 20 puntos porcentuales entre 2011 y 2014. Si en 2011 el 20% de las personas que elegían internet para informarse lo hacía en primer lugar a través de las redes sociales, en 2014, ese porcentaje se elevó al 42,2%, según reveló el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. En paralelo, las webs de los periódicos y los diarios digitales como primera puerta de acceso a las noticias retroceden también 20 puntos, del 84,5% que en 2011 al 61% en 2014.

El Barómetro Audiovisual de Andalucía nos dice además que el uso de las redes sociales como canal de entretenimiento potencia el visionado de la televisión online y de las plataformas de vídeo. Y es una obviedad añadir que quienes acceden a la información a través de las redes sociales como primer peldaño, terminan en un diario digital.

¿Qué implicaciones tiene este papel de las redes sociales como prescriptores de contenidos informativos? No son medios de comunicación en sí mismas, pero su influencia está siendo determinante y se empieza a acercar muy deprisa a la potencia difusora de la omnipotente televisión. Y surge la pregunta de quién alimenta a quién.

Los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) se nutren a diario de lo que acontece en internet. Las polémicas en Twitter llenan páginas de periódicos, inspiran editoriales, y copan tertulias televisivas y también minutos de informativos. Lo mismo ocurre con los vídeos virales, un fenómeno que, además, abarata la realización y producción televisiva cuantitativa y cualitativamente.

Al mismo tiempo, cada estreno en la pequeña pantalla, una serie, un concurso, y reality, tiene su reflejo en Twitter y en Facebook. Hasta el punto de que algunas grandes productoras de contenidos destinan recursos y personal a analizar la reputación y repercusión en las redes del lanzamiento, y se mide la conversación social en términos cuantitativos y cualitativos durante la emisión.

Como usuarios de internet y de las redes sociales, hemos de tener presente que estas plataformas disponen, almacenan y comercian con nuestros datos personales. No sólo los referidos a edad, lugar de residencia o profesión. Nuestra ideología, nuestros gustos estéticos, nuestras redes familiares y de amistades, nuestra situación personal y laboral o el lugar físico en donde nos encontramos en cada momento…

Desde octubre del año pasado Facebook y WhatsApp están en las mismas manos: la primera compró la segunda por 22.000 millones de dólares. Dos años antes, en 2012 adquirió Instagram, la aplicación gratuita para compartir fotos, muy popular en España.

No descuidemos esta otra derivada al confeccionar nuestra dieta mediática, porque esta especie de oligopolio de redes sociales convertidas en proveedores de información y entretenimiento se rige por unas normas de uso que pretenden evitar la publicación y difusión de contenidos ilegales, que inciten al odio y demás principios fundamentales.

Unas reglas de uso impuestas unilateralmente por estas compañías privadas que en ocasiones han suscitado alguna que otra controversia por su laxitud con contenidos claramente denigrantes contra la mujer, por ejemplo, frente a su censura de otras imágenes o textos que, a priori, no tendrían por qué ofender la dignidad ni atentar contra principios fundamentales.


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Redes sociales, qué implica esta revolución acelerada del paradigma mediático

Vie, 26/06/2015 - 13:53

Si usted se encuentra entre ese 25% de andaluces que eligen internet como primer medio para informarse, y si además, está entre ese 46% que lo hace a través del teléfono móvil, se habrá percatado ya de que al lado de las clásicas etiquetas para compartir las noticias en redes sociales como Twitter o Facebook, se ha ido incorporando la opción de WhatsApp.

Y es que España es uno de los países incluidos en el informe Reuters Institute Digital News 2015, una macroencuesta internacional (más de 23.000 entrevistas), donde más se usa WhatsApp como red social de acceso a noticias (más del 25% de los encuestados), después de Facebook, la red social que lidera de forma absoluta su uso como fuente de noticias (más del 50%).

Los estudios que hemos conocido en las últimas semanas sobre hábitos de consumo de medios para información y entretenimiento constatan no ya el cambio de paradigma, sino lo vertiginoso de este cambio en el que las redes sociales se erigen en auténticas prescriptoras de contenidos informativos y de entretenimiento, entre las miles de cosas más en las que se han convertido en muy poco tiempo.

En Andalucía, en sólo cuatro años, las redes sociales le han comido terreno a los diarios digitales como primera fuente de información a un ritmo frenético: un crecimiento superior a 20 puntos porcentuales entre 2011 y 2014. Si en 2011 el 20% de las personas que elegían internet para informarse lo hacía en primer lugar a través de las redes sociales, en 2014, ese porcentaje se elevó al 42,2%, según reveló el último Barómetro Audiovisual de Andalucía. En paralelo, las webs de los periódicos y los diarios digitales como primera puerta de acceso a las noticias retroceden también 20 puntos, del 84,5% que en 2011 al 61% en 2014.

El Barómetro Audiovisual de Andalucía nos dice además que el uso de las redes sociales como canal de entretenimiento potencia el visionado de la televisión online y de las plataformas de vídeo. Y es una obviedad añadir que quienes acceden a la información a través de las redes sociales como primer peldaño, terminan en un diario digital.

¿Qué implicaciones tiene este papel de las redes sociales como prescriptores de contenidos informativos? No son medios de comunicación en sí mismas, pero su influencia está siendo determinante y se empieza a acercar muy deprisa a la potencia difusora de la omnipotente televisión. Y surge la pregunta de quién alimenta a quién.

Los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) se nutren a diario de lo que acontece en internet. Las polémicas en Twitter llenan páginas de periódicos, inspiran editoriales, y copan tertulias televisivas y también minutos de informativos. Lo mismo ocurre con los vídeos virales, un fenómeno que, además, abarata la realización y producción televisiva cuantitativa y cualitativamente.

Al mismo tiempo, cada estreno en la pequeña pantalla, una serie, un concurso, y reality, tiene su reflejo en Twitter y en Facebook. Hasta el punto de que algunas grandes productoras de contenidos destinan recursos y personal a analizar la reputación y repercusión en las redes del lanzamiento, y se mide la conversación social en términos cuantitativos y cualitativos durante la emisión.

Como usuarios de internet y de las redes sociales, hemos de tener presente que estas plataformas disponen, almacenan y comercian con nuestros datos personales. No sólo los referidos a edad, lugar de residencia o profesión. Nuestra ideología, nuestros gustos estéticos, nuestras redes familiares y de amistades, nuestra situación personal y laboral o el lugar físico en donde nos encontramos en cada momento…

Desde octubre del año pasado Facebook y WhatsApp están en las mismas manos: la primera compró la segunda por 22.000 millones de dólares. Dos años antes, en 2012 adquirió Instagram, la aplicación gratuita para compartir fotos, muy popular en España.

No descuidemos esta otra derivada al confeccionar nuestra dieta mediática, porque esta especie de oligopolio de redes sociales convertidas en proveedores de información y entretenimiento se rige por unas normas de uso que pretenden evitar la publicación y difusión de contenidos ilegales, que inciten al odio y demás principios fundamentales.

Unas reglas de uso impuestas unilateralmente por estas compañías privadas que en ocasiones han suscitado alguna que otra controversia por su laxitud con contenidos claramente denigrantes contra la mujer, por ejemplo, frente a su censura de otras imágenes o textos que, a priori, no tendrían por qué ofender la dignidad ni atentar contra principios fundamentales.


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Ciudadanía crítica: la diferencia entre dominar el medio y descifrar el mensaje

Jue, 11/06/2015 - 15:08

Cuando le preguntamos a una niña de unos siete años, por ejemplo, de dónde le llegan las cosas que quiere o que le gustan (ropa, juguetes, música, películas, comida, ídolos…), la respuesta más frecuente es “de la televisión”, según han constatado las investigaciones sobre la influencia de este medio de comunicación en los menores de edad. Nosotros mismos podemos hacer la prueba en nuestro entorno.

De este hecho nace, entre otros, el debate sobre si se debería restringir en televisión la publicidad dirigida a los niños o incluso, la emisión de anuncios en horario protegido. Un porcentaje nada desdeñable, el 41% de los andaluces, se inclina por eliminar la publicidad en esta amplia franja horaria. Los niños más pequeños no entienden el concepto de publicidad, y cuando ven un anuncio lo interpretan como el resto del contenido y no lo distinguen del entretenimiento. ¿Es ético que se emita publicidad dirigida a niños y niñas?

Al margen de esta cuestión específica, se sustancia la necesidad de que los más pequeños de la casa y también los adolescentes “aprendan a ver televisión”: fomentar una actitud crítica ante los discursos y las imágenes, la elección de planos, en definitiva, la alfabetización mediática. Esta habilidad previene contra la manipulación por parte de los medios de comunicación y los intereses -legítimos o no- que los sustentan. La alfabetización mediática combate además la creación y consolidación de estereotipos discriminatorios.

Hasta ahora, la actividad relativa a la alfabetización mediática por parte de los poderes públicos ha sido escasa en España. Y la mayoría de las actividades que se han realizado se han dirigido a la formación de maestros u otros profesionales, pero no de forma directa a los menores de edad, en pleno proceso de crecimiento y formación.

Hace pocos días se entregaron los premios El Audiovisual en la Escuela, una iniciativa del Consejo Audiovisual de Andalucía, que en colaboración con el Consejo Escolar de Andalucía y la Fundación Cajasol, ha celebrado con éxito su primera edición. En la ceremonia, uno de los premiados, un docente de educación secundaria, destacó la relevancia de esta iniciativa y dio la clave. Su trabajo premiado, “La Música”, es un video que pone en valor la música como expresión artística fundamental en la formación del individuo y en cuya realización y expresión participaron los alumnos, tras ser instruidos en nociones básicas de fotografía, sonido o iluminación.

Este docente destacó no solo la implicación de los estudiantes en este trabajo y el potencial educativo y creativo de la experiencia en sí misma. Llamó la atención sobre el hecho de que hasta ahora, la música solo se escuchaba, mientras que hoy en día, también se ve: todo es consumo audiovisual.

Los menores se adaptan plenamente, como nativos digitales que son, a los avances tecnológicos que suministra la industria, protagonizan los cambios de hábitos y consumen más que nunca contenidos audiovisuales. Pero este dominio absoluto de los dispositivos no es suficiente y sería un espejismo contentarnos con esta habilidad si no son capaces de saber analizar los mensajes que reciben.

Y los estudios nos dicen que sólo uno de cada tres progenitores acompañan a sus hijos en este consumo audiovisual para poder contextualizar y explicarles que aquello que ven en televisión -dirigido normalmente a una audiencia adulta- responde a un guión diseñado para crear controversia y más eco mediático. Que los enfrentamientos en los programas de debate o las relaciones interpersonales de los concursos más populares son en gran medida artificio y espectáculo, no un reflejo de la vida real.

Desarrollar esta tarea desde la escuela garantiza que todos los ciudadanos del futuro, sin importar su procedencia sociocultural, contarán con esta poderosa herramienta que es la alfabetización mediática en un mundo en el que percibimos y construimos la realidad, más que nunca, a través de los medios de comunicación, sea cual sea el soporte de consumo.

NOTA: Puedes ver todos los vídeos galardonados en esta primera edición de los premios El Audiovisual en la Escuela en nuestro canal de YouTube y en nuestra página web.


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Ciudadanía crítica: la diferencia entre dominar el medio y descifrar el mensaje

Jue, 11/06/2015 - 15:08

Cuando le preguntamos a una niña de unos siete años, por ejemplo, de dónde le llegan las cosas que quiere o que le gustan (ropa, juguetes, música, películas, comida, ídolos…), la respuesta más frecuente es “de la televisión”, según han constatado las investigaciones sobre la influencia de este medio de comunicación en los menores de edad. Nosotros mismos podemos hacer la prueba en nuestro entorno.

De este hecho nace, entre otros, el debate sobre si se debería restringir en televisión la publicidad dirigida a los niños o incluso, la emisión de anuncios en horario protegido. Un porcentaje nada desdeñable, el 41% de los andaluces, se inclina por eliminar la publicidad en esta amplia franja horaria. Los niños más pequeños no entienden el concepto de publicidad, y cuando ven un anuncio lo interpretan como el resto del contenido y no lo distinguen del entretenimiento. ¿Es ético que se emita publicidad dirigida a niños y niñas?

Al margen de esta cuestión específica, se sustancia la necesidad de que los más pequeños de la casa y también los adolescentes “aprendan a ver televisión”: fomentar una actitud crítica ante los discursos y las imágenes, la elección de planos, en definitiva, la alfabetización mediática. Esta habilidad previene contra la manipulación por parte de los medios de comunicación y los intereses -legítimos o no- que los sustentan. La alfabetización mediática combate además la creación y consolidación de estereotipos discriminatorios.

Hasta ahora, la actividad relativa a la alfabetización mediática por parte de los poderes públicos ha sido escasa en España. Y la mayoría de las actividades que se han realizado se han dirigido a la formación de maestros u otros profesionales, pero no de forma directa a los menores de edad, en pleno proceso de crecimiento y formación.

Hace pocos días se entregaron los premios El Audiovisual en la Escuela, una iniciativa del Consejo Audiovisual de Andalucía, que en colaboración con el Consejo Escolar de Andalucía y la Fundación Cajasol, ha celebrado con éxito su primera edición. En la ceremonia, uno de los premiados, un docente de educación secundaria, destacó la relevancia de esta iniciativa y dio la clave. Su trabajo premiado, “La Música”, es un video que pone en valor la música como expresión artística fundamental en la formación del individuo y en cuya realización y expresión participaron los alumnos, tras ser instruidos en nociones básicas de fotografía, sonido o iluminación.

Este docente destacó no solo la implicación de los estudiantes en este trabajo y el potencial educativo y creativo de la experiencia en sí misma. Llamó la atención sobre el hecho de que hasta ahora, la música solo se escuchaba, mientras que hoy en día, también se ve: todo es consumo audiovisual.

Los menores se adaptan plenamente, como nativos digitales que son, a los avances tecnológicos que suministra la industria, protagonizan los cambios de hábitos y consumen más que nunca contenidos audiovisuales. Pero este dominio absoluto de los dispositivos no es suficiente y sería un espejismo contentarnos con esta habilidad si no son capaces de saber analizar los mensajes que reciben.

Y los estudios nos dicen que sólo uno de cada tres progenitores acompañan a sus hijos en este consumo audiovisual para poder contextualizar y explicarles que aquello que ven en televisión -dirigido normalmente a una audiencia adulta- responde a un guión diseñado para crear controversia y más eco mediático. Que los enfrentamientos en los programas de debate o las relaciones interpersonales de los concursos más populares son en gran medida artificio y espectáculo, no un reflejo de la vida real.

Desarrollar esta tarea desde la escuela garantiza que todos los ciudadanos del futuro, sin importar su procedencia sociocultural, contarán con esta poderosa herramienta que es la alfabetización mediática en un mundo en el que percibimos y construimos la realidad, más que nunca, a través de los medios de comunicación, sea cual sea el soporte de consumo.

NOTA: Puedes ver todos los vídeos galardonados en esta primera edición de los premios El Audiovisual en la Escuela en nuestro canal de YouTube y en nuestra página web.


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Docushow, la información “low cost” al servicio del entretenimiento

Mié, 13/05/2015 - 09:32

Cuando en los medios de comunicación se pone la información al servicio del entretenimiento y el efectismo, la veracidad y el rigor son los primeros valores periodísticos en desaparecer. Una conjunción de factores –todos ellos igualmente poderosos- ha contribuido de unos años a esta parte a que esto sea así, y a consolidar en España unos formatos informativos en los que el entretenimiento es el principal componente porque está destinado, en primera y última instancia, a lograr cuotas de audiencia.

Así ha quedado en evidencia en los últimos días con el programa de reportajes El precio de los alimentos que protagoniza el televisivo cocinero Alberto Chicote. En su estreno, abordó la bajada del precio del tomate. El mediático chef se desplazó a los invernaderos de Almería, y luego a Holanda, en un intento por explicar que el descenso de los precios se debía a la competitividad de éstos gracias a la aplicación del I+D.

Un Chicote asombrado contaba a cámara que los holandeses consiguen mejores cosechas gracias a un sistema de calefacción que en El Ejido no se aplica. Sencillamente, como explican los productores almerienses, en Holanda la mata se congelaría si no le aplicas calor, y en España no es necesaria. La falta de rigor en el tratamiento de esta cuestión queda en evidencia en esta carta que la Organización Interprofesional de Frutas y Hortalizas de Almería (Hortyfruta) le dirigió al presentador. En ella, se rebate con datos e información muchas de las sentencias y planteamientos que aparecen en este reportaje y, sobre todo, se apela al cocinero metido a periodista a que contraste datos con la mayor asociación del sector.

Nuevamente la ausencia de rigor y, sobre todo, el engaño en la puesta en escena ha vuelto a dejar en evidencia este espacio, exponente de en qué se está convirtiendo la información y el género periodístico del reportaje en la televisión comercial en abierto. Como se ha conocido estos días, el programa abordaba el precio del arroz y viajaba a Tailandia para saber si la inestabilidad política tenía algo que ver con este extremo.

Cuando el autor de las imágenes de este capítulo tailandés ha revelado en su blog personal qué hay realmente detrás de las mismas, que Alberto Chicote no viajó a Tailandia y que no es cierto o riguroso que el precio del arroz esté detrás de las revueltas políticas ocurridas en este país, el programa se ha apresurado a dar una explicación ante tan evidente engaño a la audiencia.

Bajo el argumento de “recursos narrativos” propios de la televisión y el reportaje, la cadena de televisión justifica que se hayan montado planos del cocinero en la cola de embarque de un aeropuerto, luego dormido en un avión y que posteriormente, se use la voz en off del chef cuando en la pantalla estamos viendo paisajes y calles de Tailandia.

Una excusa que no es admisible si estamos hablando de información, de reportaje, donde lo que se supone que se traslada a la audiencia son hechos contrastados y verificados. Conocer qué hay realmente detrás de este capítulo evidencia bien cómo el “low cost” se ha implantado en la televisión sin miramientos deontológicos. También cuestiona cómo la audiencia se está acostumbrando a productos de baja calidad y se conforma con planteamientos que quieren entretenernos antes que informarnos.

Y sobre todo, deja al descubierto una carencia fundamental de la opinión pública: la falta de capacidad para analizar críticamente el lenguaje audiovisual y decodificar imágenes. Este desarme de la audiencia facilita su manipulación por parte de las empresas y multinacionales propietarias de los medios de comunicación y de los grandes estudios de cine. La alfabetización mediática debería ser una asignatura prioritaria en nuestro sistema educativo, sólo así será posible construir una sociedad democrática donde se puedan ejercer plenamente derechos fundamentales como lo es el derecho a la información veraz, que está siendo sustituido, y asumido, por el derecho al entretenimiento.


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La publicidad del juego y apuestas, un serio reto para evitar generaciones de ludópatas

Jue, 30/04/2015 - 14:11

¿Alguien podría imaginar, hoy en día, un anuncio en televisión protagonizado por un varonil y famoso actor, que se deleitase con el humo de un cigarrillo y nos intentara convencer de los placeres de fumar? Hemos desterrado ya de nuestra mente este tipo de publicidad, prohibida hace ya diez años en los países de la Unión Europea, que abolió también el patrocinio de eventos deportivos por parte de las marcas de cigarrilos. Este veto afectó a competiciones tan relevantes mediática y económicamente hablando como la Fórmula1 o el motociclismo.

Desde entonces hasta hoy, las autoridades comunitarias han ido implantando medidas que intentan proteger e informar a los consumidores europeos de los peligros que entraña el consumo de tabaco. Recientemente, la UE ha establecido que el 65% de la superficie de cada cara de las cajetillas de cigarrillos ha de estar cubierta por advertencias sanitarias sobre el riesgo de fumar. Los primeros mensajes de este tipo empezaron a insertarse en 2003.

Europa también ha restringido la publicidad y el patrocinio del alcohol. La legislación española la prohíbe en televisión los anuncios de bebidas alcohólicas de más de 20 grados. La de menos de 20 grados está permitida a partir de las 20.30 hasta las 6 de la mañana, excepto si forma parte de un paquete de contenidos cuyos derechos derechos de emisión se han adquirido (competiciones deportivas fundamentalmente, como el fútbol, por ejemplo).

Varios estudios coinciden en que la exposición a la publicidad de alcohol mejora la percepción de esta sustancia por parte de los más jóvenes y aumenta su consumo. Al mismo tiempo, la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, del Ministerio de Sanidad, nos revela que la edad media de inicio al consumo de estas sustancias se sitúa en los 16 años de edad. Otras investigaciones, como el Programa AMPHORA, de la Comisión Europea, sostienen que el patrocinio de marcas de alcohol de competiciones deportivas aumenta la probabilidad de beber alcohol a la edad de 14 años.

Desde hace pocos años asistimos a una invasión en radio y televisión de un tipo de publicidad de otra actividad adictiva, el juego online y las apuestas deportivas en internet, que sin embargo no es percibida en general como peligrosa. A diferencia de lo que ocurre con el alcohol y el tabaco, sustancias que generan una dependencia física, el juego conlleva la posiblidad de caer en la ludopatía, una adicción psicológica, altamente destructiva.

Esta publicidad, que ha llegado en forma de patrocinio a las camisetas oficiales de equipos de fútbol de primera división de nuestra liga, se rige por un código de autorregulación cuyo cumplimiento es voluntario. En el mismo existen unas reglas laxas y difusas, de manera que, por ejemplo, la leyenda de “juega con responsabilidad” es ilegible en muchos anuncios de televisión por el diminuto tamaño de la letra, o por el corto espacio de tiempo que están en pantalla.

Así, podemos ver en televisión a deportistas de primera fila como protagonistas de llamativos y cuidados anuncios de apuestas deportivas en los que las advertencias sobre el riesgo de esta actividad, restringida a los menores, apenas es perceptible por el espectador.

Si hablamos de estos anuncios en radio, la situación es aún más compleja, puesto que la práctica totalidad de esta publicidad está incluida en el discurso narrativo de los locutores que están retransmitiendo eventos deportivos. Esta práctica implide al oyente conocer que está ante un mensaje publicitario, y que -además- se trata de una actividad que conlleva riesgos y que está prohibida para los menores de edad.

Esta ausencia de regulación expone a los menores de edad y a otros colectivos vulnerables a una serie de mensajes publicitarios que, como ocurriría con el tabaco o el alcohol, pueden conducirles directamente a la ludopatía. En los dos últimos años, según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), el número de menores que acuden con sus padres a estos centros en busca de ayuda por esta adicción (ya sea al juego de azar o a los llamados de multijugadores) ha aumentado un 60%, unas 3.000 peticiones.

En las últimas semanas, el Gobierno ha presentado un proyecto de Real Decreto para regular esta publicidad que, sin embargo, incluye numerosas excepciones a los límites que impone en su artículado que lo convierte en una norma ineficaz para conseguir lo que se propone. El Consejo Audiovisual de Andalucía ha presentado una serie de alegaciones a este proyecto que, en general, persigue equiparar este tipo de publicidad con la del tabaco y el alcohol.

Una actividad como el juego y las apuestas relacionadas con los deportes masivos , por ejemplo el fútbol, al que se accede a través de internet, puede ser una bomba de relojería para la protección de los menores de edad. Justamente la capa de la población más influenciable por parte de los medios de comunicación, los referentes deportivos, y que maneja con gran destreza cualquier dispositivo móvil con conexión a internet. Estamos ante un serio reto.

 


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La publicidad del juego y apuestas, un serio reto para evitar generaciones de ludópatas

Jue, 30/04/2015 - 14:11

¿Alguien podría imaginar, hoy en día, un anuncio en televisión protagonizado por un varonil y famoso actor, que se deleitase con el humo de un cigarrillo y nos intentara convencer de los placeres de fumar? Hemos desterrado ya de nuestra mente este tipo de publicidad, prohibida hace ya diez años en los países de la Unión Europea, que abolió también el patrocinio de eventos deportivos por parte de las marcas de cigarrilos. Este veto afectó a competiciones tan relevantes mediática y económicamente hablando como la Fórmula1 o el motociclismo.

Desde entonces hasta hoy, las autoridades comunitarias han ido implantando medidas que intentan proteger e informar a los consumidores europeos de los peligros que entraña el consumo de tabaco. Recientemente, la UE ha establecido que el 65% de la superficie de cada cara de las cajetillas de cigarrillos ha de estar cubierta por advertencias sanitarias sobre el riesgo de fumar. Los primeros mensajes de este tipo empezaron a insertarse en 2003.

Europa también ha restringido la publicidad y el patrocinio del alcohol. La legislación española la prohíbe en televisión los anuncios de bebidas alcohólicas de más de 20 grados. La de menos de 20 grados está permitida a partir de las 20.30 hasta las 6 de la mañana, excepto si forma parte de un paquete de contenidos cuyos derechos derechos de emisión se han adquirido (competiciones deportivas fundamentalmente, como el fútbol, por ejemplo).

Varios estudios coinciden en que la exposición a la publicidad de alcohol mejora la percepción de esta sustancia por parte de los más jóvenes y aumenta su consumo. Al mismo tiempo, la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, del Ministerio de Sanidad, nos revela que la edad media de inicio al consumo de estas sustancias se sitúa en los 16 años de edad. Otras investigaciones, como el Programa AMPHORA, de la Comisión Europea, sostienen que el patrocinio de marcas de alcohol de competiciones deportivas aumenta la probabilidad de beber alcohol a la edad de 14 años.

Desde hace pocos años asistimos a una invasión en radio y televisión de un tipo de publicidad de otra actividad adictiva, el juego online y las apuestas deportivas en internet, que sin embargo no es percibida en general como peligrosa. A diferencia de lo que ocurre con el alcohol y el tabaco, sustancias que generan una dependencia física, el juego conlleva la posiblidad de caer en la ludopatía, una adicción psicológica, altamente destructiva.

Esta publicidad, que ha llegado en forma de patrocinio a las camisetas oficiales de equipos de fútbol de primera división de nuestra liga, se rige por un código de autorregulación cuyo cumplimiento es voluntario. En el mismo existen unas reglas laxas y difusas, de manera que, por ejemplo, la leyenda de “juega con responsabilidad” es ilegible en muchos anuncios de televisión por el diminuto tamaño de la letra, o por el corto espacio de tiempo que están en pantalla.

Así, podemos ver en televisión a deportistas de primera fila como protagonistas de llamativos y cuidados anuncios de apuestas deportivas en los que las advertencias sobre el riesgo de esta actividad, restringida a los menores, apenas es perceptible por el espectador.

Si hablamos de estos anuncios en radio, la situación es aún más compleja, puesto que la práctica totalidad de esta publicidad está incluida en el discurso narrativo de los locutores que están retransmitiendo eventos deportivos. Esta práctica implide al oyente conocer que está ante un mensaje publicitario, y que -además- se trata de una actividad que conlleva riesgos y que está prohibida para los menores de edad.

Esta ausencia de regulación expone a los menores de edad y a otros colectivos vulnerables a una serie de mensajes publicitarios que, como ocurriría con el tabaco o el alcohol, pueden conducirles directamente a la ludopatía. En los dos últimos años, según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), el número de menores que acuden con sus padres a estos centros en busca de ayuda por esta adicción (ya sea al juego de azar o a los llamados de multijugadores) ha aumentado un 60%, unas 3.000 peticiones.

En las últimas semanas, el Gobierno ha presentado un proyecto de Real Decreto para regular esta publicidad que, sin embargo, incluye numerosas excepciones a los límites que impone en su artículado que lo convierte en una norma ineficaz para conseguir lo que se propone. El Consejo Audiovisual de Andalucía ha presentado una serie de alegaciones a este proyecto que, en general, persigue equiparar este tipo de publicidad con la del tabaco y el alcohol.

Una actividad como el juego y las apuestas relacionadas con los deportes masivos , por ejemplo el fútbol, al que se accede a través de internet, puede ser una bomba de relojería para la protección de los menores de edad. Justamente la capa de la población más influenciable por parte de los medios de comunicación, los referentes deportivos, y que maneja con gran destreza cualquier dispositivo móvil con conexión a internet. Estamos ante un serio reto.

 


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Enfermedad mental, la simplificación mediática para explicar la atrocidad

Lun, 13/04/2015 - 12:50

Han transcurrido más de dos semanas desde el horrible suceso aéreo de Los Alpes que se cobró 150 vidas. La cobertura mediática de esta catástrofe se caracterizó en un primer momento por su inmediatez, favorecida a partes iguales por las nuevas tecnologías y por la transparencia y diligencia de las autoridades francesas al informar a la prensa.

Esa transparencia de las fuentes informativas no evitó, sin embargo, que se abriera paso el sensacionalismo, el otro rasgo distintivo de esta cobertura periodística. Reporteros de todo tipo de medios acudieron al aeropuerto de El Prat, no tanto a recabar datos desde el aeropuerto de origen de este fatídico vuelo, como a conseguir imágenes y testimonios de los allegados, seres queridos y familiares de los pasajeros del avión siniestrado, y del que ya se sabía que no había supervivientes. Los propios familiares de las víctimas pidieron a los medios que dejaran de sacarles a ellos y a sus seres queridos fallecidos.

La constatación, a los dos días, de que este horrible hecho fue un acto deliberado del copiloto del avión y las revelaciones sobre su pasado clínico abrieron paso franco a los medios para dar por hecha la relación causa efecto entre su estado mental y su decisión de estrellar un avión lleno de pasajeros en las montañas francesas.

“Cuando asistimos a hechos violentos, atroces e inexplicables, atribuirlos a la enfermedad mental de quien los comete tiene un efecto tranquilizador”. Esta frase la pronunció recientemente el psiquiatra Andrés López Pardo, en unas jornadas de formación sobre Comunicación en Salud, celebradas en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.

López Pardo intervenía en una mesa redonda que abordaba el estigma social de la enfermedad mental y el papel de los medios. Ante los futuros periodistas el psiquiatra les reclamó que intenten no asociar la enfermedad mental con hechos violentos a la hora de elaborar la noticia, porque esta asociación carece de veracidad, como demuestran los datos, y sobre todo, porque consolida un estigma social que dificulta enormemente la recuperación de estos pacientes.

Nos tememos que su ruego tendrá escaso éxito. Con una sencilla búsqueda en internet se comprueba cómo los titulares periodísticos relacionan “esquizofrenia” o, genéricamente, “enfermedad mental”, a crímenes horribles.

Los datos aportados por los expertos dicen que entre aproximadamente el 50% de la población sufre o ha sufrido algún trastorno mental a lo largo de su vida. Es obvio que esta circunstancia no les convierte en potenciales criminales.

La asociación de enfermedad mental con la maldad, el delito o la violencia esta fuertemente asentada en nuestra sociedad. Un mito o estereotipo al que contribuyen decisivamente los medios de comunicación, la principal fuente de información sobre esta materia para la ciudadanía.

Sin embargo, para los grandes medios de comunicación “lo importante no es educar a la ciudadanía, lo importante es tener audiencia”, como dijo en ese mismo foro de formación universitario el periodista especializado en salud, Alfonso Pedrosa. A esta circunstancia, añadió otro obstáculo: la falta de especialización de los periodistas derivada de la precariedad laboral.

Como sociedad madura y supuestamente informada, tenemos que asumir que existe la maldad, que existen personas que cometen atrocidades y que son capaces de discernir perfectamente el bien del mal, solo que son psicópatas, que no enfermos mentales. Y que por tanto, los actos de los que se informa no deberían atribuirse a la enfermedad, sino a la persona.

En un reciente artículo, la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui reflexionaba precisamente sobre el tratamiento informativo de la enfermedad mental en accidentes o delitos. Al final del mismo, hace un certero llamamiento a los profesionales de la información que reproducimos: “Señores periodistas, dejen de ser “psicoamarillistas” y sean conscientes del daño que están haciendo a un colectivo vulnerable, estigmatizado y, en su casi totalidad, inofensivo“.

En aquellas jornadas formativas de la universidad hispalense, el pisquiatra contó una anécdota ilustrativa del estigma social que acompaña a la enfermedad mental: un paciente suyo, jardinero de una comunidad de vecinos, fue despedido de su trabajo a los pocos días de comentar con un propietario en una conversación informal lo bien que se encontraba y cómo estaba superando su enfermedad mental gracias al tratamiento y a lo mucho que le gustaba su trabajo.

Existen numerosos códigos deontológicos para el tratamiento mediático de los desastres y desgracias humanas, y también está a disposición de los periodistas, y de todo aquel que desee conocer mejor la enfermedad mental, la página http://www.1decada4.es. Una buena herramienta para ir acabando con la estigmatización de las personas con enfermedad mental y, así, contribuir a la superación de estas dolencias.


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¿Estamos bien informados? Cuando la facilidad de acceso a los medios no garantiza el derecho a la información

Vie, 20/02/2015 - 18:40

“Sin ciudadanos informados, la democracia no funciona”. Esta frase se escucha en el recomendable documental Page One: Inside The New York Times. En español se ha traducido como Página Uno, un año en el New York Times. Dirigida por Andrew Rossi, esta película muestra el trabajo de la sección de Medios del principal periódico norteamericano durante 2010. A través de los acontecimientos ocurridos en el sector de los medios de comunicación en ese año, el documental realiza un profundo y agudo análisis sobre el estado de salud del periodismo en un momento de crisis mundial y de revolución tecnológica. Un momento de cambio total y radical.

La cinta repasa la caída en picado del negocio de la prensa tradicional, que aboca a despidos, cuando no cierres, derivados de la transición brusca y sin marcha atrás del papel a lo digital, y la consecuente caída de la publicidad. El acceso gratuito en internet a los mismos contenidos que se venden en los quioscos ha supuesto la autodestrucción de los diarios impresos que van perdiendo su capacidad de dictar y establecer la agenda mediática: de qué hablan el resto de medios de comunicación.

Bajo todas estas circunstancias, Page One plantea la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si desapareciera el New York Times, toda una institución del periodismo en EEUU?

Aunque han pasado ya cinco años desde su grabación y cuatro desde su estreno, lo que podemos ver en este documental da cuenta de lo que ocurre actualmente en la profesión periodística no sólo en Estados Unidos, sino en general en el mundo occidental. El afán por ser el primero en contar una historia se impone a contar historias suficientemente contrastadas, contextualizadas y de interés o relevancia real para la sociedad.

Una de las secuencias del documental sintetiza el deterioro de la calidad de los medios de comunicación y sus causas: Uno de los periodistas del NYT, David Carr, para informar sobre un acuerdo editorial entre la CNN y Vice, una web de contenidos audiovisuales, se reúne con representantes de ambas compañías. La intención de la CNN, explican, es atraer a una audiencia más joven, y para ello se disponen a incorporar los reportajes elaborados por Vice. Y como ejemplo vemos a un corresponsal de este portal que entrevista a un ‘señor de la guerra’ en Liberia. Mientras atraviesan un pantano, este hombre cuenta al corresponsal que se beben la sangre de niños inocentes antes de la batalla. “¿Así que matáis a un niño y luego os bebéis la sangre?” pregunta el reportero. “Sí”, responde el protagonista de este video, que a continuación nos muestra una playa llena de excrementos humanos, porque el país es tan pobre que sus ciudadanos no disponen de lo más básico.

A preguntas del NYT, los dueños del portal se jactan de no ser periodistas al responder sobre por qué no contextualizan la historia, si habían contrastado que el asesinato de niños era cierto, sobre la credibilidad de este fanático delante de una cámara de vídeo. El representante del diario neoyorkino, algo irritado, les recuerda que su periódico lleva años sobre el terreno contando las guerras y desgracias que asolan Liberia, el cómo, el cuándo y el por qué.

La semana pasada coincidió la visita de una de las directoras, Jill Abramson a España, y el prematuro fallecimiento este carismático periodista, David Carr, protagonista de este documental con el resto de reporteros de la sección de Medios del NYT. También la semana pasada, en Documentos TV, de TVE, se emitió otro documental que habla de periodismo y libertad de información y de expresión, Sombras de libertad. En una sociedad democrática como la estadounidense, caracterizada por la libertad de expresión y el derecho a la información, ocurre que tan solo cinco grades grupos empresariales controlan el 90% de los medios de comunicación, una circunstancia que pone en peligro la libertad de prensa y que supone, como demuestra el documental, que se silencien noticias contrarias a determinados intereses económicos.

Y abre una reflexión más que oportuna en estos momentos, sobre el hecho de que la facilidad de acceso que hoy en día tenemos a la información, sobre todo gracias a internet, y a los múltiples canales de televisión, nos puede hacer creer que estamos adecuadamente informados, que disponemos de toda la información y datos de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, esto no es del todo así.

A diario recibimos un auténtico bombardeo de noticias banales: récords de temperaturas altas o bajas, según la estación del año, efectos de temporales de nieve se llevan minutos y minutos de los informativos que, después y además, ofrecen la previsión meteorológica diaria. Se da cuenta de la vida de famosos o detallada información de los entresijos de los deportistas más cotizados. Y en comparación, las noticias relativas a la economía o el medioambiente son escasas y breves. ¿Estamos realmente informados, estamos bien informados?

Volviendo a la pregunta que planeta el documental Page One, ¿podría desaparecer el NYT, referente –aunque también con sus luces y sombras- del rigor y la calidad periodística internacional?

La respuesta que se deja entrever es que siempre existirá un medio que ejerza la función social, imprescindible para los países democráticos, del periodismo con mayúsculas: aquel que denuncia y fiscaliza el poder económico y político, denuncia sus abusos, explica y suscita el debate entre la ciudadanía de los asuntos que le atañen, y lo hace desde el respeto a la ética y a los valores de la justicia y la verdad. Sin ellos, la democracia no funciona, aunque sin mucho esfuerzo creamos en el espejismo de que, efectivamente, estamos informados.


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Tratamiento informativo de los atentados de París: el espectáculo de la violencia real

Lun, 19/01/2015 - 17:33

Ha pasado ya un tiempo suficiente para poder hacer una reflexión más serena sobre el tratamiento mediático de los atentados yihadistas de París. Al impacto causado en toda la opinión pública por estos hechos contribuyó, en un primer momento, la difusión de las crudas imágenes en las que uno de los terroristas remata en la calle a un policía que yacía herido en el suelo, a quemarropa y con una frialdad pasmosa.

La reproducción de estas imágenes recorrió internet y los informativos de prácticamente todas las televisiones en los primeros minutos del asalto a la revista satírica Charlie Hebdo objeto del primer atentado. Y como sucesión lógica, al poco tiempo y a fuerza de ver esa secuencia tan impactante en nuestras pantallas una y otra vez, se suscitó un debate público sobre la idoneidad o no de emitirlas.

Los defensores de su emisión aluden a la utilidad de esta escena cruel para hacernos una idea más fiel de lo ocurrido en la sede de la revista, de la frialdad de los autores de la matanza, de –al fin y al cabo- el valor de esta secuencia para explicar mejor unos hechos que, tan solo en lenguaje escrito y oral, ya son de por sí lo suficientemente explícitos: dos hombres fuertemente armados matan a tiros y a sangre fría a 12 personas en la sede de una publicación satírica.

En cambio, los detractores de su emisión advierten de los perjuicios que causa en una sociedad de masas la espectacularización de la violencia por parte de los medios de comunicación. Entre ellos la banalización de esa misma violencia y la espectacularización de la información, que se acaba convirtiendo en un entretenimiento efectista sin más aspiración que conseguir altos índices de audiencia, por encima del deber periodístico de informar a la población.

Lo cierto es que su emisión en bucle en casi todos los programas informativos, telediarios y magacines, a cualquier hora del día y sin una previa advertencia a la audiencia fue habitual en los primeros días. Una dinámica que nos mostraba unas escenas más propias de una película bélica o de un videojuego que, sin embargo, estaban ocurriendo en las calles de París con personas reales, con nombres, apellidos, familias, amigos…

Esa avidez de los medios por imágenes espectaculares para narrar hechos, para aportar más información ha sido satisfecha con la llegada de más material: por ejemplo, la misma secuencia del tiro de gracia al policía desde otro ángulo, o el asalto policial al supermercado judío, en el que puede apreciarse perfectamente como la policía abate a tiros al secuestrador, y las víctimas comienzan a escapar corriendo hacia la calle.

Cabe preguntarse si esas imágenes aportan un contenido valioso a la información y la respuesta no es unánime, porque es indiscutible el valor de las mismas como documento audiovisual.

Las investigaciones de los teóricos de la Comunicación revelan que la exposición de una persona –cuanto más joven, sobre todo- a contenidos violentos en los medios audiovisuales produce efectos perversos que pueden ser de tres tipos: la insensbilización hacia la violencia, el contagio de la violencia como forma de resolver conflictos y, por último, el miedo al mundo que le rodea, al que percibe como altamente violento.

Precisamente en Francia, unos meses antes de que ocurrieran estos hechos, el Consejo Audiovisual de este país puso en marcha una campaña dirigida a los padres y madres para que no dejaran pasar sin más los contenidos violentos e inapropiados que llegan a sus hijos e hijas a través de los medios de comunicación audiovisual, televisión e internet. Una campaña que busca implicar a los adultos para que les expliquen que las relaciones entre las personas no son tan violentas o agresivas como muestran algunos programas de la televisión. Esta campaña consta de dos anuncios, cuyo lema dice “Las imágenes violentas deben evitarse, si no, hay que hablar. Frente a las pantallas, seamos vigilantes”.


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